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    Alexander Aliojin, el ajedrecista derrotado sólo por la guerra

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    Alexander Aliojin (1892–1946) era un gran ajedrecista, el cuarto campeón del mundo, el único rey del ajedrez de toda la Historia que murió en posesión del título. El 31 de octubre de 2012 se cumplieron 120 años desde su nacimiento.

    Alexander Aliojin (1892–1946) era un gran ajedrecista, el cuarto campeón del mundo, el único rey del ajedrez de toda la Historia que murió en posesión del título. El 31 de octubre de 2012 se cumplieron 120 años desde su nacimiento.

    Aliojin era un ajedrecista genial y un hombre de destino extraordinario y dramático. Durante los años de la Guerra Civil, la Checa (la policía secreta) lo arrestó en dos ocasiones por una denuncia falsa y sólo de milagro no fue fusilado. Trabajó como traductor en la Internacional Comunista y como juez de instrucción, se aficionó al cine y estuvo a punto de convertirse en actor.

    Ya en los años 20 del siglo XX, el nombre de Alexander Aliojin figuró entre los de los pretendientes a la corona y después de abandonar la URSS en 1921 empezó a ganar un torneo tras otro. En 1927, al triunfar contra José Raúl Capablanca, recibió el título del campeón mundial. Jugó en total circo partidas por la corona: tras la victoria contra Capablanca en dos ocasiones se impuso a Efim Bogoliúbov. En 1935 perdió contra Max Euwe, pero en 1937 se tomó la revancha. Acabada la Segunda Guerra Mundial se tomó una decisión positiva sobre la partida entre Aliojin y Mijaíl Botvínnik, pero el primero falleció antes de participar en ella. En total, de los 112 enfrentamientos ajedrecísticos de su vida Aliojin salió victorioso de 81. Hablaba seis lenguas y fue autor de muchos libros brillantes.

    ¿En qué puedo servirle, señor?

    Aliojin tenía una memoria fenomenal, lo que confirma una curiosa situación ocurrida en 1919, cuando trabajaba en un estudio cinematográfico. En el vestíbulo entró un hombre y preguntó por alguno de los profesores:

    ¿El qué puedo servirle, señor? Le preguntó Aliojin, llamándole por su nombre. ¿Acaso nos conocemos? se extrañó el otro. Hace cuatro meses, le explicó Aliojin, encargó usted en la farmacia una medicina para su hija Ana que tenía dolor de garganta. Yo estaba haciendo la cola y oí por casualidad su conversación con el farmacéutico.

    El hombre quedó atónito…

    Llevaba usted entonces unos lentes con montura de carey. Se sacó del bolsillo lateral una cartera gris de piel de cocodrilo y extrajo…, prosiguió Aliojin, pero no pudo acabar, porque el asustado visitante salió disparado a la calle para no volver nunca más.

    Al trabajar el futuro campeón del mundo en otro sitio, como juez de instrucción en la Dirección General de la Policía (había estudiado la carrera de derecho), muchos de los investigados no las tenían todas consigo, debido a su increíble memoria. He aquí otra anécdota: un día Aliojin oyó la conversación de uno de los agentes con el detenido que se identificó como Iván Tíjonovich Bodrov.

     -¿Cómo ha dicho que se apellida?, intervino Aliojin.

     -Bodrov, contestó el otro. ¿Por qué?

     -Porque no es Bodrov, sino Orlov y no se llama Iván Tíjonovich, sino Iván Timoféevich.

     -¡Qué va! No crea que me podrá engañar con tanta facilidad.

     -Hace un par de años en la oficina de reclutamiento donde le vi, dijo llamarse Iván Timoféevich Orlov, le contestó Aliojin. Llevaba colgado del cuello en una cadena de metal blanco un crucifijo dorado y cerca había un pequeño lunar.

    El criminal quedó perplejo. Al desabrocharle el agente la camisa, todos pudieron ver el pequeño crucifijo y el lunar. En breve se supo que tenía antecedentes penales y había escapado de un centro penitenciario.

    Un hombre que era puro nervio

    De los datos que nos facilitan las descripciones de las partidas de Alexander Aliojin, se va formando la siguiente imagen del ajedrecista:

    Es puro nervio, la expresión de la cara de este hombre alto y esbelto cambia constantemente, hace movimientos impulsivos con las manos, se alisa el pelo claro con reflejos pelirrojos o coge instantáneamente las figuras que ya no están sobre el tablero. Todo refleja una intensísima labor mental que va, veloz como un rayo, en busca de nuevas soluciones.

    Después de cada movimiento se levanta bruscamente y su elegante figura empieza a recorrer las distancias entre las mesas, mientras que su atenta mirada capta la distribución de las piezas. Si el rival con alguna exitosa maniobra ha conseguido acorralar alguna pieza suya, se vuelve iracundo e impaciente, le saca de quicio el más leve ruido, sus ojos claros escrutan sin disimulo al rival y una sonrisa de triunfo se instala en sus labios, al encontrar una buena solución.

    La mesa en la que juega Aliojin siempre está rodeada de espectadores…

    Tantas familias

    No es ningún secreto que los hombres que han conseguido hacerse una carrera brillante, sea del tipo que sea, se lo deben en gran medida a sus esposas. Las parejas de los reyes de ajedrez son un importante factor en las biografías de los ilustres ajedrecistas y Alexander Aliojin no es ninguna excepción. Aliojin también en eso batió todos los récords: solo él de todos los campeones estuvo casado cinco veces (y no siempre de manera oficial). Su primera mujer era la pintora rusa baronesa Anna von Serguewin, que en 1920 dio a luz a la hija de ambos, Valentina. La vida común no duró más que unos meses y en 1921 Anna y la niña se fueron a vivir a Austria. Los detalles de su vida posterior se desconocen.

    Mientras tanto, el mismo año 1920 Aliojin se casó en Moscú con la viuda Alexandra Batáeva que le llevaba 13 años y era funcionaria. La familia vivía en pobreza y el matrimonio se disolvió al año.

    En aquellos momentos Aliojin trabajaba como traductor en la Internacional Comunista y conoció a la periodista suiza Anna Rüegg que había venido a la capital por razones de trabajo. Aunque la atractiva y enérgica mujer era 13 años mayor que Alexander, en 1921 la pareja se casó. Dos meses más tarde abandonaron la Unión Soviética y se instalaron en París.

    En 1921, Anna dio a luz al bebé, al que llamaron también Alexander. Sin embargo, en el extranjero la vida matrimonial empezó a empeorar: la mujer dedicaba su tiempo a la labor social y no a la familia. Al viajar a Estados Unidos para darle buena educación a su hijo, fue arrestada por su participación en una acción pacifista y obligada a abandonar el territorio estadounidense. En 1926 los cónyuges se separaron y en 1934 Anna murió. El niño de 13 años pasó al cargo de unos conocidos. Aliojin enviaba dinero para su mantenimiento, pero le veía poco, cuando visitaba Suiza.

    El ajedrecista necesitaba a una mujer que le organizara la vida cotidiana. En 1924 conoció a Nadezhda Fabrítskaya, viuda de un general ruso, y se enamoró de ella. Un año más tarde empezaron a vivir juntos. Nadezhda procedía de una familia muy rica, se vestía con elegancia y tenía debilidad por las joyas. Era ocho años mayor que su marido, tenía un carácter afable y supo crear para el futuro campeón mundial de ajedrez todas las condiciones para una vida tranquila. Estuvo al lado de su marido en el momento más importante de su carrera, la partida contra José Raúl Capablanca.

    En 1932, durante un viaje Aliojin se enamoró de la rica estadounidense Grace Wishar, viuda de un oficial británico y dueño de una plantación de té en Ceilán. Era una mujer muy educada y culta y además jugaba bastante bien al ajedrez. Aliojin dejó a Nadezhda para vivir con su nueva pareja. Sufrió por la separación, pero la pasión que lo dominaba era más fuerte. Nadezhda no pudo superar el abandono y pronto murió.

    Gace fue la quinta y la última mujer de Alexander Aliojin. La boda se celebró en la Riviera Francesa: el novio no había cumplido los 42 años y la novia tenía 58. Durante la ceremonia Grace parecía todavía mayor y las malas lenguas tenían muchos motivos para deleitarse. Aliojin llamaba a su mujer “mami”. Posiblemente, estaba afectado por falta de amor materno en la infancia y buscaba en las mujeres el calor de la madre y el cariño, más que la belleza y la pasión.

    Wishar tenía bastantes recursos económicos que había heredado de su difunto marido y por primera vez desde que se fue de Moscú Aliojin pudo vivir con desahogo. Desgraciadamente, esta familia tampoco lo hizo feliz. En vez de luchar contra la afición de su marido al alcohol, Grace con gusto se tomaba con él algunas copas. Además, Grace insistía en que Alexander viviera constantemente en su lujoso palacio en las afueras de París y estaba en contra de su deseo de volver a Moscú para jugar una partida con Mijaíl Botvínnik. En realidad, eran dos personas muy distintas.

    No obstante, Aliojin no traicionó a Grace: el inicio de la Segunda Guerra Mundial los sorprendió en Buenos Aires en la olimpíada de ajedrez. Muchos ajedrecistas europeos optaron por no volver y esperar a que todo se calmara. Pero Alexander y Grace subieron a bordo de un barco y volvieron a Europa. En 1940 viajaron a Portugal, adonde le habían invitado a Alexander, y después volvieron otra vez a París.

    Pasaron cerca de un año en Polonia y Checoslovaquia y en 1943 se dispusieron a ir a Madrid por invitación de la Federación Española de Ajedrez. La Gestapo, que tenía media Europa bajo su control, no le permitió a Grace viajar con su marido y ella tuvo que volver a París, que estaba ya bajo la ocupación nazi. Hasta el final de sus días Alexander no volvió a verla. En más de una ocasión intentó tramitar para ella un visado español, pero sin resultado aparente. Siendo ciudadana estadounidense y además judía, Grace podría someterse en Francia a represiones y para evitarlo Aliojin aceptó participar en partidas que organizaban los ocupantes.

    Un campeón no vencido en vida

    En 1945, Alexander Aliojin se instaló en la pequeña ciudad portuguesa de Estoril, situada cerca de Lisboa. Estaba enfermo y languidecía a ojos vista, sus honorarios no le llegaban para seguir adelante. A veces se sentía en un callejón sin salida y entonces a su ayuda acudía inevitablemente el alcohol.

    La guerra acabó. Aliojin soñaba con reunirse con Grace, pero no recibía noticias algunas de Francia. Algunos de sus compañeros escribieron Wishar una carta llena de desesperación diciendo “la situación de su marido se ha vuelto inaguantable, está enfermo y sin medios de vida…”.

    Pasaban las semanas y no recibía ningún mensaje de Grace. Los médicos le diagnosticaron a Aliojin cirrosis avanzada. Tenía que dejar inmediatamente la bebida, pero le faltaba fuerza de voluntad. El último golpe vino de París: Grace le informó de que estaba dispuesta a romper con él. Alexander Aliojin murió en 1946 sentado al tablero, sin haber llegado, al igual que su antecesor José Raúl Capablanca, a los 54 años de edad. Existe la versión de que fue envenenado, pero no profundicemos mejor en este tema. Al campeón imbatido se le dio sepultura en Estoril.

    La Federación de Ajedrez de la Unión Soviética propuso trasladar los restos mortales de Alexander Aliojin de Portugal a Moscú. Su hijo no tenía nada en contra, pero la caprichosa viuda descartaba tajantemente esta posibilidad. Durante la reunión de la Federación Internacional de Ajedrez en París en otoño de 1955, cuando había de tomarse la decisión final, Grace Wishar apareció por sorpresa en la sala y exigió que los restos mortales de su marido se enviaran a Francia, donde había pasado una considerable parte de su vida y donde ella misma viviría el resto de sus días. No tenía sentido discutir, de modo que la urna con las cenizas del gran ajedrecista fue enterrada en el cementerio de Montparnasse.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

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