02:37 GMT +318 Diciembre 2017
En directo
    Fiodor Lukiánov

    El fin de la era postsoviética, un pilar del programa de Putin

    © Sputnik/
    Opinión & Análisis
    URL corto
    0 0 0

    El período post soviético ha terminado y ya es hora de cambiar de rumbo. Es la idea central del artículo publicado esta semana por el primer ministro ruso, Vladímir Putin, en su página oficial como candidato a la presidencia, putin2012.ru.

    El período post soviético ha terminado y ya es hora de cambiar de rumbo.

    Es la idea central del artículo publicado esta semana por el primer ministro ruso, Vladímir Putin, en su página oficial como candidato a la presidencia, putin2012.ru.

    Lo cierto es que el jefe de Gobierno ruso no revela en qué dirección debe encaminarse Rusia, pero lo importante es que Putin resalta que la desintegración de la URSS ya no puede ser el punto de referencia para el futuro del país. Ahora la agenda debe ser totalmente diferente.
    Las evocaciones de la Unión Soviética y las comparaciones con el Estado perdido han sido características de la conciencia pública y política rusa de los últimos 20 años, aunque la actitud hacia el pasado y el presente ha ido cambiando. Todo empezó con los lemas anticomunistas de los inicios de los noventa, cuando la repugnancia hacia todo lo soviético sirvió para legitimar al nuevo poder. Pero esta tendencia no duró mucho: los fracasos y las dificultades experimentadas en el curso de la consolidación democrática acarrearon un descontento entre la población que desembocó en nostalgia.

    El Estado intentó  aprovecharse de ello también, minimizando el dolor en lo posible y volviendo con este fin a la simbología y estética soviética. Las autoridades se pusieron a utilizar elementos soviéticos enérgicamente desde el año 2000 estimulando de vez en cuando la nostalgia por lo perdido para distraer la atención de lo que estaba ocurriendo. El nuevo poder, para confirmar su estatus legal, mostraba que tenía que ver con el glorioso pasado del país. 

    La esencia de las referencias a la época soviética se puede ver con más claridad analizando la política exterior post soviética. Desde los noventa hasta 2010 todas las actuaciones de Rusia en el escenario internacional fueron emprendidas con el objetivo de demostrar a los socios que la desintegración de la URSS no suponía su desaparición como líder internacional. En diferentes periodos se aplicaron para ello distintos métodos, pero el objetivo nunca cambió. Se puede decir que se logró, al menos dentro de lo posible y necesario: nunca  nadie propuso restablecer una superpotencia de nivel de la Unión Soviética. En todo caso, el punto culminante después del colapso lo alcanzó Rusia precisamente a finales de los 2010, tanto en el sentido económico como en el político.

    La esencia del siguiente periodo consiste en dejar de apelar a la era soviética. El potencial tecnológico soviético está agotado, lo comprueba un gran número de catástrofes tecnológicas. La experiencia soviética de solución de problemas, aunque hubiera sido oportuna en algunos casos, es inaplicable bajo circunstancias contemporáneas. Ya no quedan huellas de la política soviética exterior: la primavera árabe está eliminando los últimos regímenes que, por inercia, se consideran socios de Rusia en la región. En definitiva, la base ideológica soviética ya no puede contribuir al progreso de Rusia.

    La opinión de Putin es importante, pero también es necesario que la propia cúpula dirigente rusa cambie de rumbo y deje de apelar a la URSS. Sin embargo, el propio Vladimir Putin lo hace constantemente en sus intervenciones y observaciones, dando la impresión de que la vuelta al modelo anterior sería de su agrado. Claro que ninguno de los dirigentes rusos se lo propone, ya que todos entienden que es imposible. Pero el lenguaje soviético o pro soviético sigue en uso por no haber otro. Las autoridades rusas siguen creyendo que aprovechando la imagen de la superpotencia perdida hacen sus propuestas más convincentes. Un claro ejemplo de ello es la Unión Euroasiática, propuesta por Putin.

    En realidad, se trata de un intento, el primero en serio, de estructurar la integración utilizando una base cualitativamente nueva: interactuar en el ámbito económico de manera mutuamente ventajosa para todos los participantes del proceso. Un ejemplo similar es la integración europea en su forma original. Sin embargo, hablando de los pros del proyecto, Putin  apela a la unidad económica de hace unos decenios, creando la ilusión de que se trata casi de recuperar la URSS. Esto preocupa a sus socios y asusta al resto del mundo. Por eso la nueva época que ha sustituido a la post soviética tiene como objetivo principal el de encontrar argumentos de cara al futuro y no al pasado.

    Está claro que es imposible e innecesario borrar el pasado. Pero ha llegado la hora en la que la historia tiene que dejar de ser un instrumento político habitual para ser un objeto de estudio imparcial. El abuso de todo lo soviético es dañino para la elite rusa contemporánea porque, independientemente de su visión de aquel entonces, llegó al poder exclusivamente gracias a la caída de la URSS y la correspondiente  renovación de cuadros políticos. Estimular la nostalgia de un gran Estado perdido mina la legitimidad de la cúpula rusa, que también es responsable de la desintegración de la URSS (fue la opción de los demócratas rusos de los finales de los 1980) y de lo que Rusia ha cosechado desde entonces. Sería más oportuno contribuir al optimismo histórico en vez de irritar las heridas. Vladímir Putin ha dado el primer paso, ahora le toca empezar a crear la imagen del futuro deseado.

     

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

    * Fiódor Lukiánov, es director de la revista “Rusia en la política global”, una prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la política exterior de Rusia y el desarrollo global. Es autor de comentarios sobre temas internacionales de actualidad y colabora con varios medios noticiosos de Estados Unidos, Europa y China. Es miembro del Consejo de Política Exterior y Defensa y del Consejo Presidencial de Derechos Humanos y Sociedad Civil de Rusia. Lukiánov se graduó en la Universidad Estatal de Moscú.

     

    Una guerra psicológica en torno a Irán

    La primavera árabe como el reflejo del desarrollo mundial

    Causas y consecuencias de las actuales polémicas entre Rusia y EEUU

    Europa echará de menos a los líderes como Vaclav Havel

    Los cambios en la UE pueden beneficiar a Rusia

    El círculo vicioso de la nostalgia por la URSS

    La DAM es obstáculo en las relaciones entre Rusia y EEUU

    Recuperación psicológica de Rusia tras la guerra en el Cáucaso del 2008

    Rusia y Europa, amigos por interés

    El Nord Stream y la política asiática

    El ingreso de Rusia en la OMC simbolizará el fin de la época post soviética

    Libia después de Gadafi: un abismo de dudas

    Ucrania: como lo imposible resulta posible

    Kíev apuesta a todo o nada

    El nuevo enemigo que puede destruir la Europa común

    La oportunidad que nunca existió

    El silencio de China

    Rusia toma la iniciativa para resolver el problema coreano

    EEUU siempre quiso debilitar a la URSS, pero nunca contó con su total desaparición

    Los políticos de Ucrania siempre quieren matar dos pájaros con un solo tiro

    Un mal augurio

    El peligro de la irresponsabilidad

    ¿Cuánto podrá durar el status quo entre Armenia y Azerbaiyán?

    El complot de las incertidumbres

    Los condicionantes de la política exterior de Rusia en el último año y medio

    20 años de la tragedia balcánica

    El éxito de la OCS radica en los esfuerzos por buscar el equilibrio

    Epílogo al frustrado sistema de defensa antimisil ruso-estadounidense

    El resultado de las elecciones presidenciales no afectará el destino de Rusia

    Georgia pisa terreno movedizo al abordar el tema del genocidio

    Europa tras el escándalo de Strauss-Kahn

    El círculo vicioso en torno a Pakistán

    Osama Bin Laden no fue más que un episodio histórico

    La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva empieza su transformación

    La euforia de las revoluciones árabes se esfuma

    Las fantasías sobre la influencia de BRICS se hacen realidad

    Los estados postsoviéticos deben revisar el pasado para construir el futuro

    El pacifismo de Alemania se convierte en un problema

    Las dos posturas de Rusia en relación al asunto en Libia

    En búsqueda de sentido común

    Joe Biden viene a Moscú para sondear cuestiones acuciantes

    En su primer año, Yanukóvich logró estabilizar Ucrania

    Entre Libia y Singapur

    Europa y Rusia cambiarán la política por el desarrollo conjunto socio-económico

    Agudización de la enfermedad insular

    Europa sin ambiciones

    El círculo vicioso de lucha antiterrorista

    Las democracias occidental y oriental

    Las maniobras de Lukashenko en aguas turbias de la política exterior

    La desglobalización salvará al Occidente

    El mundo de geometría cambiante

    El resumen del difícil año 2010 para el espacio postsoviético

    Las razones concretas para el acercamiento entre Rusia y la OTAN

    Lukashenko cosechará triunfos merecidos

    En boca cerrada no entra mosca

    Los vestigios del pasado asiático

    Rusia y EEUU mantienen relaciones inertes durante un cuarto de siglo

    Afganistán sin nada de malicia

    La nueva correlación de fuerzas en el mundo obliga a Rusia a cambiar de rumbo

    El contencioso de las Islas Kuriles dentro del contexto asiático

    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía FacebookComentar vía Sputnik