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    Europa pierde puntos crediticios

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    Crisis financiera global (223)
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    La semana pasada Europa enfermó política y financieramente.

    La semana pasada Europa enfermó política y financieramente.

    Una de las principales agencias calificadoras, Standard and Poor´s, bajó las soberanas crediticias de nueve de los 17 países de la eurozona.

    No fue ninguna sorpresa, la agencia anunció la revisión de los rankings crediticios con pronóstico desfavorable a principios de diciembre del año pasado. Sin embargo, las perspectivas no parecían tan funestas hasta el viernes 13 de enero: las fiestas navideñas relajaron a los europeos, creando la sensación de que la crisis se acabaría marchando junto con el año viejo. O, por lo menos, lo peor de la crisis.

    Las esperanzas no llegaron materializarse y, después de los resultados inesperadamente desagradables de la revisión, el futuro de la moneda única parece más siniestro que nunca.

    Todavía menos prometedor parece el futuro político de algunos líderes europeos, especialmente el de Nicolás Sarkozy.

    Ocurre que los rankings fueron revisados de acuerdo con factores políticos más que los financieros. Y S&P no hizo de ello ningún secreto: explicando los tristes resultados del examen de la eurozona, los expertos de la agencia señalaron que “la revisión se debía, sobre todo, a las insuficientes medidas políticas tomadas por los líderes de la UE para solucionar los  desequilibrios del sistema financiero”.

    Era una referencia directa a los problemas de la deuda pública y del déficit presupuestario de Grecia, Irlanda, España, Portugal e Italia y la escasa estabilidad del euro. Dificultades que la UE se ve incapaz de solucionar durante los dos últimos años.

    Recordemos que Francia, la segunda economía de la UE, cambió su índice de AAA, el más alto, al AA+ con pronóstico desfavorable. Es decir, las cosas podrían empeorar todavía más. Bajaron un punto las calificaciones de Austria, Malta, Eslovaquia y Eslovenia, dos puntos, las de Italia, España, Portugal y Chipre, acabando estos países en los índices más pobres. Irlanda se mantiene con el índice BBB: se le puede conceder préstamos, pero con sumo ciudado. El pronóstico, sin embargo, es desvaforable. Tan sólo Alemania, Finlandia, Luxemburgo y Países Bajos conservaron los índices más altos, los AAA. Berlín incluso recibió un pronóstico “estable” para el futuro.

    Merece la pena señalar que el presidente de Francia se empleó a fondo para que su país no perdiera su posición crediticia, manteniendo consultas con las calificadoras S&P, Fitch y Moody’s hasta el último momento. Pero sus esfuerzos no surtieron efecto.

    Desde el punto de vista puramente financiero esta recalificación no entraña mayor peligro para Francia. Es un factor desagradable pero no es ninguna catástrofe financiera, aunque el Gobierno deberá tener en cuenta el encarecimiento de los créditos. El daño es más bien psicológico y político.

    El dúo Merkel-Sarkozy podría quedarse sin su componente masculino

    Para Sarkozy la recalificación de Francia es, se mire por donde se mire, un desastre. Lo más probable es que no llegue a ganar las elecciones presidenciales de la próxima primavera.

    Una de las candidatas a la presidencia francesa, líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, ya ha manifestado que a partir de ahora a Nicolas Sarkozy le será imposible seguir engañando a los franceses, aparentando velar por su prosperidad.

    Todo parece indicar que de los ‘fuertes de Europa’ tan sólo Alemania sigue estando completamente sana. Por lo tanto, el dúo Merkel–Sarkozy (o ‘Merkozy’, según llegaron a bautizarlos los periodistas por sus frecuentes reuniones y la propensión de tomar decisiones por toda la Eurozona e incluso por la Unión Europea) podría perder a su componente masculino. La canciller alemana se verá libre para imponer a París sus decisiones ante la crisis financiera en Europa.

    Estas son sólo algunas de las consecuencias de la revisión de calificaciones de los países europeos. A pesar de que Alemania ha conseguido mantener intacta su calificación, posiblemente pronto se acabe su buena suerte.

    Desde el año pasado Europa se ve amenazada por una recesión que podría ser, de acuerdo con los expertos europeos, algo más profunda de lo que se sospechaba. Los préstamos serán más caros por todas partes, factor que lógicamente no tardará en acarrear el aumento de precios, la reducción de los gastos y la ralentización de la producción.

    La economía alemana, orientada principalmente a las exportaciones, también se verá afectada dado que Europa, en su afán de ahorrar, comprará menos productos alemanes. La combinación de la disciplina financiera dirigida a reducir gastos presupuestarios, ralentización del desarrollo económico, recesión y el inevitable aumento de créditos hacen suponer que en 2012 habrá más revisiones a la baja de ratings crediticios soberanos.

    La suspensión de pagos por Grecia es ya una cuestión de tiempo, porque la bajada de las calificaciones de algunos miembros de la eurozona repercutirá en el estado de todo el sistema financiero de la UE. Al Banco Central y a los Gobiernos de la zona del euro les costará más esfuerzo encontrar fondos para el mantenimiento del mecanismo de la estabilidad financiera. Y por lo tanto a los infractores, Grecia entre ellos, se les formularán unas exigencias más estrictas. A estas alturas es difícil imaginar qué nuevas medidas draconianas podría adoptar Atenas para reducir los gastos presupuestarios.

    Ajustando cuentas con las agencias calificadoras

    Como era de esperar, la decisión de Standard and Poor´s no gustó en Europa, dado que parece tener un evidente componente político pro anglosajón. Las tres calificadoras más importantes del mundo o son propiedad de empresas estadounidenses o están controlada por éstas. El objetivo de la maniobra es instar a los Gobiernos de la UE a que paguen por los miembros deudores. Ello ayudaría a muchos bancos de Estados Unidos que tienen bonos de los países europeos, y la mejora del euro permitirá a la economía estadounidense aumentar sus exportaciones a la Unión Europea.

    A pesar de que la crisis financiera que está azotando al mundo empezó en EEUU y sucedió por su culpa, le toca a Europa pagar por todo viendo rebajada la calificación de su deuda, lo que no es un gesto demasiado bonito. Los europeos ya han dejado de disimular: el vicepresidente del grupo parlamentario del partido de Angela Merkel, Unión Democrática Cristiana de Alemania, Michael Fuchs, fue sincero: “La agencia no es consecuente en sus decisiones. S&P debería dejar de jugar a la política. Por qué no actúa de la misma manera respecto a Estados Unidos y al Reino Unido, que tienen una importante carga de deuda pública? Si la agencia baja el rating de Francia, debería bajar también el del Reino Unido”.

    El gobernador del Banco Central de Francia, Christian Noyer, hizo una declaración parecida, anunciando que no entendía la decisión de S&P, porque “el déficit presupuestario al igual que la inflación son más altos en el Reino Unido que en Francia, el volumen de la deuda es igual y el crecimiento económico menor que en Francia”. Podría sonar algo infantil, pero no infundado. Los europeos tendrán tiempo de ajustar las cuentas con las agencias calificadoras, pero después de haber solucionado sus problemas financieros.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

     

     

     

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