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    Fiodor Lukiánov

    20 años de la tragedia balcánica

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    Opinión & Análisis
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    Hace 20 años, el 25 de junio de 1991, dos ex repúblicas de la antigua Yugoslavia, Eslovenia y Croacia, proclamaron su independencia.

    Hace 20 años, el 25 de junio de 1991, dos ex repúblicas de la antigua Yugoslavia, Eslovenia y Croacia, proclamaron su independencia.
    Aunque las tensiones políticas en la República Federativa Socialista de Yugoslavia, provocadas por el odio interétnico, remontan a tiempos aún más remotos, fue esta la fecha del estallido del conflicto violento de los Balcanes, a raíz del cual en el mapa de Europa aparecieron siete (por ahora) nuevos estados. 

    La historia de los Balcanes de los 1990-2000 manifestó que en la sociedad europea contemporánea y, al parecer, desarrollada y civilizada, fácilmente pueden desencadenarse los conflictos religiosos y étnicos nacidos en el pasado lejano.

     Manifestó también que el nazismo beligerante va destruyendo los brotes del desarrollo normal. Y que las buenas intenciones de los que se encarguen de imponer la paz desde fuera se vuelven un cinismo manifiesto, cuando la práctica del doble rasero se da por la victoria de la moral.
    La tragedia de los Balcanes del fin del siglo XX todavía no ha alcanzado su fin. Todavía no se ha llevado al cabo la delimitación de las fronteras final, no está claro el futuro de los pueblos que habitan esta parte del continente europeo. Ahora el problema es que los organismos europeos y euro-atlánticos que, en sus tiempos, se atribuyeron el derecho de decidir sobre el destino de la región, están perdiendo sus capacidades de implementar sus antiguos planes.

    De todas las repúblicas nuevas, la única que está más o menos bien, es Eslovenia. Esta república logró salir de la Federación sin obstáculos, no se considera a sí misma un país balcánico, y es miembro tanto de la OTAN como de la Unión Europea (UE). Croacia se adhirió a la OTAN, pero Zagreb no logró aprovecharse del ensanchamiento de la UE del 2007 debido a la historia con el general Ante Gotovina, acusado de crímenes contra serbios pero considerado un héroe por la población croata, cuya extradición al Tribunal Penal Internacional de la Haya fue un tema de muchas dudas en el país. Más tarde, la UE, hundida en sus propios problemas, ni pensó en admitir a algún miembro nuevo. Uno de estos días, la Comisión Europea anunció que Croacia podría entrar en la Unión en 2013. Es curioso que no toda la población croata aplauda esta novedad: el que Gotovina hace poco fuera condenado a 25 años de prisión, así como los problemas económicos de la UE que van agravándose, hacen dudar a muchos de los croatas que sea oportuno entrar en la UE. 

    Serbia ha cumplido con casi todas las exigencias del Tribunal de la Haya: se considera que la extradición de Ratko Mladic fue el paso principal hacia las negociaciones acerca de la integración en la UE. La nación se dividió en dos, pero después de una secuencia de guerras perdidas, el pueblo fatigado de la inexperiencia de sus líderes ya no es capaz de protestar de manera activa.

    Pero la admisión de Serbia dependerá no tanto del propio Belgrado: la UE va a considerar a todos los aspirantes de la región a la vez. Montenegro no tendrá dificultades, porque ya ahora, de facto, es una parte de la Eurozona y del espacio económico europeo. El desacuerdo entre Macedonia y Grecia acerca del uso de término Macedonia, que dura desde hace 20 años ya, llevó a que hace 3 años Atenas bloqueó la entrada de Skopie en la OTAN. Grecia jamás dejará que lo admitan en la Unión Europea.

    Albania, miembro de la OTAN y uno de los países  europeos con el mayor número de problemas socio-económicos, se encuentra en condiciones deplorables. Kósovo  todavía no está reconocido por cinco países de la UE. Sin embargo, su posición es más fácil: le dejarán entrar junto con los demás, ya que es un territorio del protectorado europeo y será peligroso dejarlo sin supervisión. Es poco probable que Belgrado se oponga en serio; porque ya no tiene sentido.

    Bosnia y Herzegovina es el legado más problemático de los 1990. El estado fue creado de manera artificial después de la guerra civil, y desde entonces se encuentra bajo administración occidental y nunca ha superado su crisis política. Los líderes de la República Srpska que forma parte del estado no dejan de buscar puntos débiles de los Acuerdos de Dayton aspirando a alcanzar una independencia completa.  La segunda parte integrante de la República, la federación de población bosnia-musulmana, queda sin gobierno desde las elecciones del año pasado. Las comunidades siguen firmes en su deseo de separarse.

    La  posición del Occidente de los mediados de los 1990, cuando fue creada Bosnia y Herzegovina,  es opuesta a la de los fines de 2000, cuando se decidía sobre la separación de Kósovo.  En 1995 a las comunidades étnicas del país que había vivido conflictos internos violentos les hicieron quedar unidas dentro de un estado multicultural. En 2008, al revés, fue admitida la separación de Serbia y Kósovo, porque era más fácil que hacerlos seguir juntos. La viabilidad de Bosnia y Herzegovina no parece garantizada, pero una nueva repartición del territorio en la Península Balcánica es una pesadilla para toda Europa, y sobre todo ahora. Por eso es tan importante precisamente la integración de Bosnia en la UE y en la OTAN: sólo así será posible su evolución controlada.

    Sin embargo, aunque todos los países balcánicos que aspiren a entrar en la UE se desarrollen de la manera más favorable, no se tratará de una integración rápida. La UE está atravesando una profunda crisis conceptual, por lo cual la opinión pública y los políticos son muy reacios a la propia idea de admitir a unos miembros nuevos y problemáticos. La UE se someterá a transformaciones internas fundamentales y nadie puede adivinar cómo será dentro de unos años. En esencia, los países candidatos a la entrada aspiran a una unión que ya no funciona. Pero el círculo vicioso y paradójico de la cuestión consiste en que sin la protección de la UE (la OTAN es mucho menos útil en este sentido)  la frágil paz en los Bacanes puede ponerse a degradar, creando problemas enormes para el resto de Europa. La historia que empezó hace 20 años está todavía muy lejos de su conclusión.

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    * Fiodor Lukiánov, es director de la revista “Rusia en la política global”, una prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la política exterior de Rusia y el desarrollo global. Es autor de comentarios sobre temas internacionales de actualidad y colabora con varios medios noticiosos de Estados Unidos, Europa y China. Es miembro del Consejo de Política Exterior y Defensa y del Consejo Presidencial de Derechos Humanos y Sociedad Civil de Rusia. Lukiánov se graduó en la Universidad Estatal de Moscú.

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