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    Putin avanza con el lema de Medvédev ‘Rusia, adelante’

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    El documento más representativo del tándem gobernante Putin-Medvédev es el artículo publicado recientemente en la prensa rusa por el candidato a la presidencia y actual primer ministro, Vladímir Putin.

    El documento más representativo del tándem gobernante Putin-Medvédev es el artículo publicado recientemente en la prensa rusa por el candidato a la presidencia y actual primer ministro, Vladímir Putin.

    Al menos desde la publicación del artículo del presidente actual ‘Rusia, adelante’ en 2009. Cada uno de los dos textos ilustra la ideología del tándem a su manera, pero pese a todas las diferencias tienen una ideología común. El hito que separa estos dos documentos son las elecciones parlamentarias del 2011 y las protestas que siguieron en diciembre. Entonces quedó claro que hacían falta explicaciones.

    El viejo relato que establecía que Rusia está levantándose y que sólo los enemigos o los envidiosos quieren criticar este proceso ya no tiene validez.  El primer ministro decidió dar explicaciones, al igual que lo hizo el presidente Medvédev en 2009. Pero los documentos resultan totalmente diferentes.

    Las diferencias empiezan por las fuentes de los medios de comunicación que han elegido los dos políticos. El periódico Gazeta.ru, elegido por Medvédev, es una cabecera relativamente joven que ya estaba de moda en 2009 publicando noticias, opiniones y comentarios que reflejaban las visiones de la parte de la clase media rusa mas cercana al liberalismo. El periódico escogido por Putin, Izvestia, goza de una fama de medio liberal propio de los últimos años de la época soviética y con una reputación impecable, aunque hoy refleja la postura de la parte más conservadora de la clase media de Rusia.

    El medio escogido determina el estilo del documento. El artículo de Putin se caracteriza por una defensa bien argumentada del sistema económico y político creado por el autor. Putin propone al país una transición paulatina hacia un régimen más democrático basado en el lento proceso de formación de la clase media, sobre la que se apoyará la estabilidad y democracia. La democracia de Putin se puede calificarla como económica: primero se crea una mayoría social estable y luego ésta realizará sus demandas en diferentes direcciones.

    El enfoque de Medvédev es más dinámico, orientado a la generación joven. En su artículo de 2009, Medvédev no liga la democracia al futuro sino que promete a la generación actual “partidos parlamentarios que se alternarán en el poder periódicamente”.

    “Los partidos y sus coaliciones van a formar los órganos federales y regionales del poder ejecutivo y no al revés, además de postular a sus candidatos para la presidencia así como a los gobernadores de las regiones y los responsables de la gestión local”, escribió Medvédev. Pero la realidad resultó más complicada: formalmente, el papel de los partidos ha pasado a ser más relevante pero su dependencia de las autoridades persiste.

    También es interesante la diferencia en la imagen del enemigo. Cualquier política debe tener un adversario, de lo contrario los textos carecen de un eje: aunque es agradable proclamar ideales positivos, no atrae tanta atención.

    Los enemigos de la política de Putin son la próxima crisis mundial, “las fuerzas destructivas” en las regiones convulsionadas del planeta, apoyadas por alguna razón por los Estados que están intentando exportar la democracia con ayuda de fuerza. Los enemigos dentro del país son las élites irresponsables que en vez del desarrollo coherente están promoviendo la revolución.

    Medvédev apenas habla de enemigos externos (el presidente evita demonizar Occidente o Oriente). Los enemigos internos, a su ver, son los funcionarios y empresarios que se aprovechan de sus relaciones con aquéllos. Medvédev escribió: “Nos van a impedir que realicemos nuestro trabajo. Los grupos de influencia de funcionarios corruptos y los empresarios que en realidad no emprenden nada. Ya están bien acomodados. Tienen de todo. Están contentos con todo. Están dispuestos a recibir ganancias de los restos de la industria soviética y a dilapidar los recursos naturales que pertenecen a todos nosotros. No crean nada de nuevo, no quieren desarrollo, lo temen. Pero el futuro no les pertenece a ellos. Pertenece a nosotros. Somos la mayoría absoluta”.

    Pero, ¿somos la mayoría de verdad? La modernización no siempre es para bien, o al menos no para todos. En 2011 el propio presidente reconoció que la época actual ha visto un genocidio de profesiones: las innovaciones han provocado la desaparición de ciertos tipos de empleo, antes necesarios.

    Putin en su artículo abarca esta cuestión desde una óptica más práctica. En el próximo decenio el país debe crear ofertas de empleo para diez u once millones de jóvenes, de los cuales ocho o nueve tendrán educación superior. Actualmente el mercado de trabajo cuenta con no menos de cinco millones de descontentos con su remuneración, sus perspectivas o el carácter de su trabajo.

    De ahí que haya que crear 15 millones de nuevos empleos. Si añadimos los diez millones de los que trabajan en industria -arcaica, peligrosa a veces y hasta nociva para el medio ambiente- resulta que hacen falta 25 millones de ofertas de empleo… 

    Es cierto que Medvédev criticó la situación existente con mucha más intensidad que Putin en su reciente artículo: por algo quería realizar reformas el actual presidente.

    Muchos acusan a Putin de no concluir su artículo, de no presentar una agenda clara y definida. Pero el conservadurismo ilustrado no admite claridad. Probablemente, por eso el largo artículo de Putin deja la impresión de una conversación por terminar, una charla que el primer ministro promete continuar en el futuro.

    El artículo de Medvédev en el lejano 2009 fue al revés, claro y completo. Tuvo una muy buena percepción tanto por Occidente como por parte de la oposición rusa, que vio en el mensaje del presidente una promesa de un campo abierto para todos los jugadores políticos. Sin embargo, un campo político absolutamente libre de obstáculos es una utopía, ya que lo preparan no unas máquinas sino organismos biológicos tan imperfectos como somos. La democracia requiere no sólo de unas instituciones, sino también de unas personas que correspondan de manera tolerante, bien formadas, capaces de escuchar a su interlocutor.

    A propósito, Putin comenta este importante problema del factor humano del elector en su artículo, donde critica a los funcionarios por ser negligentes hacia la sociedad y a ésta por el escepticismo hacia los que se proponen ayudarle. También es pertinente decirlo. No puede existir una democracia sin demócratas. Y los demócratas no nacen de la nada, ni siquiera de las reformas más innovadoras: hay que formarlos.

    El lema de Medvédev, ‘¡Rusia, adelante!’, sigue vigente. Pero, bajo condiciones nuevas, ha obtenido nuevos matices.   

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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