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    Fiodor Lukiánov

    Georgia pisa terreno movedizo al abordar el tema del genocidio

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    Opinión & Análisis
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    El Parlamento de Georgia reconoció oficialmente el genocidio de los cherquesos (un grupo étnico del noroeste del Cáucaso) en el Imperio Ruso.

    El Parlamento de Georgia reconoció oficialmente el genocidio de los cherquesos (un grupo étnico del noroeste del Cáucaso) en el Imperio Ruso.

    El presidente del Comité parlamentario para la Defensa, G. Targamadze, propuso continuar el proceso judicial y plantear la cuestión sobre el genocidio de otros pueblos del Cáucaso del Norte también.

    El sentido y el objetivo de los pasos de Tbilisi son evidentes. Pero parece cuestionable que las autoridades georgianas hayan valorado los riesgos.

    Desde la Guerra de los Cinco Días, las relaciones entre Rusia y Georgia quedaron suspendidas, pero la situación en general es estable. Incluso los observadores extranjeros reconocen (de manera no oficial) que la entrada de tropas rusas en los territorios de Osetia del Sur y Abjasia en cierta medida reforzó la seguridad en la región porque cesaron las provocaciones en las zonas fronterizas.
     El establecido status quo de facto está reconocido por todos, aunque pasará mucho tiempo antes de que se trate del reconocimiento de jure.

    La parte rusa esperaba que el régimen de Mijaíl Saakashvili se fuera abajo pronto, pero estas esperanzas suyas fracasaron. El que perdiera la guerra incluso tuvo ciertos beneficios para él: los patrones occidentales no pudieron dejar Georgia sin apoyo político y, lo que es más importante aún, financiero, a pesar de que la actitud hacia el líder georgiano personalmente sí empeoró. Empezó un período de relativo aislamiento de Saakashvili, terminado en 2010 ya.

    Entonces Tbilisi se afrontó con un problema nuevo, la falta de interés por el tema georgiano. Las prioridades de EEUU y Europa cambiaron considerablemente, tanto debido a los acontecimientos en otras regiones del mundo, como debido a sus problemas internos. Pero las autoridades georgianas se dan cuenta de que la atención por parte del Occidente es su ventaja importante en el campo económico y de política exterior, por lo cual decidieron luchar por ganar esta atención. Hay sólo una manera de lograrlo: provocar otro conflicto con Moscú.

    El único campo en el cual Tbilisi puede ejercer presión sobre el Kremlin es la entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Pero sus posibilidades en este ampo tampoco son muchas, ya que Moscú nunca se pactará con ninguna de las condiciones que puedan afectar el reconocimiento de los dos nuevos estados. Si Tbilisi sigue poniéndole obstáculos, Rusia optará por renunciar a la entrada en la OMC, cediendo a Georgia en cierto sentido. Pero desde el punto de vista de la atención por parte del Occidente, esta postura inflexible de Georgia no le brindará ningunas ventajas: EEUU y la Unión Europea recomiendan que deje de impedir la entrada de Rusia, porque sacarían cierto provecho al ver a Rusia entre los miembros de la OMC.

    El tema del genocidio representa una herramienta política muy popular desde el desmoronamiento de la URSS. Pero hasta ahora fueron los representantes de los propios pueblos afectados quienes reclamaban reconocer el hecho del genocidio étnico.  Este fue el caso de golodomor o hambruna en Ucrania, el fusilamiento de polacos en Katyn, destrucción de Tsjinval en Osetia del Sur, el exterminio de georgianos en Abjasia.

    Esta vez el iniciador es una tercera parte, Georgia, que se agarró de los brotes de estas ideas que circulaban en la comunidad cherquesa. (Cabe mencionar la falta de atención al tema por parte de las autoridades rusas que no querían entender su importancia).

    El Cáucaso del Norte es el territorio más explosivo de Rusia y el punto más vulnerable para el Kremlin. Tbilisi, al escoger su blanco, lo entendía muy bien. Además, el tema de cualquier genocidio, debido a las peculiaridades de la media de hoy y de la distribución de la ideología humanitaria, atrae la atención mundial y tiene gran repercusión inevitablemente.
     Tanto más que se trata de los territorios vecinos al lugar de los próximos Juegos Olímpicos (algo semejante ya fue probado en Tíbet en vísperas de la Olimpíada en Pekín).

    Pero parece que Tbilisi no ve todas las consecuencias de sus acciones al iniciar este proceso tan delicado. La desestabilización en el Cáucaso del Norte puede alegrar a los políticos georgianos, pero que no se olviden de que Georgia puede verse afectada por los acontecimientos que se desarrollen a lo largo de sus fronteras.
     Así fue el caso de la guerra en Chechenia, cuando la vecina Georgia se vio afectada por muchas consecuencias suyas y fracasó a la hora de contrarrestar el flujo de los guerrilleros chechenos a su territorio. Lo mismo pasará en el caso de la agravación de cualquier otro conflicto. Pero tomando en cuenta que el ambiente internacional se ha hecho mucho más complicado, es difícil pronosticar las consecuencias.

    Además, Moscú no permitirá que Georgia continúe su labor subversiva en la región. Aunque Tbilisi comentó en varias ocasiones que no podía ser peor, porque Rusia ya la había privado de un tercio del territorio, esta postura puede ser errónea. Hay que tener en cuenta que Georgia es un país multiétnico, y la presencia en su territorio de enclaves armenio y azerbaiyano hace pensar que Rusia tiene cierta palanca de mando allí, porque ninguna sociedad conflictiva (y las relaciones entre las etnias dentro de la Georgia de hoy no son nada idílicas) puede evitar la influencia desde fuera.

    Si partimos de la idea de que Tbilisi se ha puesto el objetivo de atraer la atención del Occidente a todo precio, sacará provecho de la reacción de Moscú: al menos tendrá pretexto para solicitar apoyo de los países occidentales. Pero será un juego peligroso con resultado impredecible. Aunque EEUU (y no considero Europa debido a su ocaso político actual) se tome el riesgo de ayudar a Georgia de manera más activa que en 2008, puede verse involucrado en otro conflicto y dejar a su aliado a solas con sus problemas en cualquier momento, porque la actual situación internacional no parece nada estable.

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    * Fiodor Lukiánov, es director de la revista “Rusia en la política global”, una prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la política exterior de Rusia y el desarrollo global. Es autor de comentarios sobre temas internacionales de actualidad y colabora con varios medios noticiosos de Estados Unidos, Europa y China. Es miembro del Consejo de Política Exterior y Defensa y del Consejo Presidencial de Derechos Humanos y Sociedad Civil de Rusia. Lukiánov se graduó en la Universidad Estatal de Moscú.






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