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    Obama juega la carta de Rusia de cara a los comicios presidenciales

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    Esta semana, en Nueva Hampshire ha celebrado el primer debate importante entre los aspirantes republicanos a la presidencia de EEUU.

    Esta semana, en Nueva Hampshire ha celebrado el primer debate importante entre los aspirantes republicanos a la presidencia de EEUU.

    Estos debates representan una parte de la estrategia del Partido Republicano dirigida a neutralizar la ofensiva del presidente estadounidense en ejercicio, Barack Obama, lanzada en abril pasado en el marco de su campaña electoral de cara a las presidenciales de 2012.

    Posible capitulación de los republicanos

    A juzgar por los resultados de los comicios intermedios  en el verano de 2011, la posición del actual mandatario de EEUU es demasiado fuerte.

    Al anunciar súbitamente el inicio de su campaña electoral, Obama impidió a los republicanos desarrollar una estrategia sutil para promover a su candidato a la presidencia y, lo que es más importante, elegir este candidato para los próximos comicios.

    En el debate en Nueva Hampshire participan siete políticos cuyas posturas respecto a la mayoría de problemas no coinciden, a excepción a crítica rigurosa del presidente en funciones.

    Parece que Obama tiene intenciones de recibir el apoyo tanto del Partido Demócrata como del Republicano en las presidenciales a celebrarse en noviembre de 2012, es decir, presentarse como el líder nacional sin alternativa. En este caso, su triunfo está garantizado.

    Para lograrlo el inquilino de la Casa Blanca debe minimizar los riesgos y llegar a una fórmula de compromiso con los dirigentes del partido republicano al convencerles del absurdo presentar un candidato condenado a la derrota.

    Próximamente saldrá a la luz pública si lo republicanos lo aceptarán o decidirán continuar la lucha. Entretanto, parece que este acuerdo potencial afectará directamente los intereses de Rusia.

    Deeste modo, Rusia volverá a convertirse en un factor importante en la lucha política interna de EEUU por primera vez desde los tiempos de la guerra fría. Esta vez, Obama puede poner a la carta el reinicio de relaciones ruso-estadounidenses.

    El juego con Moscú ya comenzó

    En teoría, Obama tiene dos posibilidades. Puede convencer a sus opositores que la nueva política en las relaciones con Rusia dirigida a democratizar el gigante euroasiático y promover los valores occidentales beneficiará a los intereses de Washington.

    Si esto es imposible, puede demostrar su disposición de cambiar las relaciones con Moscú hasta acarrear una confrontación política y presentar a Rusia como país que no ha podido aprovechar la posibilidad de integrarse en una “comunidad de naciones civilizadas”.

    En este caso, los republicanos no podrán criticar a Obama por ser demasiado liberal con Rusia lo que afecta los intereses de EEUU y su seguridad nacional.

    El análisis de desarrollo de la lucha política interna en EEUU muestra que los republicanos ya se han hecho los primeros pasos en esta dirección.

    En la prestigiosa revista estadounidense Foreing Policy ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), James Woolsey, y Rebecca Heinrichs de la Fundación para la Defensa de las Democracias acusaron a Barack Obama de traicionar intereses nacionales y dejarse llevar de la rienda por los rusos.

    La misión importante de poner en juego las relaciones con Rusia en el marco de la campaña presidencial de Barack Obama la debe cumplir uno de los más célebres expertos en asuntos sobre Rusia e ideólogo del reinicio de las relaciones entre EEUU y Rusia, Michael McFaul, que se prepara para encabezar la embajada de EEUU en Moscú en otoño del año en curso.

    Relaciones ruso-estadounidenses pueden enfriarse

    Obama acertó con el candidato a ocupar el puesto tan importante. McFaul es autor de varias monografías sobre el proceso de transición a la democracia. Además, sabe bien a Rusia, su historia y las peculiaridades de su sistema político, así que tiene contactos necesarios con altos cargos del gobierno ruso.

    Las tareas de McFaul son evidentes. Ante todo, debe convencer a las autoridades rusas a hacer una serie de concesiones o emprender acciones que pueden interpretarse como concesiones en materia de la política exterior para probar al Partido Republicano que el curso de Obama respecto a Moscú es correcta.

    Además, McFaul está encargado de trabajar en estrecha cooperación con todas las fuerzas políticas rusas con el fin de apoyar en las elecciones presidenciales de Rusia que se celebrarán en marzo de 2012 al candidato que sea el más oportuno para la Casa Blanca.

    En caso de que un político autoritario gane los comicios presidenciales en Rusia McFaul deberá formar una oposición competitiva capaz de ejercer presión sobre el nuevo líder ruso que responda a los intereses de EEUU.

    Parece que Obama juega un partido sin perder. Si Rusia hace concesiones, en particular, en tales asuntos como el sistema de defensa antimisil estadounidense en Europa, Libia o Irán, esto seguramente justificará el reinicio de relaciones con Rusia criticado por los republicanos.

    En caso contrario, la retórica del mandatario estadounidense respecto a Moscú se hará más rígida, lo que probará su disposición de cambiar del curso. En este caso, Obama también podrá gozar de apoyo garantizado de sus opositores políticos, los republicanos.

    Hoy en día, la última versión de desarrollo de los acontecimientos parece más probable. Así las cosas, se puede esperar un enfriamiento de las relaciones ruso-estadounidenses hacia el verano de 2012, tras las elecciones presidenciales en Rusia que se celebrarán en marzo y en la antesala de los comicios en EEUU a celebrarse en noviembre.

    Estos cambios podrán ser causados por la imposibilidad de superar las contradicciones respecto a la creación del escudo antimisil estadounidense en Europa.

    Es curioso que al inicio del mandato presidencial de Barack Obama el reinicio de relaciones entre Rusia y EEUU hayan sido un éxito importante en la agenda internacional, pero para ganar las nuevas elecciones y quedarse en la Casa Blanca durante cuatro años más el presidente estadounidense puede apostar por enfriar las relaciones con Rusia y “luchar por la democracia” reprimida por el Kremlin autoritario.

    Parece que en el período de 2009 a 2012 las relaciones ruso-estadounidenses pasan por el mismo ciclo como en la época del gobierno de George W. Bush, desde su reunión con el entonces presidente ruso, Vladímir Putin, en Ljubljana, Eslovenia, en 2001 hasta la llamada Revolución Naranja en Ucrania en 2004. Desde las declaraciones sobre el desarrollo de la cooperación hasta la confrontación abierta.

    En la historia también hay lugar para la ironía.

    *Alexei Pilko es profesor de la facultad de política mundial de la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI


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