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    El prestigio político de Nicolás Sarkozy después de la guerra en Libia

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    Uno de los interrogantes clave que se plantea el mundo después del aparente fin de la confrontación armada en Libia, tiene que ver con el futuro político de los promotores de la intervención militar de la OTAN en el país africano.

    Uno de los interrogantes clave que se plantea el mundo después del aparente fin de  la confrontación armada en Libia, tiene que ver con el futuro político de los promotores de la intervención militar de la OTAN en el país africano.

    En primer término, el presidente de Francia Nicolás Sarkozy y alguno de sus  consejeros.

    ¿Cosecharán los frutos de la victoria o asumirán la responsabilidad por el conflicto que no acabó tan rápido como creían?

    Esta es la pregunta que se plantea hoy Europa, porque precisamente la fuerza aérea de Francia inició la operación, a la que posteriormente se incorporaron algunos países de la OTAN y otros.

    Según destaca Le Monde parisiense, Sarkozy apostó por la guerra y puso en juego su reputación. Durante varios meses pasó horas enteras inclinado sobre los mapas y mantuvo contacto permanente con los rebeldes libios y con su “enlace” en el bando de la insurgencia, el periodista Bernard-Henri Lévy quien modestamente se autodefine en la prensa mundial como “filósofo defensor de la paz”.

    Recientemente, durante una reunión en París con Mahmoud Jibril, número dos en la dirigencia de los rebeldes, Sarkozy anunció la convocatoria en Francia, el 1 de septiembre, de una conferencia internacional de ayuda a Libia.

    Sarkozy dijo que en la conferencia podría participar Rusia, China, India y Brasil, países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que se abstuvieron de votar por la resolución que autorizó la intervención militar de la OTAN en Libia.

    De este modo, Sarkozy le dio a entender al Kremlin que también Rusia podría desempeñar su papel en la “nueva Libia”, opina el ex embajador de Rusia en Gran Bretaña, Anatoli Adamishin.

    Pero qué es lo que encierra esta invitación: ¿seguridad en su propia victoria o un desesperado intento de involucrar en una aventura fallida el mayor número posible de participantes?

    ¿La intervención militar de la OTAN en Libia fue un éxito o un fracaso?

    En buena medida, la respuesta a este interrogante depende de la política que aplicará  las nuevas autoridades de Libia que a partir del Consejo Nacional de Transición, planean formar un “gobierno” con los rebeldes, cuyo reconocimiento por Francia en marzo pasado, marcó el inicio de la intervención extranjera en el conflicto interno de Libia.

    Ese nuevo gobierno, ¿estará en condiciones de evitar un baño de sangre, y una cruenta venganza de vencedores sobre  los vencidos?

    Al aupar al poder en Trípoli a nuevos personajes, Sarkozy y sus consejeros de hecho asumieron una gran responsabilidad. Ahora muchos en Francia se preguntan si fue justificada la decisión adoptada en marzo del año en curso.

    El principal promotor de la intervención fue Lévy. Fue él quien a comienzos de marzo telefoneó a Sarkozy insistiendo en que el mandatario se entrevistara sin falta con los líderes de los rebeldes libios.

    Sarkozy aceptó la propuesta y, pasado tan sólo un día, el 10 de marzo de 2011, Francia reconoció al Consejo Nacional de Transición.

    El ministro de asuntos exteriores galo, Alain Juppé, fue informado sobre la reunión con los líderes de los rebeldes posteriormente, de esta manera, su influencia quedó por debajo del “filósofo”.

    Hoy por hoy, Lévy está absolutamente seguro de que sus consejos fueron acertados. A la pregunta sobre la suerte de Gadafi y miembros de su familia, respondió en su página web sin menores escrúpulos: “Que lo decidan los libios… No me siento preocupado en absoluto con este motivo, porque los líderes del Consejo Nacional de Transición han demostrado su madurez política. No se guían por el deseo de la venganza, ahora se echan los cimientos del Estado de derecho”.

    En todas sus entrevistas, ofrecidas desde marzo de 2011, Lévy resaltaba invariablemente que los rebeldes supieron superar “la tentación del islamismo” y no están vinculados con el Islam radical. A aquellos que criticaban a los rebeldes, el “filósofo” los calificó de “adeptos al despotismo”, hipnotizados por la medusa Gorgona contemporánea que los imbuyó de la idea de que no se puede derrocar a los tiranos”.

    Es de lamentar, pero ya lo hemos oído algo similar de Lévy y otros intelectuales franceses de izquierda quienes junto con él firmaron el 17 de marzo 2011 una carta (publicada en Le Monde) a Sarkozy y mandatarios de otros países de la OTAN, instándoles a emprender la intervención militar.

    Las firmas inscritas en este llamamiento coinciden en un tercio, como mínimo, con las que estaban al pie de otras cartas (publicadas por Le Monde en 1995, 2000 y 2004) en apoyo a los separatistas chechenos liderados por los “presidentes” Dzojar Dudáev y Aslán Masjádov.

    En aquellos mensajes Lévy, su colega, el también “filósofo” André Glucksmann, el diputado al parlamento europeo Daniel Marc Cohn-Bendit y otros exhortaban a los líderes occidentales abstenerse de ir a Moscú a la celebración del 50º aniversario de la Victoria sobre la Alemania nazi, expulsar a Rusia de las organizaciones internacionales y, como no, prestar ayuda a los separatistas chechenos con Masjádov a la cabeza.

    En 2011, esta misma gente pedía que Sarkozy acudiera en ayuda a Mahmoud Jibril y demás rebeldes libios.

    Preguntados acerca de una posible vinculación de la gente de Masjadov con el terrorismo internacional, Glucksmann y Lévy respondían en forma muy metafórica. Según la expresión de Glucksmann, los separatistas “no se dejaron llevar por las Sirenas del Islam radical”.

    Tuvimos numerosas oportunidades para cerciorarnos de lo equivocada que fue esa afirmación hecha en 2002. ¿Acaso es conveniente prestar atención a quien en más de una ocasión ha mentido?

    El apoyo que prestaron a los extremistas chechenos los actuales promotores de la intervención en Libia obliga a dudar de la objetividad de estos “filósofos”.

    Es de lamentar, pero en un futuro Libia bien podrá ser escenario de actos de venganza, terrorismo e integrismo. De ser así, la victoria de Sarkozy será dudosa.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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