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    Europa prefiere considerar a Anders Breivik un enfermo mental

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    Proceso contra el “asesino de Oslo” Anders Breivik (56)
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    El pasado 22 de julio, se cumplió un año desde la tragedia que sacudió a toda Europa.

    El pasado 22 de julio, se cumplió un año desde la tragedia que sacudió a toda Europa.

    Un doble atentado cometido en Noruega, en la zona de oficinas gubernamentales de Oslo y en el campamento juvenil en la isla de Utoya, se cobró 77 vidas humanas.

    El autor de este atentado, el ultraderechista noruego Anders Behring Breivik, ha comparecido ante el tribunal y sigue oponiéndose a los intentos de las autoridades noruegas de clasificarlo como enfermo mental. En caso de que tengan éxito se podrá hacer constar que los europeos intentan dar la espalda ante un problema evidente: la amenaza de una nueva oleada del terrorismo tras la década de los setenta.

    Se prefiere reconocer que Breivik sufre un trastorno psicológico

    Los intentos de considerar a Anders Breivik un enfermo mental comenzaron casi de inmediato. El primer peritaje forense, realizado en otoño de 2011, dictaminó que Breivik padece una esquizofrenia paranoide, lo que le eximía de responsabilidad.

    Pero los abogados del terrorista calificaron de “falso” el primer informe psiquiátrico y, en la primavera de 2012, el Tribunal Distrital de Oslo ordenó nuevo examen cuyas conclusiones fueron distintas. Según la segunda evaluación psiquiátrica del asesino confeso, Anders Breivik, este se encontraba en plenitud de sus facultades mentales al cometer los crímenes y, por lo tanto, podría ser juzgado por terrorismo.

    La acusación rechazó estas conclusiones y en junio pasado pidió someter a Breivik a un tratamiento forzoso en una clínica psiquiátrica. El propio representante de la acusación mencionó que aunque no estaba seguro de que Breivik fuese enfermo mental, insistirá en esta versión.

    Es difícil defender a un asesino que mató a sangre fría a 77 personas, pero recordemos un chiste de la época soviética que dice que “solo un enfermo mental puede criticar al poder soviético”.

    ¿Qué puede hacer la Fiscalía si este sociópata sin sentimientos impactó en el punto débil de la Europa actual?

    Heredero de la Fracción del Ejército Rojo y las Brigadas Rojas

    En la historia del terrorismo europeo están inscritos los nombres de Andreas Baader, Ulrike Meinhof, Horst Mahler, Gudrun Ensslin. Estas personas encabezaban la Fracción del Ejército Rojo, la organización terrorista de izquierda radical de Alemania que empezó a actuar en 1968 y que perpetró asesinatos, saqueos y explosiones.

    En 1972, los líderes del grupo fueron capturados y encarcelados. Los miembros de esta organización terrorista se convirtieron en figuras totémicas. Los representantes más célebres de los círculos creativos europeos (como los escritores Jean-Paul Sartre, Günter Grass y Heinrich Böll, el cineasta Rainer Werner Fassbinder y otros) les defendían e intentaban entender los motivos de su actividad.

    Sus "hazañas" inspiraban a los terroristas de otros países. En la misma época aparecieron las Brigadas Rojas en Italia que consiguieron fama en 1978 al secuestrar y asesinar al primer ministro italiano, Aldo Moro.

    Después de que Ulrike Meinhof se suicidara de manera extraña en mayo de 1976, los herederos de la Fracción del Ejército Rojo que quedaron en libertad perpetraron en el período de julio a octubre de 1977 una serie de atentados terroristas conocidos como “otoño alemán”.

    Pero las exigencias de liberar a los líderes del grupo provocaron un triple suicidio aún más extraño de Baader, Ensslin y de su cómplice Jan-Carl Raspe, que tuvo lugar el 18 de octubre de 1977.

    Según muchos expertos, aquella historia es muy complicada. En general, las repentinas muertes de los involucrados en sonados escándalos políticos siempre suscitan dudas. Solo queda esperar que esta lista larga no sea completada con el nombre de Anders Breivik. Tal final de la historia trágica con muchas omisiones puede convertir al asesino de 77 personas en un ídolo. Y esta historia corresponde al terrorismo tradicional europeo de la segunda mitad del siglo XX, y en este sentido, Breivik ya es parte de este mito.

    Varios párrafos del manifiesto político de Breivik titulado ‘2083. Una declaración de independencia europea’, es muy similar al documento ‘La Sociedad Industrial y su Futuro’ (el llamado Manifiesto Unabomber), escrito en 1995 por el célebre terrorista estadounidense Theodore Kaczynski, más conocido como Unabomber.

    De 1978 a 1995, Kaczynski enviaba bombas por correo ordinario. Se formó en el ambiente del movimiento de protesta universitario de la década de los sesenta, en cierto sentido, fue cómplice de los miembros de la Fracción del Ejército Rojo y las Brigadas Rojas en su lucha despiadada contra la sociedad y el sistema industrial, aunque sus convicciones políticas y sociales eran un poco distintas.

    En vista de todo eso, es curioso analizar el regreso del terrorista noruego a los motivos del terrorismo europeo que se originó en 1968, provocado por la frustración y el desengaño sufridos por cambios que no se hicieron realidad y un oscurantismo creciente.

    Breivik, ultraderechista antimarxista e islamófobo, sigue esta tradición terrorista europea de extrema izquierda, y en este sentido, es la rama del mismo tronco capaz de lanzar un reto a las autoridades cuando estas pasan por alto graves problemas de forma pública.

    Existe un problema, pero carecen de vocablos para denominarlo

    Breivik no disimula que está luchando contra las autoridades que, según él, entregan a Europa a los emigrantes alejados de sus valores autóctonos, ante todo a los musulmanes. Es un asunto complicado, porque existe el problema de la integración de los inmigrantes en la sociedad europea, mientras que hasta hace poco no había un vocablo para manifestarlo. Solo los disparos de Breivik rompieron el silencio.

    Europa ya es incapaz de reconciliarse con la multitud de inmigrantes, representantes de culturas ajenas. Si en las condiciones del crecimiento económico este problema era solo de carácter psicológico, ahora se convierte asimismo en el problema financiero.

    Los países europeos azotados por la crisis económica y el déficit presupuestario deben pagar enormes prestaciones sociales a los inmigrantes y sus familias. Mientras, la tasa de desempleo entre los inmigrantes siempre ha sido muy alta y no se reduce. Esto provoca irritación de la población autóctona, que pregunta porqué sus impuestos que no son pocos se gastan de ese modo.

    El crecimiento económico suele apagar los ánimos xenófobos, pero en época de crisis, tanto los que recortan los gastos como los que aprietan los cinturones están dispuestos a echar la culpa a los “parásitos sociales provenientes de otros países”. 

    Una retórica rigurosa de las autoridades del Viejo Mundo dirigida hacia Grecia, que está al borde de la bancarrota, es en realidad una manifestación de problemas internos, lo que hasta hace poco fue un tema tabú.

    En caso de considerar a Breivik enfermo mental, sería más fácil atribuir a los radicales o hasta criminales toda la crítica de la política actual respecto a los inmigrantes.

    En Internet existe la llamada ley de Godwin que estipula que a medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a crecer.

    El problema de los inmigrantes en Europa puede provocar la aparición de una “ley de Breivik”, en virtud de la cual cualquier persona que cuestione la integración de los inmigrantes en la cultura tradicional del país de su residencia o insista en la reducción de las prestaciones sociales pagadas a estos se compararía con el terrorista noruego.

    Además, una reacción negativa de la población a la inactividad de los Gobiernos que es capaz hipotéticamente de conllevar un terrorismo ultraderechista dirigido contra los inmigrantes debe provocar la respuesta por parte de las comunidades étnicas. Por ejemplo, en su época en EEUU se fundó el grupo Panteras Negras, que se pronunció entre otras cosas por la posibilidad de aplicar la fuerza defendiendo los intereses de los habitantes de los barrios negros de las grandes ciudades industriales de Estados Unidos.

    De hecho, los primeros brotes del terrorismo ya aparecieron entre los inmigrantes que residen en Europa. En julio de 2005 los islamistas suicidas, que eran ciudadanos de Gran Bretaña provenientes de Pakistán, produjeron tres explosiones en el metro de Londres y una en un autobús a raíz de las cuales 52 personas murieron y más de 700 resultaron heridas.

    Es una reacción externa del terrorismo internacional a la postura de Gran Bretaña en la operación militar de EEUU en Irak y la “guerra contra el terrorismo”. Pero también puede librarse una guerra en las megalópolis por causas internas .

    Futuro incierto de la razón pura

    Los políticos europeos se verán obligados a resolver el problema anunciado, independientemente de que si hay un vocablo que lo denomine. En caso contrario, lo países europeos pueden convertirse en plataformas para la lucha entre los representantes radicales de la población autóctona y de las comunidades étnicas conformadas por los inmigrantes.

    El objetivo de esta lucha no será conseguir superioridad sino los argumentos de la razón pura que desde hace poco contradicen radicalmente al estado del tesoro público de los países europeos.

    Incluso los líderes de las principales locomotoras de la economía europea, la canciller de Alemania, Angela Merkel; el ex presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico, David Cameron, empezaron a criticar el fenómeno de multiculturalismo.

    No se podrá hacer más la vista gorda ante los hechos. La historia muestra que en la época de las crisis económicas las contradicciones sociales, étnicas y religiosas se agudizan y en reiteradas ocasiones los problemas más graves y reales quedan relegados a un segundo plano.

    A nivel global, tales infracciones del equilibrio social pasan factura.

    Nada ha cambiado. Los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen. Si un país no dispone de condiciones ventajosas para los empresarios o un nivel de seguridad superior al de sus rivales, afrontará problemas. Los “nuevos nómadas móviles”, que son locomotora del negocio intelectual, se trasladarán a nuevos prados.

    El dinero, así como los cuadros de la nueva economía, son capaces de elegir como refugio Nueva York o California en vez de Londres o Baviera. Europa pagará mucho más para devolverle que para retenerle.

    En realidad, no hay mucha elección: el fenómeno abstracto de multiculturalismo o el futuro de Europa como actor global capaz de desarrollarse a ritmos avanzados. Si este dilema no se resuelve de manera clara, nuevos terroristas no se harán esperar, independientemente de lo que esté escrito en el informe de su examen psiquiátrico.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

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