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    Medvédev y Putin respetan el derecho de protesta y defienden las legislativas de Rusia

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    Protestas contra resultados de las elecciones parlamentarias en Rusia (78)
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    Las manifestaciones de protesta en Rusia tras las elecciones parlamentarias celebradas el pasado 4 de diciembre obligaron al presidente ruso, Dmitri Medvédev, y al primer ministro, Vladímir Putin, a anunciar su postura al respecto.

    Las manifestaciones de protesta en Rusia tras las elecciones parlamentarias celebradas el pasado 4 de diciembre obligaron al presidente ruso, Dmitri Medvédev, y al primer ministro, Vladímir Putin, a anunciar su postura al respecto.

    Ambos, los líderes rusos distinguen entre las protestas admisibles, o sea, autorizadas por los organismos competentes y organizadas por los partidos políticos, e inadmisibles (acciones de protesta no autorizadas, convocadas por las ONG, financiadas por el Occidente).

    El presidente Medvédev expresó su opinión durante una conferencia de prensa en Praga a donde llegó en visita oficial, mientras que el jefe del Gobierno Putin abordó este tema en su discurso pronunciado en una reunión del Consejo coordinador del Frente Popular de Rusia (FPR).

    Putin anunció la intención de usar el Frente Popular de Rusia como plataforma de su campaña en las elecciones presidenciales a celebrarse en marzo de 2012. También propuso al famoso director de cine, político y diputado parlamentario, Stanislav Govorujin, ponerse al frente del centro coordinador de su campaña e invitó a una profesora, un metalúrgico y un médico, entre otros, a participar en el trabajo de este centro.

    El propio hecho de que Putin haya decidido distanciarse del partido oficialista Rusia Unida y apostar por sus partidarios que no forman parte de ningún partido político, evidencia que el primer ministro busca el apoyo del propio pueblo ruso que no acepta valores occidentales.

    Al intervenir ante este auditorio, Putin sometió a duras críticas a Occidente y sus comentarios respecto a las elecciones en Rusia.

    El jefe del Gobierno ruso acusó a la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, de alentar protestas en Rusia al calificar las elecciones legislativas rusas de “iliberales e injustas” antes de recibir informes de los observadores internacionales.

    Además, Putin declaró que los organizadores de los mítines persiguen sus propios fines políticos.

    Al fin y al cabo, Putin acusó a Occidente de financiar varias organizaciones para que desarrollen actividades en interés de un Estado extranjero que pretende influir en los procesos internos en Rusia.

    Dmitri Medvédev fue menos categórico al intervenir ante periodistas en Praga. El presidente ruso declaró que los mítines son una manifestación de democracia, pero tienen que celebrarse en lugares asignados para los mismos y de conformidad con la ley.

    Pero al reunirse el pasado 6 de diciembre con Vladímir Chúrov, presidente de la Comisión Electoral Central (CEC), Medvédev calificó en términos mucho más duros los intentos del Occidente de criticar el sistema político ruso.

    “Si tenemos o no suficientes partidos, es de incumbencia nuestra, no de organismos internacionales... No es asunto suyo. Llegarán a decirnos pronto cómo debemos redactar la Constitución”, declaró Medvédev. Esto evidencia que Putin y Medvédev mantienen posturas afines.
    Occidente no debería esperar otra reacción del Kremlin. La estabilidad política en Rusia es la tarea prioritaria de sus autoridades y para mantener esta estabilidad, no van a titubear un instante en estropear las relaciones con el Occidente.

    Así las cosas, cualesquiera intentos de los líderes occidentales de apoyar el pluralismo político en Rusia provocan inevitablemente una reacción negativa por parte de Moscú.

    ¿Qué consecuencias pueden acarrear las declaraciones de Hillary Clinton? De hecho, al calificar las elecciones en Rusia como iliberales e injustas, la secretaria de Estado de EEUU no ha dicho nada nuevo. Rusia se valora en varios ránquines estadounidenses como un país “parcialmente liberal” o “no liberal”. Pero estos ránquines no influyen en las relaciones reales entre Moscú y Washington. A pesar de todos los ránquines, la enmienda Jackson-Vanik sigue en vigor, aunque desde 1989, Washington decreta anualmente moratorias sobre ella, sin abolirla oficialmente.

    Aprobada por el Congreso de EEUU en 1974, esta enmienda impuso restricciones al comercio con la Unión Soviética por ser un país que violaba el derecho a la emigración de sus ciudadanos, particularmente, los judíos.

    En reaildad, los líderes estadounidenses nunca cambian de retórica cuando les parece que se infringen los derechos humanos. Esta vez, Clinton tampoco quiso introducir correcciones en sus declaraciones y repitió que Estados Unidos respaldará “los derechos del pueblo ruso” y sus esperanzas para “un futuro mejor”.

    Según Borís Kagarlitski, jefe del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales, “Clinton dijo lo que tenía que decir en esta situación. Sus palabras no tienen mucha importancia”.

    Un filósofo e investigador de procesos globales estadounidense, Immanuel Wallerstein, cree que Occidente aplica una política discriminatoria respecto a Rusia, promoviendo una supuesta supremacía de valores occidentales. Según el filósofo, esta situación debería cambiar en breve. Y parece que tiene razón.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTl CON LA DE RIA NOVOSTI

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