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    Rusia y Bielorrusia negocian la paz en la disputa por el gas

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    El primer ministro ruso, Vladimir Putin, aprovechó una reunión de turno del Consejo de Ministros de la Unión Rusia y Bielorrusia para hacer pública una cuestión clave para las relaciones entre ambos países.

    El primer ministro ruso, Vladimir Putin, aprovechó una reunión de turno del Consejo de Ministros de la Unión Rusia y Bielorrusia para hacer pública una cuestión clave para las relaciones entre ambos países.

    “Rusia ha tomado la decisión de aplicar, partir del 2012, un coeficiente integrador de reducción en el precio del gas”. Estas fueron las palabras del primer ministro ruso que no se hipotecó con ninguna cifra concreta, señalando que la cuantía del coeficiente todavía está por determinar y depende del resultado de las negociaciones entre las partes implicadas. Sin embargo, Vladimir Putin, sí que mencionó la contrapartida que Rusia espera recibir de su vecino occidental por la rebaja del gas: “Esperamos que este gesto venga acompañado de la adquisición  por la compañía rusa Gazprom de la mitad de la parte bielorrusa en Beltransgaz, donde Gazprom ya controla el 50% del total de las acciones”.

    Lukashenko no solía reaccionar de ninguna forma a los nuevos precios hasta el último momento cuando, con una histérica puesta en escena, se quejaba pública y ostensiblemente, calificándolos de “puñalada trapera”. Su último y más sonado espectáculo de ira fue en el 2010, cuando fue constituida la Unión Aduanera entre Rusia, Bielorrusia y Kazajstán. El líder bielorruso declaró entonces que la existencia de diferentes tarifas para los combustibles fósiles dentro de la Unión de Rusia y Bielorrusia es una violación del estatuto de la Unión Aduanera y de todas las leyes de la oferta y la demanda.

    “No se puede hablar de igualdad de oportunidades, si la Fábrica de Tractores de Minsk compra el gas a 200 o a 250 dólares y la de Volgogrado lo hace a 30. Establezcan, por ejemplo, un precio de 500 dólares, pero para todo el espacio económico, para que no haya competencia desleal”, comentaba un irritado Lukashenko ya en el 2006.

    Resulta sugestivo que Vladimir Putin, que siempre ha ignorado con frialdad las continuas referencias del presidente bielorruso al espacio común, haya comenzado sus comunicados con la igualdad de opciones y de posibilidades para las economías de ambas naciones.  
    “Dentro de los actuales procesos de integración tenemos que conseguir unas condiciones de competencia igualitaria”, comentó el primer ministro ruso tras su entrevista con el presidente de Bielorrusia. Estas palabras ofrecen una segunda lectura que se resume en que si Gazprom realmente adquiere en propiedad Beltransgaz, el principal operador de la red de gas de Bielorrusia, se exigirá que se respeten sus derechos. Y ello será posible, si Rusia observa sus compromisos en el marco de la Unión Aduanera.

    Una estrategia demasiado cara

    “Hasta hoy, la táctica de Lukashenko se ha centrado en hablar a voz en grito de la lógica de los nuevos precios del gas - explica Lidia Kósikova, analista del Instituto de Economía (Academia de Ciencias de Rusia), – mientras se preparaba cuidadosamente para la inevitable subida, tomando la red de gasoductos que pasan por su país como garantía de su soberanía e instrumento de negociación”.

    Sin embargo, esta vez la estrategia de “venderlo todo, excepto los gasoductos”, es demasiado cara para Lukashenko. La economía bielorrusa no termina de recuperarse tras la última devaluación de su moneda. La cotización de la divisa de Bielorrusia en el mercado libre continúa a la baja. Los expertos relacionan este hecho con el aumento de la masa monetaria. El volumen de dinero en circulación ha crecido en un 57,1 % desde primeros de año, y en julio se registró una subida record de esta masa con un 11,4 %. Mucha gente en el país ha visto como sus ingresos se han contraído fatalmente, como la mágica “Piel de Zapa” de Balzac, a la par que Miasnikovich, el primer ministro del país, ha dado por finalizado el “boom inmobiliario”, reduciendo su volumen en aras de una mayor calidad para el año que viene.

    El gobierno ruso aprovechó esta coyuntura para ofrecer la semi olvidada fórmula de “gas a cambio de control sobre las infraestructuras”. Tras una serie de crisis durante 2004-2008, Gazprom se hizo con la mitad del paquete accionarial de Beltransgaz. Ahora están en juego los 50% restantes, aunque en julio Gazprom ya ha anticipaba que está preparado para cerrar nuevos contratos desde la posición de pleno propietario de Beltransgaz.

    El tortuoso camino a la integración

    La operación de compra tropieza con las dudas sobre la honestidad de Alexander Lukashenko como vendedor. El gasoducto “Yamal-Europa”, por el cual fluyen más de 30.000 millones de metros cúbicos de gas al año a través de Bielorrusia y Polonia, se ha visto envuelto en múltiples intrigas y juegos políticos. Una de las protestas más curiosas fue la de los granjeros polacos, por cuyos campos pasaban los enormes tubos del gas durante los años de empeoramiento de las relaciones ruso-polacas de inicios de este siglo.
    El presidente bielorruso es mucho más obstinado como socio que cualquier granjero. Conociendo su estilo rocoso, no será una sorpresa si en breve comienza a sacar de su chistera quejas sobre los problemas ecológicos de  una Beltrangaz que ya será una empresa extranjera; o si aparecen sorprendente nuevos socios con intereses no valorados.

    En cualquier caso, lo que dijo sobre este particular el jefe de Gazprom, Alexei Miller, permiten suponer que el gabinete ruso está jugando sus cartas de forma reflexiva, buscando resolver, de una vez por todas, la cuestión del gas.
    A raíz de su participación en los encuentros de Sochi con el presidente ruso, Dmitri Medvedev y el ministro de Energía de Ucrania, Yuri Boiko, Alexei Miller declaró que la colaboración entre Rusia y Ucrania en el sector del gas podría tomar como modelo el existente con Bielorrusia. Esta frase es una alusión indirecta a que el gobierno ruso prefiere el tortuoso camino de la integración Ruso-bielorrusa al enquistamiento de la enemistad con Ucrania. Más vale una mala compostura que un buen pleito.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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