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    Los españoles castigan a Zapatero en las urnas

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    La crisis, como era de esperar, ha cambiado el gobierno de España. El pasado 20 de noviembre los españoles eligieron nuevo Partido (Partido Popular) y nuevo presidente del gobierno, Mariano Rajoy.

    La crisis, como era de esperar, ha cambiado el gobierno de España.

    El pasado 20 de noviembre los españoles eligieron nuevo Partido (Partido Popular) y nuevo presidente del gobierno, Mariano Rajoy.

    Haciendo balance de todos los avances y fracasos de los siete años y medio en los que José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) ha estado al mando, se llega a la conclusión de que desde la muerte de Franco, el PSOE no había sufrido una derrota igual de humillante y abrumadora (186 diputados, PP contra 110, PSOE)

    Un recelo inevitable

    Ni siquiera ayudó la decisión de Zapatero, tomada seis meses antes del 20-N, de no presentar su candidatura a las elecciones para no agravar todavía más el ánimo de los españoles.

    Era muy poco probable que en las elecciones ganara el Partido Socialista tras anunciar que, dados los problemas financieros del país, había que recortar gastos, sueldos, pensiones, prestaciones sociales, subiendo al mismo tiempo los impuestos.

    Este descontento por parte de los españoles ha llevado a que el Partido Popular obtuviera la mayoría absoluta en las urnas con 186 sillas en el Congreso de los Diputados frente a 110 por parte del PSOE. La victoria del PP ha sido aplastante.

    ¿Quién es Usted, Señor Rajoy?

    En comparación con sus “compañeros de cargo”, como el hiperactivo presidente francés, Nicolás Sarkozy y el apuesto ex primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, en los últimos dos años la imagen del ya ex presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, perdió todo el color. Pero aún así, Mariano Rajoy tiene menos gracia.

    Rajoy perdió frente a Zapatero en dos ocasiones, en 2004 y 2008. En el PP se llegó a plantear la posibilidad de cambiar a su líder por alguien capaz de hablar con los electores en una lengua más familiar y no ofrecer monólogos aburridos sobre el programa del Partido.

    Sin embargo, no se encontraron candidatos idóneos y de repente se convocaron unas elecciones anticipadas.

    Cada uno es libre de elegir su tratamiento

    Desde la primavera del 2011, la crisis ha hecho caer cinco Gobiernos: el primero fue el irlandés, seguido por el de Portugal, el de Grecia y el italiano. Y ahora le ha tocado el turno a España, la quinta economía más importante de la Unión Europea y la cuarta de la zona euro, después de Alemania, Francia e Italia.

    Los electores españoles, más que votar a Rajoy y a su Partido de centroderecha, se pronunciaron en contra de Zapatero y los socialistas. Todo el mundo tiene claro que Rajoy se verá obligado a tomar las mismas medidas de reducción del gasto público que ya había anunciado su antecesor. Y es muy probable que dichas medidas sean más drásticas que las anunciadas.

    Los problemas de la eurozona

    La situación recuerda bastante el capricho de un paciente, al que todos los médicos le diagnostican la misma enfermedad, pero que decide cambiar de médico de cabecera, esperando a que el nuevo tratamiento sea menos doloroso. El caso es que no será ni menos doloroso ni más llevadero.

    Desde el punto de vista emocional la decisión de los españoles es comprensible: estaban cansados del Gobierno, cansados de Zapatero y necesitaban un cambio urgentemente. En toda Europa pasa lo mismo, de modo que el mecanismo psicológico es común. En España había una gran necesidad de cambio. Aunque Rajoy no vaya a solucionar inmediatamente el problema, era necesario que lo afrontasen otras manos.

    Sin embargo, si comparamos el caso de España con el de Grecia o Italia, la situación deja de parecer lógica. En Atenas y Roma, sin ninguna necesidad de celebrar elecciones anticipadas, llegaron al poder “Gabinetes técnicos”. Se encargarán de tratar los organismos financieros enfermos, amputando artículos del presupuesto, recortando gastos sociales, médicos y de educación, junto con las pensiones, elevando la edad de la jubilación y subiendo los impuestos. España todavía con el Gobierno de Zapatero empezó a hacer lo mismo.

    Los griegos y los italianos, por lo menos, estarán en su derecho de criticar o de echar pestes de sus Gobiernos que fueron designados en situaciones de emergencia después de la dimisión del Gabinete del socialista Yorgos Papandreu en Grecia y del conservador Silvio Berlusconi en Italia. Designados, no elegidos. Los españoles no tendrán esta justificación, fueron ellos los que le concedieron a Rajoy el mandato para cualquier tipo de medidas anti crisis.

    Enfermo atípico de la eurozona

    Nadie sabe exactamente cómo actuará Mariano Rajoy, quien de momento se limitó a declarar que “no habrá milagros” y que “habrá que ahorrar”. Lo que no sabemos es ahorrar a costa de qué y hasta qué punto.

    Los partidarios de Rajoy confiesan que es una persona especialmente reservada. Se rumorea que ya tiene candidato para el puesto de Ministro de Economía, pero que no lo sabe ni el elegido.

    Aunque aparentemente los problemas económicos de España sean muy parecidos a los problemas de otros países de la eurozona, no es el típico enfermo. Y habría que reconocer que, a lo mejor, los electores se han precipitado al atacar de manera tan drástica a los socialistas y a arrebatarles así el poder, ya que gestionar una crisis no es tarea fácil.

    Merece la pena recordar al respecto que hasta la crisis de 2008 la economía española era la más disciplinada entre todas las grandes economías de la zona del euro. Al entrar en la eurozona, en 1999, la deuda pública del país equivalía a tan sólo 62,3% del PIB. La condición límite del 60% para los aspirantes a la integración hubo de ser revocada casi enseguida, dado que los indicadores de Alemania eran del 60,9%.

    Por muy inverosímil que parezca, hasta 2008 los Gobiernos que ha tenido España conseguían evitar, a excepción de algunos años, el déficit presupuestario.

    Así en el 2007, la correlación de la deuda pública y del PIB de España equivalía a un humilde 36%, mientras que este indicador en Alemania, Francia y demás países era de 2 a 5 veces más alto.

    Lo que echó a perder a España no fue la propensión a despilfarrar fondos, como en caso de Grecia y parcialmente de Italia, sino el “boom de la  construcción” de principios de los 2000 que empezó, dicho sea, durante el gobierno del Partido Popular con José María Aznar al frente (1996-2004). Los socialistas tuvieron que hacer frente a los resultados de este boom.

    Hasta el 2008 el país parecía ser una enorme obra de construcción. La gente compraba casas sin conocimiento de causa. Las constructoras y las promotoras solicitaban grandes préstamos a los  bancos y éstos los concedían. Los Gobiernos regionales y los ayuntamientos hacían lo mismo, esperando una gran afluencia de turistas. Mientras tanto, en 2004 y 2008 el precio de la vivienda subió un 44% y después de la crisis de 2008, se precipitó hacia abajo.

    A día de hoy la deuda pública de España es evaluada en 448.000 millones de euros, a lo que habría que sumar las deudas de los Gobiernos regionales y ayuntamientos que en España gozan de mayor autonomía que en otros países comunitarios y son libres de solicitar sus propios préstamos. De acuerdo con el Banco de España, podría tratarse de otros 115.000 millones de euros. De esta manera el total de la deuda pública ascendería a 600.000 millones de euros, frente a los 350.000 millones de deuda que tiene Grecia.

    La prensa española, no obstante, cree que muchas deudas están ocultas y que la realidad supera los 700.000 millones de euros, de modo que la carga de la deuda se hace casi insoportable.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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