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    India y Rusia tienen buenas perspectivas económicas y también problemas

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    La India es uno de los principales importadores de alta tecnología rusa. Por su parte, las exportaciones de bienes de consumo indios a Rusia crecen cada año compitiendo con la producción nacional.

    La India es uno de los principales importadores de alta tecnología rusa. Por su parte, las exportaciones de bienes de consumo indios a Rusia crecen cada año compitiendo con la producción nacional.
     
    Una mesa redonda celebrada en el marco del Foro Internacional Económico de San Petersburgo (FIESP) el pasado mes de junio fue dedicada a la cooperación económica entre Rusia y la India.
    Los participantes al FIESP abordaron el papel de los países emergentes en la economía global en el período de poscrisis.
    Nada sorprendente, porque las economías de estos países, incluída la India y China, resultaron más dinámicas durante la crisis económica global.

    La mesa redonda “Diálogo empresarial Rusia-India” contó con la asistencia del viceprimer ministro ruso, Serguei Ivanov, y el ministro indio de Comercio e Industria, Anand Sharma. Se empezó destacando lo positivo. La India es uno de los socios más importantes de Rusia en el ámbito de cooperación económica.

    Según los datos del Servicio Federal de Aduanas, el volumen de comercio bilateral entre Rusia y la India aumentó en 2010 un 15 por ciento, alcanzando 8,5 mil millones de dólares.
     Rusia aumentó sus exportaciones a la India en un 7,7%, totalizando  US$6,3 mil millones, mientras que las importaciones indias aumentaron más de un 40% superando los US$2 mil millones.
     Hacia 2015, Moscú y Nueva Delhi planean incrementar el volumen de comercio bilateral hasta los US$20 mil millones.

    Serguei Ivanov explicó porque Rusia está especialmente interesada en el mercado indio. Rusia exporta a la India la maquinaria y altas tecnologías con alto valor añadido que representan casi una mitad de exportaciones rusas a este país, mientras que la cuota del petróleo y gas en el comercio bilatera asciende a un 5%. Es lo que quiere conseguir Moscú en la cooperación económica con sus socios internacionales.
    Por su lado, el presidente de la Confederación de la Industria India, Balasubramanian Muthuraman, destacó que la India quisiera aumentar las exportaciones a Rusia de automóviles, fármacos, equipos y maquinaria, productos petroquímicos así que productos de la industria textil y artículos de cuero.

    El mercado de consumo ruso es atractivo para un gran número de importadores de los países industrializados y emergentes porque muestra una dinámica positiva en el período de poscrisis. Según los datos del Servicio Federal de Estadísticas de Rusia (Rosstat), el el comercio minorista ruso creció un 4,4% en 2010.

    Pero en caso de que empiecen a realizarse los planes de la nueva industrialización anunciados por las autoridades rusas es posible que aumente la oferta y, por consiguiente, la competencia en el mercado ruso será más dinámica.
    Los productores ruso aspiran fortalecer sus posiciones en al menos dos los sectores mencionados por Muthuraman, la producción de automóviles y fabricación de ropa.

    En el período de poscrisis, las plantas automovilísticas rusas aumentan la producción a ritmo récord. Según estimaciones de ASM Holding, la producción anual de automóviles en Rusia creció en el primer trimestre de 2011 un 92,7%. Lo más probable es que esta tendencia se mantenga durante los próximos años.
    Los fabricantes de modelos extranjeros desempeñaron un papel importante en el crecimiento de indicadores de la industria automovilística ruso. En el primer trimestre de 2011, este sector creció un poco más rápido que en la industria en promedio, 97,9% contra 96,3%.

    Es explicable. Durante la crisis, varios fabricantes pararon temporalmente la producción, otros acaban de aparecer en el mercado ruso. Hoy en día, estos últimos alcanzaron la capacidad proyectada de producción, lo que evidencia que la industria automovilística mantendrá la tendencia al crecimiento a corto plazo.

    Además, existe un estímulo adicional. Según las nuevas normas de ensamblaje industrial, que entraron en vigor en febrero pasado, dentro de varios años, los fabricantes extranjeros deben alcanzar la capacidad de producción de 300 mil automóviles anuales.

    A diferencia del sector automovilístico, la industria textil rusa pasa por tiempos difíciles. Los fabricantes del sector textil apenas logran hacer frente a las embestidas de la competencia extranjera.
    En la actualidad, la cuota de las empresas nacionales en el mercado de ropa ruso se mantiene, según las estimaciones de Nadezhda Samoilenko, en un 18-20%. Y las tendencias no son demasiado alentadoras: en el primer trimestre de 2011 los volúmenes de las importaciones en términos anuales pasaron de 1.040 millones a 1.640 millones de dólares.

    Las importaciones de productos baratos y los artículos todavía más baratos traídos de contrabando son el principal problema para la industria textil rusa desde los años 90. Los artículos de consumo masivo procedentes de Turquía y China hicieron que, entre 1990 y 1997, el volumen de producción de la industria textil rusa se redujera en 7.5 veces. Tan sólo entre 2008 y 2009 el sector perdió 100.000 puestos de trabajo, es decir, un 25%.

    A pesar de esto, los representantes de la industria textil de Rusia se plantean el ambicioso objetivo de arrebatarles la iniciativa a sus competidores chinos y convertir a Rusia en el “taller de costura” de las empresas europeas y de otros países si el gobierno ruso les proporciona a los fabricantes nacionales las mismas condiciones de trabajo que tienen los fabricantes chinos.

    Todo parece indicar que la mano de obra barata ya no figura entre las ventajas competitivas de las empresas chinas. Los sueldos de los empleados de las fábricas que producen ropa suponen tan sólo un 10-15% del precio de fabricación en Rusia (como en China), mientras que el 50% son costes de la materia prima.

    Los competidores principales de Rusia, Turquía y China, disponen de las propias base de materias primas y, además, los fabricantes chinos gozan de condiciones tributarias y crediticias preferentes.
    Poco a poco el traslado de las fábricas a regiones con mano de obra barata para reducir el precio de productos deja de convenirle a Occidente. La crisis hizo que los países desarrollados se preocuparan por sus propios fabricantes y la creación de puestos de trabajo en el sector industrial parece haberse puesto de moda.

    Si hace 15 o 10 años, los países industrializados competían por librarse cuanto antes de las fábricas, hoy en día, Europa y EEUU empezaron a competir por crear nuevos puestos de trabajo. Esta tarea parece difícil, ya que los empresarios acostumbrados a minimizar los gastos prefieren invertir en las plantas industriales en China y la India.

    Para poder atraer inversiones, las autoridades europeas están dispuestas a subvencionar la creación de puestos de trabajo, indica el presidente de la organización social “Rusia empresarial” Alexándr Galushka. Podría tratarse de un 20% de subvenciones en los sectores tradicionales y de hasta un 80% en los innovadores.

    En Rusia ni se sueña con eso, las aspiraciones de los fabricantes se limitan a unas condiciones tributarias más favorables y a la concesión de préstamos preferentes.
    Además, el primer ministro ruso, Vladímir Putin, al pronunciar un discurso en el VII foro anual de “Rusia Empresarial” celebrado en mayo pasado, declaró que en los próximos 15 años es necesario crear en Rusia 25 millones de nuevos puestos de trabajo.

    Entretanto, según Putin, el aumento al doble de la productividad del trabajo durante los próximos 10 años contribuirá a desplazar puestos de trabajo de poco prestigio e insuficientemente pagados de la economía nacional.
    La tarea de crear millones de nuevos puestos de trabajo es complicada pero realizable. Según estimaciones de expertos rusos, la India crea hoy por hoy hasta 10 millones puestos de trabajo anualmente, China, hasta 5 millones.
    Es evidente que hay muchos obstáculos en este camino. Si las autoridades rusas deciden sustituir los productos importados por los de fabricación nacional afrontarán una fuerte resistencia política y económica. Nadie está dispuesto a perder mercados perspectivos.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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