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    La libertad de una de las Pussy Riot demuestra que los hechos pesan más que las consignas

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    Proceso contra las Pussy Riot (70)
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    El Juzgado de Moscú suavizó la condena a la participante del grupo de música Punk, Pussy Riot, Ekaterina Samutsévitch, sustituyéndola por la libertad condicional.

    El Juzgado de Moscú suavizó la condena a la participante del grupo de música Punk, Pussy Riot, Ekaterina Samutsévitch, sustituyéndola por la libertad condicional.

    La joven fue puesta en libertad directamente en la sala de audiencias. Sin embargo, la sentencia dictada a las otras dos participantes del grupo quedó sin modificaciones: dos años de prisión.

    ¿Cuál es la razón por la que liberaron a Samutsévich? Tiene fundamento legal: ni siquiera había conseguido sacar su guitarra de la funda para cometer los actos por los que se procesa a las Pussy Riot. Este hecho era conocido desde el principio y constaba en los protocolos del proceso celebrado en el Juzgado municipal Jamóvnicheski, pero la abogada anterior de Ekaterina no hizo hincapié en este detalle, mientras que los nuevos abogados de la joven basaron en él su recurso, estimado por el tribunal de la correspondiente instancia.

    La gente se pregunta hoy, comentando la puesta en libertad de Ekaterina Samutsévich, si es justo dictar una condena, aunque sea condicional, a una persona que no está involucrada en la comisión del delito. ¿No debería el tribunal de Moscú devolver el caso al tribunal del distrito Jamóvnicheski, para que absolviera a Ekaterina? Los abogados de la joven aseguran que intentarán conseguirlo.

    La decisión tomada respecto a Ekaterina Samutsévich no solo tiene explicaciones de carácter procesal. Habrá quienes digan que salió de la cárcel porque con su solicitud de reemplazo de abogados se distanció de sus compañeras.

    No sabemos si siguió el consejo de alguien para asegurarse una condena menos severa o fue una decisión personal guiada por pura lógica. El resultado final es: a Samutsévich la pusieron en libertad porque a ojos del tribunal su culpa era menor que de las otras dos participantes del grupo.

    ¿Qué evaluación de lo sucedido ofrecen quienes no ven más que víctimas en las Pussy Riot? En los primeros comentarios en las redes sociales, en los foros y en las opiniones emitidas por los defensores de los derechos humanos se insiste en que la puesta en libertad de Ekaterina no es sino una concesión, aunque poco significativa, por parte de las autoridades. También se acusa al poder de intentar sembrar discordia entre las jóvenes con métodos “poco decentes”. Los partidarios de las Pussy Riot descartan tajantemente la posibilidad de que Samutsévich haya optado por la traición.

    ¿Y los adversarios del grupo? Su visión es completamente contraria y en general algo malévola. Vaticinan la crisis de la “marca Pussy Riot”. El destino de una joven separada del grupo no le interesa a nadie, la opinión común es que el papel concedido a la acción del grupo se está tambaleando.

    ¿Cuál podría ser la reacción de Occidente? La respuesta es bastante predecible: las fuentes oficiales no harán ninguna declaración al respecto y, en caso de que se les solicite explícitamente su opinión, dirán con frases poco precisas que en el caso de Ekaterina se están observando cambios positivos.

    Las estrellas de la música pop que se mostraron sinceramente preocupadas por el destino de las Pussy Riot, apenas reaccionarán ni se pondrán una camiseta con el nombre de Ekaterina escrito en la espalda, dado que su apellido es demasiado complicado para esta gente. Las organizaciones pro derechos humanos mostrarán una sopesada satisfacción por el hecho en cuestión, pero subrayarán que esperan la absolución completa de las tres jóvenes.

    Entonces, ¿cuál es la señal que da a la sociedad la puesta en libertad de Ekaterina Samutsévich? La más evidente va dirigida a la comunidad de los abogados: hay que meterse menos en la política y cumplir mejor las obligaciones profesionales.

    Es muy posible que la oposición vea en esta medida la intención de las autoridades de seguir de aplicando el método de provocar discordias. Algo como “siempre sabremos encontrar el punto débil, porque cada uno sin falta lo tiene”.

    Una enorme cantidad de personas indiferentes o leales podría llegar a la conclusión de que el poder no es tan vengativo y sacar en claro que en caso de surgir problemas merece la pena apelar directamente a los hechos reales y no a las consignas. Y, al revés, si uno se empeña en cuestionar la objetividad y la imparcialidad del poder, es capaz de acabar en un apuro.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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