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    Los gansos son estrellas del ‘ring’ en Kursk

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    El nevado estadio de la ciudad de Rylsk, en la provincia de Kursk (al sur de Rusia), está repleto. Sin embargo, la razón que empuja a la gente a pesar del mal tiempo, a reunirse en círculo en torno al centro del terreno de juego es difícil de adivinar para una persona ajena.

    El nevado estadio de la ciudad de Rylsk, en la provincia de Kursk (al sur de Rusia), está repleto.

    Sin embargo, la razón que empuja a la gente a pesar del mal tiempo, a reunirse en círculo en torno al centro del terreno de juego es difícil de adivinar para una persona ajena.

    Muy pocas personas saben que en este pueblo se celebran peleas de gansos cada año, una tradición más en Rusia.

    Lo cierto es que no es lugar para mujeres. Y no es que se prohíba su presencia, pero las escasas espectadoras suelen marcharse rápidamente aburridas o impactadas por la crueldad del espectáculo, aunque la aparición de la sangre en estas luchas sea muy rara y ningún animal muera. Los hombres, por su parte, pueden contemplar encandilados durante horas. Probablemente, porque los gansos plasman dentro del círculo unas disputas atávicas mucho más accesibles para la idiosincrasia masculina.

    Los menos dotados acaban en la sopa

    Las peleas de gansos de Rylsk no son las únicas, pero sí las más importantes de la región. A ellas asisten criadores de Kursk y de  comarcas vecinas. En esta ocasión, en las luchas tomaron parte 28 aves, mientras que el año anterior la cantidad fue superior y rondó las 50. Andrei Beloúsov, uno de los organizadores del evento,  cuenta que esta tradición nació hace cientos de años en Pavlov, un lugar cercano a la ciudad de Nizhni Novgorod (a orillas del Volga).

    En la región de Kursk, las peleas de gansos comenzaron hace alrededor de veinte años y ganaron adeptos con rapidez. Desde entonces y cada año, a finales del invierno los criadores se reúnen en diferentes pueblos para determinar cuál es el ganso más fuerte. Durante las competiciones se suelen pactar transacciones de compra y venta de los mejores ejemplares, que son razas especialmente seleccionadas para la pelea y no gansos normales.

    Lo más importante en los gansos de Kursk es su temperamento, su resistencia, su crueldad y deseo de vencer. No se vigilan sus características físicas exteriores, como en los de Nizhni Novgorod. Son ejemplares poco habituales ya que, de cada diez pollos, según los criadores, solo sale un luchador. Algunos gansos, aunque no hayan destacado en las peleas, si tienen un buen pedigrí y pueden ser empleados como sementales. El destino de los últimos clasificados en las competiciones no es envidiable: el plato de sus dueños.

    El amor siempre es el acicate

    A pesar del estatus masculino de estas reuniones, el principal acicate de los gansos para enzarzarse es su deseo por el sexo contrario.  Por este motivo, las peleas se celebran en febrero y marzo, cuando comienza su época de celo y los machos reaccionan violentamente a cualquier intento de acercarse a sus parejas.  Al campo de lucha, los gansos salen acompañados de sus grupos de gansas.

    Para ponerse violentos, algunos ejemplares solo necesitan de la presencia de una gansa, otros requieren de dos o tres. Cuando los grupos se encuentran, los gansos comienzan a inquietarse ante la posibilidad de que su rival pueda llevarse a su pareja y empiezan a pelearse. En la lucha solo participan los machos. Las hembras sólo graznan, emiten sonidos y agitan las alas, animando a su paladín.
    Los jueces vigilan que se observen las reglas de las competiciones que, en su mayoría, están inspiradas por la madre naturaleza. El objetivo de cada ganso es provocar dolor a su contrincante, cogiéndolo por las alas y hacer que se retire del combate. Los golpes en la cabeza o en las patas están prohibidos y se consideran puntos negativos en la pelea. Si un ganso los ejecuta en tres ocasiones, ha perdido. Si un animal se retira del campo de lucha, también ha perdido. La duración de los asaltos es variable: desde 5  a 50 minutos.

    “No hay un criterio establecido sobre la duración de las pelas. Se valora sobre todo la resistencia de los animales y la belleza del combate. Según estos parámetros, de entre todos los vencedores se elige al campeón, al que llevó a cabo la mejor y más bonita pelea”, apunto Beloúsov.

    El orgullo de los criadores es el principal premio ya que en estas competiciones no hay apuestas y las sumas dedicadas a los vencedores son muy pequeñas: entre 30 y 60 euros.

    “No queremos introducir las apuestas para no desvirtuar la competición. Aquí solo se viene por el amor a esta actividad”.

    Victorias de Antón y de Andrei

    Junto con los gansos a la pelea también salen sus dueños, pero ellos, a diferencia de sus aves, pocas veces dan rienda a suelta a sus emociones. Durante las luchas, la mayoría de los criadores se limitan a seguir la evolución de los combates, permitiéndose tímidas exclamaciones de ánimo. No está bien visto expresar alegría o tristeza públicamente, aunque la procesión va por dentro.

    “El gusanillo de participar en las peleas de gansos te entra al observar cómo luchan las aves”, comenta Alexander, vecino de la comarca de Kórenev, y criador desde hace once años.

    Antes de cada combate, Alexander alimenta a sus gansos con pan y les habla. “Hay que entender y dar cariño a los animales”, explica.

    Andrei Beloúsov añade que entiende que es difícil de explicar la pasión por la crianza de gansos de pelea a la gente que no tiene relación directa con estos animales: “Los criadores de gansos probablemente disfrutan con sus animales de igual manera que otros lo hacen con canarios o peces de acuario. Evidentemente es imposible explicar la razón por la cual yo pasaba las horas muertas observando a estos animales cuando era niño. Me fascinaba ver cómo los gansos se comunicaban con las gansas… Supongo que lo sencillo es decir que me gustaba y ya está. Como creo que le ocurría a casi todos los aficionados a estas peleas”.

    Andrei Beloúsov es hijo de una familia de criadores de gansos. Con casi veinte años de experiencia, tiene unos doce machos de pelea. Muchos de ellos han sido varias veces ganadores en diversas competiciones, hasta el punto que vencer a un ganso de Beloúsov se considera un honor en la región de Kursk.  En esta ocasión, su rival no lo conseguirá. La pelea del ganso Antón, de dos años, al que Beloúsov puso nombre en honor a la persona a la que fue adquirido, dura sólo cinco minutos. El contrincante de Antón se retira del campo de lucha y Andrei recibe las felicitaciones.

    La noche anterior Andrei había tenido un buen sueño y eso fue una señal que apuntaba a la victoria de su pupilo. “Cuando me acosté, pensé que si mi sueño era positivo, llevaría para la pelea a mi ganso de dos años. Yo soy cazador y soñé que alguien me tendía una carabina y me decía: ¡dispara! En resumen, decidí llevarme a Antón. No me equivoqué”.

    Las sutiles relaciones entre gansos

    Antón, como la mayoría de los gansos, se pelea por su gansa, que él ha elegido de entre las demás. Según Beloúsov, hay gansos polígamos y los hay que pasan su vida con una sola pareja. “Cuando un macho elige a su hembra no se separa de ella y antes del combate sus ojos no reflejan ningún miedo. Normalmente con el macho viven dos o tres gansas, pero los de un solo amor, solo cubren a las otras durante el periodo de celo en primavera. El resto del año estas hembras permanecen apartadas”.

    Los dueños de los animales localizan las preferencias amorosas de los gansos porque de ellas depende el éxito en el campo de batalla. “Un macho nunca luchará por una hembra que no le gusta. A veces esperas un buen resultado y el ganso no da el rendimiento habitual porque sencillamente la gansa no es de su agrado”, apunta Beloúsov, añadiendo que los criadores intentan mantener unidas a las parejas de gansos enamorados.

    De las hembras dependen muchas cosas en los combates. Solo ellas pueden motivar a sus gansos y elevar el deseo de lucha y de victoria. Además, la gansa es responsable del 70 % de los genes de su descendencia. “Por esta razón también las eligen con gran cuidado”.

    Las condiciones de crianza de estos gansos no difieren mucho de las de los normales. Para que estén fuertes y sanos, necesitan mucha agua y libertad de acción en el prado. La única ventaja frente a los gansos para carne es que alcanzan la vejez y mueren de muerte natural con mucha más frecuencia que ellos.

    “Un criador no es capaz de cortarle la cabeza a un ganso de pelea. Muchos de mis conocidos tienen aves que viven doce y catorce años. Hasta los diez participan en los combates, después se dedican a  pasearse orgullosos como los amos del prado. Son una especie de talismán: si están en el corral, siempre habrá gansos en él”, cuenta Beloúsov.

    Los gansos campeones son conocidos y aclamados por todos los aficionados a estas competiciones. Se habla de ellos con admiración y respeto, destacando su fuerza y su resistencia en la pelea, características de mucho valor, y no solo entre estas aves.

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