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    La tragedia en la región de Krasnodar puede fortalecer el régimen de mano dura en Rusia

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    Inundaciones en el sur de Rusia (34)
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    La epopeya de las inundaciones en la ciudad de Krimsk (región de Krasnodar, sur de Rusia) se aproxima a su fin.

    La epopeya de las inundaciones en la ciudad de Krimsk (región de Krasnodar, sur de Rusia) se aproxima a su fin.

    Los muertos fueron enterrados. Las labores de limpieza y desescombro casi han finalizado.

    Los niños, sus madres, los ancianos y todos los demás que decidieron restablecer sus fuerzas en sanatorios ubicados en la costa del mar se fueron a descansar. Los restantes habitantes de Krimsk están alimentados, vestidos y calzados. El volumen de la ayuda humanitaria es suficiente, si no excesivo.

    Se pagan las indemnizaciones a todos los damnificados por la catástrofe natural. Los documentos perdidos se restablecen en plazos cortos. Los que quedaron sin hogar y desearon mudarse están eligiendo nuevos pisos en otras ciudades de la región de Krasnodar.

    Se evalúan los daños ocasionados bajo el control de la Cámara Pública de Rusia. Los saqueadores fueron detenidos, se logró prevenir el pánico. En calidad de ayuda extraordinaria, Natalia Vodianova, una de las modelos más ricas del planeta, llegó a Krimsk procedente de Gran Bretaña para crear una zona de atención a niños en el parque principal de la ciudad.

    Solo un evento queda por celebrarse en el futuro: el proceso judicial contra los responsables de la tragedia. Y es inevitable. El presidente ruso, Vladímir Putin, prometió castigar a los funcionarios culpables en su mensaje dirigido a los habitantes de las zonas afectadas de la región de Krasnodar. El pasado 22 de julio, el Comité de Instrucción ruso anunció que varios funcionarios de la región de Krasnodar habían sido detenidos por acusaciones de negligencia que provocó las pérdidas humanas.

     Desde el naufragio del submarino 'Kursk' hasta la tragedia en Krimsk

    Es evidente que varios habitantes de Krimsk quedarán insatisfechos con algo y se quejarán de la injusticia. Pero estas personas no podrán cambiar la opinión pública sobre la liquidación exitosa de las consecuencias del desastre natural.

    Como en las últimas elecciones a la Duma de Estado (cámara baja del parlamento ruso), se admitió que se cometieron varias infracciones, pero estas eran insuficientes para ejercer influencia en los resultados de la votación.

    La tragedia en Krimsk se convirtió en una de las situaciones de emergencia de importancia federal que el presidente Putin gestionó personalmente.

    Sería inútil cuestionar esta creciente habilidad del mandatario ruso. Hay una brecha enorme entre su declaración ambigua “Se hundió” hecha al inicio de su primer mandato presidencial respecto al submarino nuclear K-141 'Kursk' (aquel que, con 118 tripulantes a bordo, naufragó en agosto de 2000 en el mar de Barents) y el control seguro de la situación en Krimsk después de que ocupara el sillón presidencial por tercera vez.

    El presidente ruso aprendió a controlar tanto los desastres naturales como los sociales e incluso económicos. Recordemos por ejemplo la prevención exitosa de disturbios en Moscú en diciembre de 2010 después de la muerte de un hincha del club de fútbol del Spartak de Moscú, Yegor Svirídov, en un enfrentamiento con ciudadanos rusos oriundos del Cáucaso Norte y las acciones de protesta que desencadenó esta muerte.

    Además, en junio de 2009, Vladímir Putin, que en aquella época ocupaba el puesto de primer ministro de Rusia, seguía de cerca la evolución de la protesta laboral en la localidad de Pikaliovo. Los manifestantes exigieron el pago de sueldos atrasados y la reapertura de empresas que eran clave para la supervivencia de su ciudad.

    Es difícil imaginar cómo habrían podido desarrollarse los acontecimientos en Krimsk si Putin no hubiera intervenido en la situación prácticamente de inmediato tras el siniestro.

    Presidentes muy distintos

    Se puede comparar las inundaciones en Krimsk con las que tuvieron lugar en Nueva Orleans en 2005.

    En ambos casos la tragedia sucedió por un desastre natural: unas lluvias torrenciales en la región de Krasnodar y el huracán Katrina que devastó la ciudad estadounidense. La diferencia consiste en que en Nueva Orleans había un sistema de alerta a la población y un 80% de los habitantes de la ciudad lograron abandonarla antes de que fuera inundada.

    Pero la liquidación de las consecuencias del siniestro en Rusia y EEUU fue principalmente distinta. Los líderes de ambos países tomaron bajo su control las operaciones de rescate. El entonces presidente de EEUU, George W. Bush, interrumpió sus vacaciones y encabezó un grupo interdepartamentalista para neutralizar las consecuencias del huracán.

    El mandatario ruso, Vladímir Putin, no creó grupos ni comisiones especiales, sino que simplemente empezó a dirigir el proceso.

    Putin llegó al lugar de la tragedia unas doce horas después del inicio de las inundaciones, visitó la ciudad y la sobrevoló en helicóptero. George W. Bush no se dirigió de inmediato a Nueva Orleans, sino que fue a Washington y durante cuatro días estuvo allí. Solo al quinto día el presidente de EEUU sobrevoló la zona de desastre en helicóptero y visitó la ciudad.

    Ambos líderes volvieron a visitar las ciudades inundadas. Durante las primeras tres semanas después del huracán Bush tuvo que ir cuatro veces a Nueva Orleans. Sin embargo, después de su segunda visita, durante un concierto para las víctimas de Katrina transmitido en vivo por la cadena NBC el músico rapero más celebre entre los afroamericanos en aquel momento, Kanye West, acusó al presidente de indiferencia hacia los ciudadanos pobres de raza negra.

    A Putin le fue suficiente visitar a Krimsk solo dos veces y anunciar que vendría por tercera vez para esperar en la cola la indemnización junto con los habitantes de la ciudad.

    Y ni siquiera los representantes de la oposición más implacable se atrevieron a acusarle de indiferencia hacia los habitantes de Krimsk.

    La tragedia redujo un 4% el nivel de aceptación del presidente Bush

    El presidente estadounidense no intervino en el trabajo de las autoridades locales y servicios públicos ni amenazó con responsabilidad penal y administrativa a sus dirigentes.

    Es más, pasadas dos semanas tras el inicio de las inundaciones, Bush asumió la responsabilidad por los errores del Gobierno cometidos durante la liquidación de las consecuencias del siniestro, al reconocer que el huracán Katrina sacó a la luz pública serios problemas en la actividad de las autoridades de EEUU a todos los niveles.

    Esto quería decir que se debe corregir el trabajo de las autoridades para evitar la repetición de los mismos errores en el futuro. Todas las subdivisiones del aparato estatal funcionaron en régimen reglamentario, tomando decisiones independientes en función de lo que era necesario hacer en un momento dado.

    Por ejemplo, el Ministerio de Defensa de EEUU decidió formar independientemente un mando especial militar para coordinar operaciones de rescate y mantener el orden en la ciudad, al introducir allí 7.500 de efectivos de la Guardia Nacional.

    Cuando se dispuso a examinar la situación, el jefe de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias, Michael Brown, presentó la dimisión. Michael Chertoff, secretario de Seguridad Nacional de EEUU, reconoció ante el Comité de Seguridad Interior y Asuntos de Gobierno del Senado de EEUU que su departamento había cometido muchos errores.

    Chertoff logró mantenerse en su puesto hasta el fin del mandato presidencial de George W. Bush, aunque salió a la luz pública que sus empleados se vieron involucrados en malversación de fondos después de la tragedia, al presentar cuentas por las habitaciones de hoteles con precios exagerados y al manipular las solicitudes de ayuda financiera de los damnificados.

    Dos auditorías llevadas a cabo por el Servicio del Gobierno de Rendición de Cuentas y por el Departamento de la Seguridad Nacional revelaron que 900.000 de los 2,5 millones de solicitudes de ayuda financiera que se transfería a las tarjetas bancarias en el monto de 2.000 dólares por persona fueron duplicadas o contenían datos personales falsos.

    Se despidió a 60 agentes de policía de Nueva Orleans que abandonaron la zona del desastre sin recibir el respectivo permiso y el propio jefe de la Policía municipal presentó la dimisión al cabo de un mes.

    Por su lado, el presidente ruso examinó detenidamente la cuestión desde el inicio y en reiteradas ocasiones advirtió a los dirigentes de las organizaciones públicas a varios niveles que tenían la responsabilidad personal por lo ocurrido.

    A mediados de julio, Putin dirigió un mensaje a los habitantes de las zonas afectadas de la región de Krasnodar para informarles sobre las medidas adicionales tomadas para ayudarles.

    Como resultado, en su caso el nivel de aceptación del presidente estadounidense disminuyó tras los acontecimientos anunciados del 42% al 38%, y entre la población afroamericana cayó hasta el nivel récord de un 2%. Y en el período del 8 al 15 de julio, el índice de popularidad de Putin creció un 5%, según los datos del Centro ruso de Estudio de la Opinión Pública (VTSIOM), o un 2%, según otro centro sociológico, FOM.

    La pérdida de cuatro puntos porcentuales por Bush en aquella época tuvo mucha importancia, porque la popularidad del entonces mandatario estadounidense ya había empezado a disminuir debido a la guerra en Irak.

    Vladímir Putin asimismo está en una situación complicada y para él 2% o el 4% son de mucha importancia teniendo en cuenta la reducción paulatina de su nivel de aceptación desde las elecciones presidenciales celebradas en marzo pasado.

    Mano dura

    Los ciudadanos de EEUU estaban indignados por el modo de participación de su presidente en el proceso de liquidación de las consecuencias de las inundaciones en Nueva Orleans. Los rusos, al contrario, apoyaron las acciones de su mandatario.

    Y los estadounidenses posiblemente no habrían acusado a Bush de infringir las normas democráticas si este se hubiera atrevido a tomar un control sobre la situación al estilo de Putin. Es posible que esto les hubiera gustado. A la gente siempre le alegran las novedades.

    En Rusia, las medidas de control riguroso se aplican con frecuencia. Los líderes que están dispuestos a asumirlo gozan de respeto.

    ¿Cómo se puede calificar el modelo de gestión de situaciones de emergencia? ¿Es posible que en Rusia se utilice otro?

    El director del Centro de Ingeniería Política, Igor Bunin, cree que con el sistema político establecido en Rusia solo la mano dura es capaz de resolver problemas. "Durante la presidencia de Dmitri Medvédev el sistema ha cambiado un poco, pero ahora se observa el regreso hacia el caudillismo plebiscitario. ¿Qué pasará si las inundaciones se producen en tres regiones del país a la vez? El caudillo no podrá dividirse en tres partes”, afirma el experto.

    Bunin descarta la posibilidad de un desarrollo del sistema institucional en un futuro previsible. "Hay solo dos caminos: una explosión desde abajo o un monarca ilustrado. Pero cuando ante un ser humano se plantee tal alternativa, suele elegir la tranquilidad”, agregó.

    El diácono Andrei Kuraev, una figura popular de la Iglesia Ortodoxa Rusa, tampoco considera posible que los cambios sean impulsados desde arriba, pero cree que estos cambios no deben producirse a raíz de una reacción espontánea a unas conmociones sino ser orientados hacia un objetivo especial.

    "Una persona no puede gestionarlo todo. Si un tirano ilustrado, como los que se imaginaban en el siglo XVIII, centrara su atención en un sector de la vida pública, por ejemplo en el sistema judicial, y lo controlara durante varios años, podría conseguir un resultado. Si lograra ponerlo en orden, educando conductas y hábitos elementales de los ciudadanos en el ámbito del Derecho, esto contribuiría al desarrollo democrático de la sociedad y la economía. Pero este déspota ilustrado debe aspirar a conseguirlo sin pensar en la continuidad dinástica”, destaca Kuraev. El diácono no sabe si tal déspota ilustrado aparecerá alguna vez en Rusia. "No soy profeta”, dijo.

    Vasili Abashkin, colaborador del Instituto de Estadística y Economía del Conocimiento de la Escuela Superior de Economía, es un hombre joven y optimista pero él también cree que Rusia no experimentará serios cambios durante los próximos cincuenta años.

    El régimen de mano dura reina en Rusia desde tiempos inmemoriales y seguirá en vigor durante muchos años más. Así lo consideran muchos expertos, por ejemplo el líder del Partido Liberal Democrático de Rusia, Vladímir Zhirinovski, que hace poco pronunció un discurso en la Escuela Superior de Economía.

    Existe también la opinión de que es necesario ir en la dirección liberal. Pero ahora no es el mejor momento para iniciar la liberalización. "Se debió hacerlo desde principios de los 2000, pero en aquella época todos quedaron hipnotizados por la estabilidad. Hoy el Estado sigue fiel a su rumbo hacia la estabilidad, pero los ciudadanos rusos ya están cansados de ella. Aunque teniendo en cuenta la situación económica actual a nivel global, no es el mejor momento para realizar cambios drásticos”, afirma Abashkin.

    Así las cosas, se puede hacer constar que la liquidación de las consecuencias de las inundaciones en Krimsk fue una etapa importante para perfeccionar el régimen de mano dura en Rusia. Y no existe una alternativa real a este en un futuro previsible.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

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