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    Occidente reflexiona sobre la conveniencia de apoyar a Saakashvili

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    Manifestaciones de la oposición en Georgia (22)
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    La comunidad internacional, y Washington en primer lugar, revisará, sin duda alguna, su actitud hacia el líder georgiano, Mijaíl Saakashvili, a raíz de los acontecimientos del pasado 25 de mayo en la capital del país, Tbilisi.

    La comunidad internacional, y Washington en primer lugar, revisará, sin duda alguna, su actitud hacia el líder georgiano, Mijaíl Saakashvili, a raíz de los acontecimientos del pasado 25 de mayo en la capital del país, Tbilisi.

    El mundo se indignó por la violencia utilizada por la policía para disolver las protestas de la oposición con garrotes, gas lacrimógeno y balas de goma.

    “El último dictador” y “el primer demócrata”

    Por extraño que parezca, existen rasgos comunes entre el “primer demócrata” del Cáucaso, Saakashvili, y “el último dictador” de Europa, el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, quien suprimió de manera igualmente  violenta las manifestaciones de la oposición en Minsk, tras su reelección el pasado  invierno.

    Hay que reconocer el derecho de ambos presidentes a restablecer el orden y dispersar manifestaciones ilegales. Y no obstante, en ambos casos se observa falta de objetividad al momento de hacer una interpretación política de lo sucedido.

    La opinión preconcebida de EEUU sobre el jefe de Estado georgiano (que hace un año designó a Georgia mil millones de dólares) se explica con la célebre frase del presidente Roosevelt sobre el dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza: “Será un bastardo, pero es nuestro bastardo”.  Sin embargo, la disolución violenta de la manifestación, en el curso de la cual pereció un policía (de lo que intentaron acusar al líder de opositores, Ninó Burzhanadze) reveló un cambio en la opinión en Occidente. 

    Es que en nuestros tiempos turbios, tiempos de las revoluciones árabes, de la ola de protestas contra el autoritarismo en todo el mundo, es muy difícil ignorar  manifestaciones de repudio contra un régimen que ya ha mostrado rasgos autoritarios.

    La prensa estadounidense y europea reconoce que el cambio de mente acerca de Georgia, así como el cambio de ánimos dentro del propio país, sería más drástico aún si no fuera por la vecindad con Rusia.

    La separación de Saakashvili de Georgia

    Este proceso de reevaluación de la política georgiana irá ganando fuerza, tras los acontecimientos de los fines de mayo. Es poco probable que acarree el cambio del poder anticipado, nadie lo augura hasta el 2013, a menos que la oposición gane fuerzas suficientes para ello (lo que por ahora es dudable).

    Pero el cambio de actitud hacia Saakashvili sí que tendrá lugar. Ya son más los que entienden que la democracia y Saakashvili, así como Georgia y Saakashvili, no son sinónimos.

    Esto se refiere incluso a la administración estadounidense. Jackson Diehl, columnista de Washington Post, comentó: “La verdad es que para EEUU le sería mucho más fácil defender Georgia y la democracia georgiana, si no tuviera que defender al propio Saakashvili y si no dependiera de éste. Los ataques públicos contra él por parte de Putin y Dmitri Medvédev, que le habían llamado en el público “lunático” y “bastardo”, contribuyeron a fortalecer las posiciones de Saakashvili tanto en Washington como en Tbilisi”. Así decimos cuando entendemos que un hombre ya se ha convertido en un agobio para nosotros, pero “es nuestro bastardo ” y tenemos que defenderle.

    Aquí está la opinión de Paul Sainders, ex director executivo de la Fundación Nixon: “Mientras que el presidente georgiano sea capaz de utilizar Washington para cambiar la dinámica de las relaciones ruso-georgianas, le dará igual si EEUU es democracia, teocracia o si el gobernado por marcianos”.

    Es cierto que Mijaíl Saakashvili obtuvo en EEUU unos buenos conocimientos de cómo manipular la opinión pública y a sus donantes.

    En 2009, en vísperas de la visita a Georgia del vice presidente de EEUU Joe Biden, Saakashvili declaró reformas de elecciones (elecciones directas de los alcaldes) y prometió a la oposición su propio canal televisivo por cable en todo el territorio del país. Al propio Biden le rodearon de tantos cuidados que prometió e Saakashvili una alianza para siempre. A pesar de la poca importancia de aquello, el efecto propagandista fue fuerte.

    En verano de 2010 Tbilisi lo visitó la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Su visita fue importante para Georgia para entender hasta qué grado se podía contar con el apoyo de la administración de Obama. La oposición al régimen de Saakashvili iba creciendo, le abandonaban incluso sus aliados, y las simpatías por parte de EEUU le eran necesarias como el aire.

    En Tbilisi no ocultaban que si la secretaria de Estado pronunciaba al menos una vez algo como “las ilegítimas ocupaciones de los territorios georgianos” (refiriéndose a Abjasia y Osetia del Sur), la visita sería un éxito.

     Pero Clinton habló de manera más precavida, diciendo que “no estaban de acuerdo con la presencia de las tropas rusas en Abjasia y Osetia del Sur” y que “aunque EEUU y Rusia copresiden en el grupo Minsk de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa para el arreglo de la cuestión de Nagorno Karabaj, en la cuestión de Georgia no estaba de acuerdo con Rusia”. Clinton iba resaltando que a pesar del lanzado reinicio de relaciones entre Rusia y EEUU, no debían coincidir en todo. Lo mismo habría podido decir sobre las relaciones con Israel, Francia o Alemania. Aquellas declaraciones, aunque a primera vista podrían alegrar a los adversarios del reinicio ruso-estadounidense, no suponían ningunas obligaciones concretas por parte de EEUU. Las esperanzas del régimen de Saakashvili fracasaron.

    La propensión al autoritarismo

    La propensión de Saakashvili al autoritarismo había sido mostrada mucho antes de la dispersión de las manifestaciones (que ya había tenido lugar antes, en 2007) y antes de la Guerra de los Cinco Días de 2008. Incluso antes de que hubiera derrumbado a su patrón y beneficiador, Eduard Shevarnadze.

    “Creo que Mijaíl es propenso al autoritarismo”, - comentó Scott Horton, jurista estadounidense, catedrático de la escuela de Derecho de la Universidad de Columbia en Nueva York, profesor de Saakashvili  a mediados de los 1990 quien le ofreció más tarde trabajo en su bufete. Según Horton, esto se reveló posteriormente en su visión de prioridades presidenciales y las del poder, en la marginalización del parlamento y supresión de intervenciones opositoras. Pero no es la culpa de Saakashvili sólo: la historia de la región es basada en el autoritarismo.   

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI



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