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    La huella rusa en el festival de teatro de Aviñón

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    La 66ª edición de Festival de Aviñón, que cerrará sus puertas al final de la semana que viene, dio comienzo este año con un espectáculo basado en la novela ‘El Maestro y Margarita’ de Mijail Bulgakov.

    La 66ª edición de Festival de Aviñón, que cerrará sus puertas al final de la semana que viene, dio comienzo este año con un espectáculo basado en la novela ‘El Maestro y Margarita’ de Mijail Bulgakov.

    Se trata de un montaje creado la pasada temporada por el director británico Simon McBurney para el teatro londinense Complicite, fundado por él mismo.

    En esta ocasión, en el programa principal del festival no ha entrado ningún espectáculo de los teatros rusos. A Aviñón, sin embargo, no se le puede acusar de algún tipo de prejuicio contra el teatro ruso. Este ha sido el lugar sin ir más lejos que ha servido para dar a conocer a la comunidad teatral europea algunos de los nombres más destacados de nuestra escena.

    Así, en una conversación privada, un productor francés comentaba que, en los últimos treinta años, Aviñón ha servido para descubrir dos nombres importantes provenientes de Rusia: en primer lugar Lev Dodin, y diecisiete años después el descubrimiento fue el teatro de Ekaterimburgo de Nikolai Koliada.

    En esta edición, sin embargo, sólo podemos encontrar una impronta de nuestro teatro en dos obras del teatro clásico ruso que sí que han entrado en la programación del festival: además de la mencionada ‘El Maestro y Margarita’, se puso en escena ‘La Gaviota’ de Chejov, interpretada por actores franceses bajo la dirección de Arthur Nauzyciel.

    Los directores del Festival de Aviñón, Hortense Archambault y Vincent Baudriller, invitaron en esta edición al mencionado Simon McBurney a ocupar el puesto de director artístico, por su versatilidad y sensibilidad hacia todas las formas artísticas y orígenes culturales. En los años 90 trajo a Moscú un espectáculo basado en la obra en prosa de Bruno Schulz ‘La calle de los cocodrilos’. En aquella ocasión Simon me contaba que, para el nombre de su teatro, decidió usar con toda intención la palabra francesa “complicite”, que significa complicidad.

    Simon decidió abrir las puertas a actores de distintas nacionalidades: españoles, franceses, alemanes, japoneses y, claro está, ingleses. Y se decidió también a llevar a escena textos literarios no pensados para el teatro. Llevó a las tablas por ejemplo espectáculos basados en las obras de Daniil Jarms. Recuerdo incluso cómo le llegué a dar un ejemplar de la revista Teatr dedicada por completo a este destacado miembro del grupo Oberiu. Y he aquí que, quince años después, Simon se ha decidido a llevar a escena a Bulgakov.

    Su hermano mayor, Gerald McBurney estudió en el Conservatorio de Moscú en los 80, habla perfectamente ruso y también ha participado en el Festival de Aviñón con un ciclo de música sacra para órgano en el que incluyó, entre otras obras de repertorio clásico, a Shostakovich y al compositor moderno ruso Dmitri Smirnov. Es más que probable que haya sido su hermano mayor el que haya descubierto a Simon las obras de Bulgakov y de Jarms.

    Hay que recordar que Simon se interesó por la obra de Bulgakov hace dos años, cuando creó un espectáculo operístico inspirado en el relato ‘Corazón de perro’, con música del compositor ruso Alexandr Raskatov. Y que tuvo un gran éxito.

    ‘El Maestro y Margarita’ fue representado en el Palacio de los Papas de Aviñón. En este lugar, las obras se representan al aire libre. Se espera a que se haga de noche y los espectáculos empiezan a las 22.00. La obra de McBurney tiene una duración de tres horas y media. El espacio abierto, la noche estrellada, los muros del palacio (que recuerdan más bien una fortaleza inexpugnable) dan a la escena y a la historia en ella representada un aire grandioso.

    En esta puesta en escena, los elementos líricos y filosóficos se superponen a los satíricos. Aunque la corte de Voland hace de las suyas desenmascarando a los moscovitas entre escenas del teatro de variedades, esta misma compañía es la que presencia luego el juicio final en el baile de Satanás. El gato Beguemot es, en esta obra, un muñeco enorme de tamaño casi humano con ojos rojos y una boca de gesto obsceno, manejado por esa corte de sátiros. Los asistentes a la sesión de magia son los propios espectadores, que acaban haciendo el papel de los moscovitas de la novela. La magia empieza a ganar en intensidad, hasta el momento en que la lluvia de billetes de la magia negra se transforma en una videoproyección de billetes blancos.

    El actor Angus Wright, que hace el papel de Fagot en la obra –y que, dicho sea de paso, estudió en la escuela de verano de Oleg Tabakov en Moscú en los 90- me comentó en un aparte que da igual en qué parte del mundo interprete ese papel, en cuanto llega abre su ordenador y busca algún lugar parecido a los estanques del Patriarca, donde transcurre en Moscú la novela de Bulgakov.

    En Inglaterra es lugar es Russell Square; en Aviñón es la plaza del Palacio de los Papas. Y, en cada ocasión, utiliza esos detalles en el espectáculo. Con pinta de patán, con una gorra de béisbol puesta al revés, el actor tiene un aire muy especial, se podría decir que en algo hasta recuerda a los tipos rusos.

    Quizá Angus se encontró en Moscú algún tipo con ese aspecto, como de un ruso de provincias, con su chándal paseándose por un mercadillo, comprando algo de comer en algún tenderete. Y sin embargo para Simon McBurney, por encima de las escenas satíricas, lo importante es poner el acento en la emocionante historia de amor del Maestro con Margarita, así como en el destino del escritor mismo. Estos dos temas aparecen unidos por un único sentimiento: el de compasión por los que sufren y por los torturados.

    El carácter trágico del amor parece ser el motivo central de la obra. Margarita (Sinéad Matthews), a pesar de su complexión minúscula, que recuerda a un pequeño pajarillo, tiene un temperamento tan ardiente que es capaz de llenar ella sola todo el enorme espacio del Palacio de los Papas. Su Margarita es presa de la pasión de su único y último amor.

    Como todo el mundo sabe, la novela ‘El Maestro y Margarita’ está construida como “una novela dentro de otra novela”. El Maestro está escribiendo una novela sobre Jesucristo. McBurney sin embargo no organiza su obra como un espectáculo dentro de otro espectáculo: y no obstante logra evocar, en la historia de los personajes principales, también el destino del autor mismo.

    Tanto Poncio Pilato (Cesar Sarachu) como el procurador romano (Tim McMullan) se hallan en relación con las figuras del generalísimo Stalin y de Voland, y estas a su vez con la figura de Jesús. “Soy parte de una fuerza que busca permanentemente el mal, pero que logra eternamente el bien”. Casi en el desenlace final, esto ocurre casi de  forma literal, cuando del cuerpo de Voland parece surgir la figura de Jesús. Y cuando Jesús abraza a Pilatos y los dos marchan juntos por un camino lleno de luz, podemos ver con nuestros propios ojos como culmina el acto del perdón último; y puede ser que, allí mismo, el propio Maestro perdonara a su verdugo.

    En este espectáculo el manuscrito no acaba quemado: lo termina  el Maestro Ivan Bezdomny (Richard Katz); el cual, repitiendo el destino del Maestro, llega al conocimiento de que existe Dios y existe el diablo. A este último le ha visto con sus propios ojos... En el manicomio, el poeta acaba la novela de quien ha merecido ya el descanso.

    En la recepción que fue organizada con motivo de la fiesta de la toma de la Bastilla al lado de los muros del Palacio de los Papas, muchos de los actores de la compañía de la Complicite manifestaron su disposición a llevar el espectáculo a Moscú. Nuestros productores al parecer ya están en conversaciones preliminares para que pueda haber una gira en 2014. Esperemos que esos planes se hagan realidad.


    * Olga Galájova es crítica teatral, directora de la revista Dom Aktiora (Casa del Actor)

     LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

     

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