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    El infierno carcelario de Georgia es un arma de doble filo para Saakashvili

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    Contra todo pronóstico, el escándalo de las torturas en las cárceles que sacudió Georgia una semana y media antes de las elecciones parlamentarias no dividió el país.

    Contra todo pronóstico, el escándalo de las torturas en las cárceles que sacudió Georgia una semana y media antes de las elecciones parlamentarias no dividió el país.

    Lo más probable es que quienes planearon esta maniobra preelectoral ni siquiera sospechaban que el pueblo se vería más unido tras mostrarse imágenes poco aconsejables para personas sensibles y niños.

    Todo empezó al aparecer en la página del Ministerio del Interior de Georgia las grabaciones de las torturas de presos hechos con cámara oculta en la cárcel de Gldani en las afueras de la capital georgiana.

    La publicación del resto de las imágenes era inaceptable por razones éticas, señalaron fuentes del ministerio. Sin embargo, la misma tarde dos cadenas de televisión controladas por la oposición desvelaron el contenido completo.

    El país se enteró de cómo en el centro penitenciario de Gldani el personal golpeaba a los presos y cometía actos de violencia sexual con porras y palos de escoba. Todo revela el carácter cotidiano de estas acciones, a las que parece estar acostumbrado el personal y que no sorprenden a los reclusos.

    Las imágenes se mezclaban con las opiniones de expertos y defensores de los derechos humanos y luego todo se repetía: palizas en el pasillo, palizas en la habitación; otro recluso, esta vez sin pantalones…

    El país entero cerró, horrorizado, los ojos para no ver aquello. Quedaba una semana y media para las elecciones parlamentarias…

    Un escándalo mal confeccionado

    Sin embargo, representantes de todas las tendencias reconocen que desde el punto de vista político esta historia representa un escándalo mal confeccionado. A nadie le sorprende que las grabaciones hechas en 2011 se hayan guardado hasta hace poco, cuando el momento parece idóneo para su difusión. Resultó que estaba al tanto de su existencia un número de personas considerablemente superior a las necesarias para grabar las imágenes en cuestión y ello tampoco le sorprendió a nadie.

    Nadie se muestra escéptico ya ante las declaraciones del Ministerio del Interior de que la operación estaba dirigida por un tal Tamaz Tamazashvili, amigo de la principal figura de la oposición georgiana, Bidzina Ivanishvili. Tamazashvili está cumpliendo condena en la prisión de Gldani. Pero incluso en este caso, nada cambiará en la situación.

    Surge la pregunta de cómo Vanó Merabishvili, el todopoderoso primer ministro y hasta hace algunos días ministro del Interior y mano derecha del presidente Saakashvili, pudo no haberse enterado de este golpe tan directo y tan fuerte. A nadie le sorprenden las suposiciones de que podría estar jugando a dos bandas y ayudando a Ivanishvili para asegurarse así un futuro en caso de su llegada al poder.

    Lo importante es que el país se enteró y se horrorizó, sin sorprenderse al mismo tiempo de nada porque no había novedad alguna en las imágenes.

    ¿Quién compadecerá a las autoridades georgianas?

    Todo el mundo estaba al tanto de que las prisiones georgianas son un infierno. Lo son desde mucho antes de la presidencia de Mijail Saakashvili, que en su momento ocupó el puesto de ministro de Justicia. A todos les pareció lógico que por los hechos grabados fuera responsabilizado el actual titular de la cartera del Interior, Bacho Ajalaya, dado que desde hace tiempo es considerado la viva imagen de un verdugo, una aureola está vez sí forjada durante la presidencia de Saakashvili.

    Tampoco es ningún secreto que las cárceles rusas o de cualquier Estado del espacio postsoviético son no menos infernales que las georgianas. Sin embargo el pueblo de Georgia, y más en la presidencia de Saakashvili, ha aprendido a no compararse con nadie.

    Por otra parte, ya en la época soviética Georgia era conocida, además de por su vino y la corrupción que literalmente campaba a sus anchas, por sus autoridades criminales. La lucha contra ellas, junto con la guerra contra los sobornos en la policía de tráfico y con la reforma administrativa, se convirtió en uno de los símbolos de la época de Mijail Saakashvili.

    “Sabemos que todas las autoridades criminales han abandonado el territorio del país, entre otras cosas porque incluso con su elevado estatus en el mundo del delito tenían miedo de acabar en alguna de nuestras cárceles”, recuerda una periodista georgiana. “Nos gustó que Saakashvili acabara con las autoridades criminales y no nos preguntamos cuál era el precio de esta victoria”, continúa.

    Una reforma siempre conlleva algo de crueldad, sobre todo si es una reforma radical. Y las reformas suaves, según demuestran las experiencias postsoviéticas, han probado su ineficacia. No obstante, surge un problema, superado en Europa del Este pero persistente en Georgia: la reforma, al igual que el poder, tiende a excederse en sus potestades.

    Por esta precisa razón conviven en un reformador con total libertad el héroe y el déspota y tan difícil es escoger los colores correctos para pintar su retrato.

    El nuevo poder georgiano está intentando sacar al país de su característico estancamiento y se da cuenta de que el dolor causado por este proceso nunca le será perdonado. De modo que no merece la pena, opina, gastar el tiempo en tonterías humanitarias y con los defensores de los derechos humanos, que a lo largo de la última década se han dedicado a llamar su atención sobre el estado desastroso de las cárceles, las rebeliones de los reclusos y a la necesidad de tomar algunas medidas.

    El exceso de las potestades parece irremediable, porque la oposición ya ha sido suprimida por el poder. Las autoridades reconocen que han cometido un error, un error sistémico. Pero ¿Habrá quienes se muestren comprensivas con las autoridades y se compadezcan de ellas?

    La prisión de Gldani como símbolo de la década

    El Servicio Sociológico de Georgia todavía no ha intentado medir el efecto preelectoral de la noticia. En realidad, antes de que se hicieran públicas las grabaciones sus expertos tampoco estaban muy seguros de que el partido oficialista ganara en las elecciones con la facilidad de antaño.

    “De acuerdo con nuestros datos, en el Parlamento de la próxima convocatoria estarán representados tres partidos nacionalistas, el Sueño georgiano de Ivanishvili y los demócrata- cristiano, sin que ninguno goce de una mayoría amplia”, se señala.

    Eso era antes y ahora la situación podría cambiar, viéndose el poder actual en un apuro.

    A aquellos que cayeron víctimas de la reforma, en realidad, no les importa que haya sido a causa de la escasa utilidad de uno en su puesto o por razones políticas: en los mítines contra el presidente Saakashvili se manifiestan juntos los intelectuales de creencias liberales, los policías despedidos y los desempleados.

    Sin embargo, muchos no se dejan cegar por el odio, reconociendo lo mucho que se ha conseguido en estos años y lo doloroso que sería perderlo. Muy doloroso sería, precisamente por el alto precio que se tuvo que pagar por los avances. Este era el principal argumento de las autoridades y la oposición no tuvo nada que replicar. En cambio se sospechaba que serían incapaces de retener los éxitos.

    Posiblemente, los autores de la idea de grabar y mostrar las torturas en la prisión de Gldani se plantearon el objetivo de causar un ‘shock’ a la población que, repitamos, no se sorprendió pero sí quedo paralizada. De esta forma durante algunos días lo conseguido por el régimen de Saakashvili quedó a la sombra de los terribles acontecimientos que tuvieron lugar en el centro penitenciario. Y la pregunta es, ¿no encontraron las autoridades tiempo para erradicar el problema de los malos tratos respecto a los reclusos o no tuvieron ganas de hacerlo? Porque si las autoridades criminales han abandonado el país, por algo será.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

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