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    Los piratas del golfo de Guinea compiten con los somalíes

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    Un total de 24 marineros, entre ellos 23 ciudadanos de Rusia, han permanecido desde el miércoles 29 de agosto en calidad de rehenes a bordo del petrolero griego 'Energy Centurion', secuestrado por piratas en el golfo de Guinea.

    Un total de 24 marineros, entre ellos 23 ciudadanos de Rusia, han permanecido desde el miércoles 29 de agosto en calidad de rehenes a bordo del petrolero griego 'Energy Centurion', secuestrado por piratas en el golfo de Guinea.

    Parece que el objetivo de los secuestradores se limitaba a hacerse con la parte de su carga, 50.000 toneladas de gasóleo y gasolina, para revenderla en el mercado negro. Finalmente la tripulación ha sido liberada tras robar los piratas parte de la mercancía.

    El golfo de Guinea, situado en la costa centro-oeste del África, se va convirtiendo en un gran foco de la piratería marítima. Pero no es el único lugar del planeta donde el antiguo oficio de corsarios goza de mucha popularidad. La lista de tales lideran el estrecho de Malaca en el sudeste de Asia y, por supuesto, las regiones costeras del Cuerno de África, controladas por los piratas somalíes.

    Un oficio poco romántico

    Los piratas modernos perdieron por completo el nimbo del romanticismo que rodeaba a sus antecesores, como Henry Morgan en el siglo XVII. Ahora los ataques corsarios se llevan a cabo con herramientas primitivas.

    Si se trata de los ataques cerca de la costa, basta con lanchas de motor para abordar el buque elegido por objetivo. En el océano se utilizan las mismas lanchas pero desde alguna especie de base flotante que puede ser un carguero, posiblemente de los capturados anteriormente, que dan vueltas cerca de las rutas marítimas comerciales buscando víctimas.

    Los tripulantes de las lanchas suelen ir pertrechados con armas automáticas, aunque los grupos más serios disponen también de ametralladoras. Los tristemente famosos piratas somalíes, a juzgar por las fotografías y vídeos, prefieren el lanzagranadas antitanque portátil de origen soviético RPG-7, ampliamente extendido en el continente africano.

    Si la tripulación del buque atacado no consigue resistir, si a bordo de la nave no se encuentra ningún guardia armado, sea oficial o extraoficial, el final es siempre el mismo: los piratas suben al buque, lo llevan al sitio seguro y roban todo lo que puedan, desde la carga hasta los efectos personales de los marineros. A veces toman rehenes entre los últimos para pedir el rescate.

    Así de simple, aburrido y poco romántico.

    Motivos diferentes

    Si los métodos de los piratas del siglo XXI son más o menos iguales, sus motivos y objetivos se diferencian en distintas regiones del planeta.

    Por ejemplo, el estrecho de Malaca es un foco de piratería desde tiempos remotos. Allí los atracos a los buques comerciales son un privilegio de las uniones criminales, una empresa criminal pura y dura. El lugar es más que propicio tanto para los robos como para el florecimiento de las estructuras mafiosas que los organizan.

    El golfo de Guinea, escenario del secuestro del 'Energy Centurion' (que es por cierto el segundo ataque pirata a buques tripulados por marineros rusos que se registra en la última quincena), es un lugar muy distinto. Los piratas de aquí suelen proceder de diferentes movimientos militares y paramilitares como múltiples frentes de liberación nacional que anteriormente se sostenían cobrando tributos a la población civil de cierto territorio.

    La debilidad del gobierno central, combinada con los conflictos étnicos y religiosos (especialmente, en Nigeria), empuja a estos grupos a buscar otras fuentes de ingresos más caudalosas y menos peligrosas, como puede ser la piratería.

    Además de capturar los barcos, los piratas guineanos de vez en cuando secuestran a los empleados de las petroleras occidentales que trabajan en Nigeria para pedir rescate.

    La piratería en Somalia, aunque más correcto sería llamarla “piratería en el Cuerno de África” o “piratería en el océano Indico”, es un caso aparte. Representa una amenaza para el transporte marítimo internacional desde la guerra civil iniciada en aquel país a principios de los noventa. En el año 2010 la zona operativa de los piratas somalíes se extendió hasta Omán en el norte, Zanzíbar en el sur y casi alcanzó el archipiélago de las Maldivas en el este. Tan solo una vigilancia constante de las fuerzas navales internacionales y las medidas de seguridad extremas en los barcos mercantes consiguieron detener su extensión.

    Si en el Estrecho de Malaca los que atracan los buques extranjeros son los grupos criminales y en el golfo de Guinea son los antiguos insurgentes que se convirtieron en los grupos criminales, en Somalia la piratería llegó a ser una parte importante de la economía nacional.

    La desintegración del país en varios estados que no son reconocidos por la ONU pone restricciones al comercio e inversiones legales en estos territorios. Es fácil tolerar la existencia de estados no reconocidos en el Cuerno de África. Algo más difícil es desentenderse de la existencia de varios millones de personas que habitan la región y necesitan comer cada día. El resultado de esta situación está en las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo en los últimos cinco años.

    ... y ganancias diferentes

    Las ganancias y las formas de obtenerlas también de diferencian según la zona. El estrecho de Malaca es realmente estrecho y las “operaciones” allí tienen que realizarse muy rápido. Por lo tanto, los piratas se limitan a vaciar la caja de caudales del barco y a veces llevarse a unos rehenes para pedir el rescate.

    En el golfo de Guinea en cambio suelen robar la carga de los buques. En este sentido el reciente secuestro del petrolero griego es ilustrativo: retiran el buque de las rutas marítimas, roban parte de la carga y lo abandonan. El combustible lo revenden en los puertos africanos dónde está mal visto hacer preguntas de más. Parece que en el caso del 'Energy Centurion' se trata de este 'modelo' de trabajo.

    Los somalíes solucionan con la piratería los problemas de financiación de su inhóspita tierra y, por lo tanto, piensan de forma más global: piden rescate por el barco completo, con su carga y la tripulación. Sus ganancias también son mayores.

    En la 'época dorada' de la piratería somalí una operación podía dar hasta seis millones de dólares siendo su coste de medio millón de dólares. Aunque tras el inicio de la operación naval internacional los riesgos de los corsarios aumentaron, estos son los gajes del oficio.

    El rescate se entregaba a personas de confianza de los líderes de las comunidades somalíes en Europa y América del Sur para luego ser enviado a los destinatarios mediante sistemas de transferencia informal de fondos, tipo Hawala.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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