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    Pskov es una antigua ciudad rusa con deuda eterna a un príncipe lituano

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    La historia de la fundación y del desarrollo de las primeras ciudades rusas es a veces más interesante y dramática que muchas de las novelas policíacas actuales.

    La historia de la fundación y del desarrollo de las primeras ciudades rusas es a veces más interesante y dramática que muchas de las novelas policíacas actuales.

    ¿Quién podría suponer que un prófugo príncipe lituano no sólo fuera aceptado por los habitantes de la ciudad de Pskov  y subiera al trono durante 30 años, sino que después de su muerte fuera canonizado?

    Más tarde, en 1862, su nombre fue incluido en el monumento dedicado al “Aniversario milenario de Rusia”, en la ciudad de Veliki Nóvgorod, junto con ilustres militares y héroes nacionales de Rusia. Este caso es casi una excepción para la Historia del país. Se trata del príncipe Daumantas, bautizado por el rito ortodoxo con el nombre de Timoteo, considerado en Lituania un traidor y en Rusia, un héroe nacional.

    La autopista M20 conduce desde San Petersburgo a Pskov forma un amplio semicírculo a lo largo de toda la frontera occidental de Rusia donde siglos atrás aparecieron las primeras ciudades fortalezas que protegían al país de las incursiones de los Caballeros Teutones y de la Orden Livona, así como de las huestes suecas, polacas y danesas. Al entrar en Pskov, una carretera lleva al centro de la ciudad, la Plaza Lenin, donde no falta un monumento al líder del proletariado mundial en medio.

     

    Enseguida llaman la atención las murallas de piedra y las altas torres del Kremlin de Pskov. Se puede juzgar sobre su tamaño, comparándolo con el Kremlin de Moscú. Así, la longitud de las murallas del Kremlin capitalino son de 2.5 kilómetros, mientras que en el Kremlin de Pskov del siglo XVI, período de su florecimiento, los muros sumaban 9.5 kilómetros. Además contaba con 40 atalayas y otro tipo de fortificaciones. La explicación es muy fácil: en la Edad Media Pskov era una de las fortalezas más grandes e inaccesibles no sólo de Rusia, sino de toda Europa.

    La historia de la ciudad empieza en el momento de fundar en el siglo VI la tribu de los krivichi, venida desde el oeste, un pueblo, situado en la orilla derecha del río Velikaya en la desembocadura del río Pskova. Posteriormente empezaron a instalarse aquí otras tribus eslavas, añadiéndose a ellas las escandinavas a finales del siglo IX. Fue así como creció Pskov en la alta y bonita, en forma de un cabo, orilla. La primera mención de la ciudad, que llevaba entonces el nombre de Pleskov, se remonta al año 903, figura en uno de los más importantes manuscritos rusos, la “Crónica de Néstor”.

    De acuerdo con las “Crónicas de Nicon” que datan del siglo XVI, el primer príncipe de Pskov fue Sudislav que subió al trono en 1014, después de que su padre Vladimir Sviatoslávovich, lo instituyera. Teniendo su propio príncipe, la ciudad permaneció en dependencia de Veliki Nóvgorod. Una serie de guerras internas llevó al primer príncipe de Pskov a la prisión. Fue liberado por un sobrino, 23 años después, a condición de entrar como monje en el Monasterio de San Jorge de Kíev.

    En el siglo XII Pskov era ya una ciudad relativamente grande y próspera, por la que pasaba la ruta hacia el Mar Báltico que le permitía comerciar con países extranjeros. Los viajeros de la época ensalzaban la belleza de la ciudad y la blancura de sus murallas y catedrales. Sin embargo, estaba situada a tan sólo varias decenas de kilómetros de la frontera con las tierras de las Ordenes de los Caballeros Teutones y Livona, y esta situación geográfica hacía que fuera la primera en recibir al enemigo que se acercaba desde el oeste.

    En la casi inaccesible ciudadela en los 300 años desde XIII los caballeros alemanes entraron sólo en una ocasión y sin combate. En 1240 la población de la ciudad abrió sus puertas, cuando éstos se acercaron a los muros de Pskov. La única explicación es que era uno de los boyardos que se habían dejado seducir por los sermones de los misioneros católicos que aparecieron por las tierras rusas después de la caída a principios del siglo XIII de Constantinopla, centro cultural del mundo ortodoxo y durante la posterior crisis de la religión ortodoxa.

    El reinado de los alemanes acabó 2 años después, al llegar el príncipe de Veliki Nóvgorod, Alexander Nevski y “echar de Pskov a los gobernadores alemanes junto con sus sirvientes”. Más tarde, el 5 de abril de 1242, tras rezar en la Catedral de la Santísima Trinidad, el príncipe al mando de su tropa se les enfrentó sobre el hielo del Lago Chudskoe. Los caballeros fueron derrotados y la amenaza de una nueva toma de Pskov desapareció para mucho tiempo. En honor de Alexander Nevski y de sus huestes en una alta colina en las afueras de Pskov se erigió un monumento.

    Merece la pena señalar que en Pskov, igual que en Nóvgorod, existía una especie del sistema político republicano que limitaba los derechos del príncipe a favor de los boyardos y de la Asamblea Popular. Las reuniones de la Asamblea tenían forma de democracia feudal, porque no reunían a ciudadanos de a pie, sino a la aristocracia urbana y de las afueras de la ciudad. A los príncipes se les solía llamar al trono y también se les hacía dimitir, de modo que para 1265, cuando llegó a Pskov el príncipe Daumantas con su tropa, ya habían cambiado en la ciudad 12 príncipes.

    De acuerdo con los manuscritos, Daumantas era hijo del príncipe lituano Gurde. Existen varias versiones de los motivos que le obligaron a abandonar su tierra, pero en general esta información no parece demasiado relevante. Lo que sí es relevante es la decisión de los habitantes de Pskov que acordaron aceptarle, pero a condición de que se bautizara en la religión ortodoxa: el jefe militar o el príncipe debía profesar la misma religión de súbditos. Fue bautizado en la Catedral de la Santísima Trinidad bajo el nombre de Timoteo y lo hizo de buena voluntad. Al año siguiente fue elegido príncipe de Pskov que  necesitaba su amplia experiencia como militar; sus tropas derrotóaron a las huestes lituanas en la orilla del Dvina.

    En 1268, los habitantes de Nóvgorod solicitaron a Daumantas ayuda en su campaña contra los caballeros de la Orden Livona y acertó, logrando la victoria. En 1269 el gran maestre de la Orden reunió una gran tropa y sitió Pskov, pero Daumantas pudo defenderla, aunque tuvo que contar para ello con la ayuda de Nóvgorod. Como consecuencia, ganó fama como un valiente guerrero y un militar invencible.

    El príncipe Daumantas no sólo se dedicó a las guerras, sino que se volcó en el desarrollo de la ciudad y en el propósito de conseguir la independencia del principado de Pskov. Para la construcción de la ciudad inicialmente escogió un sitio muy cómodo: un cabo alto y estrecho en la desembocadura del río Pskova en el río Velikaya. La ciudadela o el Kremlin de Pskov ocupaba la superficie de unas tres hectáreas. El muro sur de la fortaleza, que no contaba con la protección de los cauces ni altas rocas, era el más grueso.

    Inicialmente tras este muro estaban las afueras de la ciudad, pero a finales del siglo XIII-principios del siglo XIV se decidió trasladar a los habitantes de esta zona a la parte sur de la zona urbana y crear un centro religioso que sólo tuviera catedrales. Daumantas cercó el sitio por un muro y ordenó construir varias iglesias. Fue así como surgió el nombre de la ciudad de Daumantas. Las excavaciones arqueológicas tienen lugar en este lugar durante los últimos 30 años. En un espacio de 1.5 hectáreas se encontraron ni más ni menos que 18 cimientos de templos.

    Los años del gobierno de Daumantas fueron los del florecimiento cultural y religioso de esta antigua ciudad rusa que de hecho adquirió independencia de Nóvgorod. En el territorio de la ciudad de Daumantas estaban situados los aposentos del príncipe. Sin embargo, llegó a nuestros días sólo el edificio de la Cámara de Ordenes ocupado en el siglo XVII por el ayuntamiento.

    En primavera de 1299 se produjo una nueva invasión de los Caballeros de la Orden Livona a Pskov. Su defensa llenó de gloria  a los defensores de la ciudad y al príncipe Daumantas, pero fue la última para él. En breve Daumatas enfermó y murió el 20 de mayo de 1299, sin haber sido vencido en ninguna ocasión. La urna con sus reliquias está en la Catedral de la Santísima Trinidad del Kremlin de Pskov.

    Daumantas es considerado santo patrono de la ciudad y su imagen aparece en los iconos rusos. En la Catedral de la Santísima Trinidad del Kremlin de Pskov se guarda el icono de la Virgen de Mirozha que representa también al príncipe Daumantas y a su mujer, nieta de Alexander Nevski. En cuanto el icono empezó a obrar milagros, acudió a Pskov el Zar Iván Vasilievich y se la llevó a Moscú. En 1547 durante el reinado del mismo zar el príncipe Daumantas fue canonizado.

    Pero existe otro vínculo entre Daumantas y la Catedral de la Santísima Trinidad: era el único templo de Rusia donde en el altar se guardaba la espada del príncipe. Antes de una batalla el príncipe solía rezar arrodillado ante el altar dejando encima su espada, pidiendo valentía para sí y para su tropa, después de lo cual el sacerdote le colgaba la espada y bendecía al príncipe y a sus guerreros.

    Y los siguientes príncipes tomaron por costumbre rezar y jurar sobre la espada de Daumantas defender Pskov con las siguientes palabras: “Habitantes de Pskov, si sois viejos, sois mis padres, si sois jóvenes, sois mis hermanos, no escatimemos nuestras vidas por la Santísima Trinidad”. La Santísima Trinidad era símbolo de Pskov y la espada de Daumantas llegó a simbolizar a un guerrero invencible. En la actualidad se guarda en el Museo de la Ciudad. Una copia de la espada, creada por los armeros rusos fue bendecida en 2010 en la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Este año los investigadores de San Petersburgo hicieron una película sobre el príncipe Daumantas y su espada.

    La historia de la ciudad de Daumantas es sólo una de las páginas de la rica y gloriosa Historia de Pskov. Aquel que desee sumergirse en el siglo XIII tiene que visitar la ciudad. A Pskov hay vuelos directos desde Moscú; en tren se tardan unas 13 horas, el precio del billete es algo menos de 100 dólares. De San Petersburgo el tren tarda 5 horas, el precio del billete es de unos 50 dólares. Se puede también viajar en autobús o en coche.

    Los visitantes pueden hospedarse en el hotel “Paseo de oro” situado en el caso histórico de la ciudad, en la orilla del río Velikaya, donde hay habitaciones con vistas al Kremlin. El precio es de uno 100 dólares la noche, el desayuno incluido. Otro hotel, “El tránsito”, situado cerca de la  estación de trenes, se encuentra a unos 15 minutos en coche del centro, ofrece habitaciones por uno 50 dólares, el desayuno incluido.

    Los típicos recuerdos de Pskov son objetos forjados a mano y productos de cerámica: cuencos, tazones y diferentes juguetes. Merecen la atención los objetos mimbre y corteza de abedul, cuadros con imágenes del Kremlin y los pintados sobre seda, alfombrillas bordadas, manteles y servilletas.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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