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    Grecia opta por vivir con austeridad y el euro tiene un respiro

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    El pasado 29 de junio, el parlamento griego aprobó el nuevo programa de austeridad y recortes sociales.

    El pasado 29 de junio, el parlamento griego aprobó el nuevo programa de austeridad y recortes sociales. Esta decisión es de mucha importancia para el gobierno griego porque  de este modo podrá obtener nuevos créditos de la UE y el FMI pero casi no contribuye a superar la crisis de deuda soberana del país.

    Entretanto, nadie puede garantizar que las medidas aprobadas se harán realidad.

    Rumores sobre el colapso del euro son exagerados

    En todo el mundo financiero, en la prensa y medios noticiosos electrónicos de Europa abundan vocablos alusivos a la situación en Grecia: tragedia, crisis, apocalipsis, etc.

    Es lógico. Los problemas suscitados por la crisis de deuda soberana griega son muy serios. ¿Dejará de existir la eurozona? ¿Sobrevivirá el euro? ¿Está la Unión Europea al bordo del abismo?

    En el mar de rumores sobre el tema griego las últimas semanas, hay muchas emociones que, de hecho, parece que estamos en la antesala del apocalipsis.

    Es difícil recordar cuándo un problema relacionado con Grecia ha suscitado una polémica tan aguda en Europa, en la que lo real y lo imaginado casi no se distinguen.

    En realidad, la UE no está al borde del abismo y los rumores sobre su posible desintegración son demasiado exagerados. La crisis griega tan sólo puso de relieve un gran número de defectos en la estructura de la UE aunque todos, incluidos los llamados padres fundadores, sabían de su existencia.

    Todos tienen la responsabilidad

    Uno de los problemas consiste en que la UE dispone de un mercado común y de la moneda común, pero le falta una política económica y una disciplina financiera común. La propia Comisión Europea es responsable de esto.

    Por ejemplo, tras la introducción virtual del euro en 1999 (en realidad, la moneda europea empezó a circular desde 2002), de los 11 estados que en aquella época formaron la zona del euro, a la que Grecia se adhirió en 2001, tan sólo 5 países tenían un déficit público inferior al límite establecido del 3% del Producto Interno Bruto (PIB).

    Después, todos, a excepción de Alemania de vez en cuando, infringieron las restricciones estipuladas en el Tratado de Maastricht.

    Por otro lado, el mercado común europeo se estableció mucho antes de la institución oficial de la UE en 1992, sobrevivió varias crisis y demostró que la Unión Europea es un organismo viable, autorregenerable y con instinto de conservación.
    Los lazos económicos son muy estrechos en Europa y su posible ruptura conllevará consecuencias mucho más graves que la crisis financiera global de 2008 y 2009.

    Esta claro que el problema de Grecia es más complicado, pero está exagerado también.

    Ante todo, los propios griegos no quieren abandonar la eurozona. Atenas entiende muy bien que en este caso la economía griega quedará unos 25 o 30 años atrasada en su desarrollo respecto a la UE.
    Además, la legislación de la UE no esipula una posible salida de la eurozona. Aún el regreso de la antigua moneda nacional griego, el dracma, no tendrá ningún efecto, ya que las deudas del país quedarán fijadas en euros.

    En realidad, existe una solución del problema griego y hoy en día, un gran número de economistas preguntan porqué no se ha recurrido a esta medida antes. Fue necesario reestructurar la deuda griega, perdonar una parte de esta deuda y reducir la relación entre la deuda pública (unos €355 mil millones) y PIB de Grecia que hoy en día ronda un 160% hasta un 80%.

    En este caso, sería mucho más fácil ayudar a Grecia. Y Bruselas es capaz de hacerlo. El organismo único de la UE es la primera economía del mundo. En 2010, el PIB de los 27 países comunitarios ascendió a 16,2 billones de dólares y el de Estados Unidos tan sólo a 14,6 billones, según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). De esta manera, la UE bien puede amortizar una parte de la deuda griega.

    A juzgar por todo, esto se hará realidad. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, convenció a los bancos privados de Francia en la necesidad de comprar bonos de la deuda griega de 30 años. Esto dará a Atenas recursos adicionales.

    La cancillera alemana, Angela Merkel, también hace todo lo posible para convencer a los bancos de Alemania seguir este ejemplo. Los mercados reaccionaron de inmediato al elevar la cotización del euro.

    ¿Puede la cola menear el perro?

    Hoy en día, es difícil pronosticar cuánto más continuará esto y si merece la pena guardar los ahorros en euros? Entretanto, el euro sigue siendo una moneda fuerte. Por ejemplo, China sigue conviriendo sus recursos monetarios en euros con el fin de diversificar la cesta de divisas.

    Está claro que sería imprudente guardar los ahorros en bancos griegos, una parte de los que inevitablemente atravesarán momentos difíciles. Pero esto ya es un problema local de Grecia y una gran parte de la población griega perderán sus ahorros debido a la crisis.

    Es necesario tener en cuenta que Grecia no desempaña un papel clave en la eurozona mientras que las principales transacciones financieras con el uso del euro se realizan entre Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Italia y España.

    Aún en caso de que Grecia tenga que abandonar temporalmente la eurozona, la UE dispone de un mecanismo seguro de estabilización del euro como el Banco Central Europeo. Este organismo ya demostró su mejor capacidad de contribuir al fortalecimiento de la moneda europea en comparación con el Sistema Federal de Reserva de EEUU y el Banco de Inglaterra.

    En general, la situación en la que está el euro no es tan peligrosa como se describe. Las malas lenguas dicen que los bancos europeos prorrogan la “agonía griega” para obtener la ayuda gubernamental para satisfacer sus propios intereses. El egoismo es propio para el sistema bancario.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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