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    El Día de Rusia recuerda el documento que salvó a Rusia

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    Desde 1992 nuestro país celebra el 12 de junio el Día de Rusia y sin embargo, hasta ahora no hay una noción clara del motivo de esta celebración.

    Desde 1992 nuestro país celebra el 12 de junio el Día de Rusia y sin embargo, hasta ahora no hay una noción clara del motivo de esta celebración.

    Esta fiesta nunca se proclamó oficialmente como Día de la Independencia, pero una significativa parte de la población lo considera como tal.

    Un sondeo de la opinión pública llevado a cabo el año pasado reveló que ésta es la opinión del 43% de los ciudadanos de Rusia.

    Es evidente que la confusión existente se debe al antiguo nombre de esta fiesta que se usó hasta 1998: entre 1992 y 1998 el 12 de junio se celebraba el Día de la Aprobación de la Declaración de la Soberanía Estatal de Rusia. Y la gente vincula la palabra “soberanía” con una completa independencia del Estado ruso.

    Sin embargo, la Historia nacional ha sido mucho más complicada y en la época de Mijaíl Gorbachov, cuando se aprobó dicha Declaración, la palabra “soberanía” tenía un significado algo diferente. Implicaba únicamente la existencia de ciertos atributos del Estado, pero en el marco de la Unión Soviética.

    Al aprobar el 12 de junio de 1990 la Declaración de la Soberanía Estatal de Rusia, los miembros del Congreso de los Diputados del Pueblo de la República Soviética Federativa Socialista de Rusia no aspiraban en absoluto a abandonar la URSS. Se trataba de la concesión a Rusia de los atributos estatales de los que gozaban otras repúblicas de la Unión Soviética.

    Lo que pasaba era que Rusia, como parte integrante de la URSS, no tenía su propio Partido Comunista, que era en aquel momento el órgano principal del poder estatal; el idioma ruso, además, no era considerado como la lengua nacional, sino como una “lengua común de comunicación de las distintas nacionalidades”, etc. Rusia fue privada de manera deliberada de los atributos del Estado en el momento mismo de la creación de la URSS.

    La nación rusa fue la base de la URSS, uniendo entre sí unas naciones tan dispares como por ejemplo las de los Países Bálticos y del Asia Central. Se buscaba con ello que el destino del pueblo ruso estuviera ligado para siempre con la Unión Soviética, ya que, sin disponer de los atributos del Estado, se vería en la necesidad de aferrarse a la URSS a toda costa.

    Para mediados de 1990 esta situación empezó a entrañar cierto peligro: en marzo del mismo año Lituania anunció su completa independencia y algo más tarde votó lo mismo el Parlamento de Estonia. De manera paulatina empezaron a observarse ánimos independentistas en las regiones autónomas existentes dentro de las antiguas Repúblicas Soviéticas.

    Había ya una guerra latente entre Armenia y Azerbaiyán por la zona de Alto Karabaj que formalmente seguía siendo una región autónoma dentro de Azerbaiyán. Y Rusia, mientras tanto, no disponía de nacionalidad propia.

    Así, tuvo una especial importancia el punto 11 de la Declaración que disponía: “en todo el territorio de la República Soviética Federativa Socialista de Rusia (RSFSR) se introduce la nacionalidad republicana de la RSFSR. Cada ciudadano de la RSFSR mantiene también la nacionalidad de la URSS. Los ciudadanos de la RSFSR que permanezcan fuera de sus fronteras se encontrarán bajo la protección y tutela de la RSFSR”.

    En aquel momento fue una declaración muy importante: todos se acordaban del destino de los refugiados armenios y rusos que escaparon de la capital de Azerbaiyán, huyendo de los pogroms de finales de 1989 y comienzos de 1990.

    La nacionalidad soviética no sirvió para proteger a aquella gente de los desórdenes y Armenia no hacía grandes esfuerzos para concederles el estatus de refugiados, porque no tenían nacionalidad armenia, sino la común soviética.

    Y entonces quedó patente que seguir siendo “ciudadano de la URSS” era peligroso. Cuando la casa común arde, uno ha de cuidar su propio apartamento. Dadas estas circunstancias, la Declaración fue aprobada por 907 votos a favor y sólo 13 votos en contra.

    A favor votaron tanto los demócratas como los comunistas que posteriormente mostrarían su oposición a los acuerdos que llevaron a la creación de la Comunidad de Estados Independientes y que significaron el fin de la URSS (e incluso apoyarían a los golpistas de 1991, que intentaban impedir la firma de un nuevo Acuerdo sobre la Unión, que se suponía había de modificar las estructuras de la Unión Soviética).

    “Los diputados que habían estado en desacuerdo en un sinnúmero de temas se mostraron unidos por el asunto de la soberanía de Rusia”, recuerda uno de los participantes del Congreso.

    ¿Permitió la Declaración que el entonces presidente del Parlamento ruso, Boris Yeltsin, y su equipo avanzaran un paso más hacia el poder? Sin duda.

    Además de implantar los atributos “soviéticos” del Estado, la Declaración contenía un artículo bastante confuso que fijaba la independencia de las autoridades de la RSFSR a la hora de “solucionar todos los problemas de la vida estatal y social, sin perjuicio de las potestades que sean cedidas por la República a la URSS”.

    Y otro párrafo suspendía “las normas y actos administrativos de la Unión Soviética que entren en contradicción con los derechos de soberanía de la RSFSR”.

    Sin embargo, no fueron los artículos de la Declaración del 12 de junio de 1990 los que condujeron a la desintegración de la URSS, sino el curso mismo de la Historia.

    El fin de la Unión Soviética fue propiciado por la debilidad y escasa competencia de las autoridades soviéticas que se mostraron incapaces de controlar la situación en el territorio de toda la URSS.

    En estas condiciones, la Declaración no fue un material explosivo sino, al contrario, un salvavidas que ayudó a la parte más grande la Unión Soviética a mantenerse a flote porque, en el momento de la desintegración de la URSS, Rusia ya contaba con Estado, presupuesto y ciudadanía propios.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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