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    Acento estadounidense para la compañía de ballet del Teatro Bolshoi

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    La nueva temporada empieza en el Teatro Bolshoi de Moscú con dos eventos sensacionales.

    La nueva temporada empieza en el Teatro Bolshoi de Moscú con dos eventos sensacionales.

    Además de la inauguración del edificio histórico del teatro, que estaba en remodelación desde 2005, planeada para  los fines de octubre, por primera vez la compañía acogerá en calidad de primer bailarín titular al estadounidense, David Hallberg, artista del American Ballet Theatre de Nueva York (ABT).

    El ballet soviético se convirtió en un mito hace decenios, junto con el sputnik y el fusil Kaláshnikov. La escuela de ballet llevaba largos años cultivando talentos para todo el mundo. Todos conocen las historias de las estrellas de ballet rusas que huyeron de su paraíso coreográfico para quedarse en compañías de EEUU o de Gran Bretaña. Rudolf Nuréyev, quien se fue de la URSS en 1961, Mijaíl  Baríshnikov (1974) y Alexandr Godunov (1979) fueron acogidos en el extranjero como artistas talentosos dignos de mejores papeles.

    A propósito, Baríshnikov fue en los 1980 director y coreógrafo del ABT, y su influencia sobre el ballet norteamericano fue más que considerable. En 1993, otra estrella del Bolshoi, Nina Ananiashvili, fue aceptada en el ABT en calidad de primera bailarina.

    ¿Cómo puede influir en el ballet del Bolshoi David Hallberg, bailarín de 29 años, quien ya a fines del próximo noviembre bailará las piezas emblemáticas del teatro ruso, como “Giselle” de A. Adán, y luego “La Bella Durmiente” de P. Tchaikovski? 

    Hallberg se propone seguir explotando el Klondike del Bolshoi

    No es un secreto que el teatro lo caracterizan, en primer lugar, sus primeros bailarines. Así, en la época soviética el mundo asociaba el ballet ruso a los nombres de las estrellas de la pléyade de Yuri Grigoróvich: Vladimir Vasíliev, Ekaterina Maxímova, Natalia Bessmértnova, Mijaíl Lavrovsky, Maris Liepa y otros. El actual director del ballet del Bolshoi, Serguei Filin, también resalta que “El teatro es la gente que trabaja en él”.

    Cuando Hallberg vino a bailar en los teatros Bolshoi y Mariinski en calidad de estrella invitada en el período del 2008 al 2011, se mostró como un bailarín de técnica extraordinaria y de porte clásico, un príncipe romántico.  En el mundo coreográfico de hoy es un caso bastante raro. Una reputación semejante se la mereció en sus tiempos y la mantiene el propio Serguei Filin. 

    Precisamente Filin invitó al artista americano a trabajar en el Bolshoi como primer bailarín. Alexei Ratmanski, ex director del ballet del Bolshoi, le ofreció a Hallberg bailar en “El Cascanueces” en 2010 que puso en el ABT. Este año Hallberg ha interpretado el papel de Sigfrido en el “Lago de los Cisnes” en el festival de ballet “Mariinski”.

    El propio bailarín dice que su experiencia en los escenarios de Rusia le sugiere que aquí el ballet lo ven como un gran arte serio. Y es así de verdad. 

    Esta conclusión suya la confirma toda la historia del ballet ruso, las viejas grabaciones de los espectáculos. Aunque los principios de la escuela vieja ceden poco a poco a la nueva coreografía más variada, fresca y a veces llamativa, todo el mundo sigue viendo el Ballet del Bolshoi  como un Klondike cuyos recursos están lejos de agotarse. 

    Hallberg promete respetar las tradiciones del ballet ruso. Pues, será una postura razonable. Aunque el Teatro Bolshoi se lanza en los últimos años a numerosos experimentos atrevidos, el público ruso no aplaude espectáculos extravagantes y demasiado alejados del ballet tradicional si parecen recordar más trucos acrobáticos y carecer del sentido debido. 

    Así ocurrió en septiembre pasado, cuando el coreógrafo francés, Angelin Preljocaj, estrenó en el Bolshoi su espectáculo “Creation 2010”, cuya idea fue mostrar el Génesis y Apocalipsis. Pese a la seriedad de la idea, los críticos y el público expresaron su perplejidad por la pantomima sin eje común y emociones algunas que les presentaron. Algunos decían, sin embargo, que el público ruso es demasiado conservativo para percibir y entender el espectáculo que choquea por su técnica ajena. Pero no es la cuestión de técnica. Lo importante es que los sentimientos y las emociones del espectáculo sean comprensibles para el público. Y, al menos, que haya estos sentimientos y emociones y que la expresión no se limite con movimientos abstractos. 

    “Será aún mejor”

    En cuanto a David Hallberg, cabe decir que la técnica no es su único mérito. Nunca ha sido llamado poco expresivo o algo por el estilo.

    El Teatro Bolshoi sigue explotando la herencia de George Balanchine. Además de los Rubíes, representará en esta temporada las Esmeraldas y los Diamantes de las “Joyas” del clásico ruso-norteamericano. El nuevo primer bailarín Hallberg puede desempeñar un papel importante en el proceso de la exploración del arte de Balanchine.

    Ya ha bailado muchos ballets de un acto coreografiados por Balanchine, Frederick Ashton, William Forsythe, Twyla Tharp y otros coreógrafos destacados.  Los artistas del Bolshoi han confesado en varias ocasiones que necesitan tiempo y muchos esfuerzos para acostumbrarse a la coreografía de Balanchine. En este sentido, Hallberg podría prestar ayuda a sus nuevos colegas partiendo de su experiencia.

    Uno de estos días Serguéi Filin, durante la reunión de la compañía de ballet, comentó: “A menudo me preguntan si el teatro conservará lo mejor de lo que tenía antes… Cuando os veo a todos vosotros, creo que será aún mejor”…

    Una declaración prometedora, sobre todo en vísperas de la apertura del escenario histórico que se celebrará el 28 de octubre. Ahora es insuficiente decir que la vida en el teatro es muy activa. La vida bulle aquí mientras que la compañía está preparándose para asombrar al público. Y el público cree que en la nueva temporada le esperan sólo sorpresas agradables.

     

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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