14:09 GMT +323 Septiembre 2017
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    Krasnoyarsk

    Viaje a la ciudad cuya imagen aparece en el billete de diez rublos

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    Opinión & Análisis
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    Atrás han quedado Irkutsk y Tayshet. Los neumáticos empiezan a hacer sonar su melodía. Nos dirigimos a Krasnoyarsk por la carretera federal M53.

    Atrás han quedado Irkutsk y Tayshet. Los neumáticos empiezan a hacer sonar su melodía. Nos dirigimos a Krasnoyarsk por la carretera federal M53.

    Ya estamos en camino y los grandes billetes del tiempo se convierten lentamente en la calderilla de las horas y los minutos. Cruzamos otro huso horario. Ahora la diferencia con la capital rusa viene expresada así: MSK+4.

    Pasan a nuestro lado pueblos y aldeas. Sus nombres suenan familiares en ocasiones; y en ocasiones nos dibujan en el rostro una sonrisa, nos invitan a pensar en su etimología. El río Judenkaya, la estación Zima, los poblados Oblepija, Yesaúlovka, Kozulka… Qué se le va a hacer: la Historia es una dama caprichosa…

    La carretera federal ofrece al viajero pocas sorpresas. En algún punto el firme se hace de gravilla. Las estaciones de servicio y las cafeterías aparecen con cierta frecuencia y en ellas es posible comer decentemente por 150 ó 200 rublos.

    Lo único que obliga al viajero a prestar una atención constante es la conducción agresiva de los conductores. El desprecio por las normas de tráfico o la simple falta de educación con respecto a otros conductores es un problema con el que ya nos habíamos encontrado en Irkutsk.

    Teníamos previsto estar menos de un día en Krasnoyarsk, la ciudad bañada por el Yeniséi que se encuentra en la confluencia de la llanura siberiana occidental, de la meseta media siberiana y de los montes Sayanes. Recientemente, en abril de este año, la ciudad ha alcanzado el millón de habitantes. Y es verdad que, paseando por sus calles, uno se encuentra una gran cantidad de jóvenes y niños. No parece haber problemas demográficos aquí.

    Cruzamos el caudaloso Yeniséi por el famoso puente que todos conocemos por aparecer en los billetes de diez rublos y así dejamos atrás Siberia Oriental para internarnos en Siberia Occidental.

    Krasnoyarsk debe su crecimiento e importancia a la II Guerra Mundial, cuando acogió muchas de las fábricas e instituciones educativas evacuadas entonces. Pero hoy en día sigue creciendo, aunque de un modo alargado, ya que se halla como encajonada entre las montañas y el río.

    Frente a nosotros queda el complejo de ocio de Bobroby Log (el valle de los Castores). En invierno aquí hay abiertas 16 pistas de esquí. Pero en verano también está asegurada la diversión: hay dos telesillas, vías para bicicletas de montaña, la pista para trineos más grande de toda Asia y unas vistas impresionantes a la ciudad y la famosa reserva natural “Stolbi” (Pilares) de los Sayanes orientales.

    El telesilla número 1 sube a los turistas hasta un mirador situado a 517 metros sobre el nivel del mar. Como dicen los habitantes de Krasnoyarsk, los “Stolbi” son los pulmones y el alma de la ciudad. Los turoperadores locales ofrecen todo tipo de excursiones para los amantes del turismo activo: solo a pie o en excursiones combinadas en automóvil y a pie. Los alpinistas que acostumbran a practicar este deporte en el parque natural, están siempre dispuestos a mostrar a sus maestros y discípulos: el Abuelo, la Pluma, el Takmak, el Elefante, el Antebrazo, la Puertas de los Leones, la Capilla, la Señorona, etc. Con una superficie de casi 1.500 hectáreas, la zona de la reserva natural ofrece muchas posibilidades para los caminantes. Nosotros hicimos la promesa de volver allí, volver a pasear entre los pinos relictos y guardar como recuerdo aunque sea una pequeña piedra de los “Stolbi”.

    Krasnoyarsk es una ciudad con una gran vida estudiantil que no duerme de noche. El punto de reunión favorito de los jóvenes es la plaza situada enfrente del hotel central. Las fuentes con figuras que parecen bailar, la cercanía del río y la misma atmósfera de la ciudad hacen que la gente se reúna. Cerca del hotel, por cierto, se encuentra el museo regional, que es uno de los mejores museos de Historia y etnografía de toda Rusia.

    Krasnoyarsk es una ciudad tremendamente viva. Hay muchos edificios en construcción, muchos cafés, edificios universitarios y, como en seguida observaron nuestros compañeros masculinos, muchas chicas guapas. Cosas todas que deben mucho a la excelente situación geográfica de la ciudad.

    En resumen, la ciudad nos gustó. Nos gustó como en su momento le había gustado a Antón Chejov, que escribió: "Cuando llegas a Krasnoyarsk te da la impresión de que llegas a otro mundo. Sales del bosque hacia una llanura que recuerda mucho a nuestras estepas del Don, con la diferencia de que aquí es posible ver grandiosas crestas de montañas. (...) Krasnoyarsk es una ciudad hermosa, habitada por gente educada; comparada con ella, Tomsk produce una impresión de ciudad pretenciosa y de mal gusto. Las calles están limpias, empedradas, las casas son de piedra, las iglesias elegantes… No tendría ningún problema en quedarme a vivir en Krasnoyarsk. No acabo de entender por qué es uno de los sitios favoritos para enviar gente al destierro”.

     

     

     

     

     

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