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    Yeltsin y Gorbachov fueron presidentes que coincidieron en la misma madriguera

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    20 años sin la Unión Soviética (51)
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    El 24 de abril de 1991 entró en vigor la Ley sobre el presidente de la Federación de Rusia (RSFRS).

    El 24 de abril de 1991 entró en vigor la Ley sobre el presidente de la Federación de Rusia (RSFRS). La votación debió realizarse mediante el voto universal, secreto y directo, pero ya era evidente que adoptar aquella ley fue lo mismo que sembrar la semilla de la futura dualidad de poderes en un suelo político fértil destinado a cosechar agudos conflictos inevitables.

    Aunque la ley no hubiera sido redactada especialmente para Borís Yeltsin quien para ese entonces ya se encontraba en confrontación abierta con el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, cualquier otro candidato habría protagonizado una confrontación con su homólogo federal, independientemente de su postura a favor o contra de Gorbachov.

    Porque en todo caso, se trataba de compartir atribuciones, ministerios, y recursos.

    La alternativa entre un Moscú federal menos fuerte y un Moscú ruso más poderoso, por un lado, y la anulación del puesto del presidente de Rusia recién creado, por el otro, habría surgido en cualquiera de los casos.

    La simbiosis pacífica y la coexistencia tranquila de dos estados, uno de los cuales formaba parte del otro, era políticamente imposible. La dualidad de poderes clásica fue la consecuencia lógica de esta situación.

    Lenin, siendo uno de los políticos más destacados de la historia, escribió sobre una situación semejante lo siguiente: “¿En qué consiste la dualidad de poderes? En que junto al gobierno provisional, gobierno de la burguesía, aparece otro gobierno, débil, aún embrionario, pero existente sin duda alguna y en vías de desarrollo…”. En otras palabras, es cuando en el territorio de un país surgen dos centros del poder que desencadenan una competencia, si no una guerra, que puede partir el país en pedazos.

    Dicho esto, recordemos la situación del abril de 1991 en la URSS ilustrándola con casos concretos y analizando desde el punto de vista práctico.
     Existían dos centros de poder representados por Gorbachov y Yeltsin que ya estaban librando una guerra irreconciliable.

    Mientras tanto, las otras estructuras estatales de la RSFRS sí que existían “sin duda alguna” y se encontraban “en vías de desarrollo”, pero no podían considerarse ya débiles ni embrionarios, porque fueron lo suficientemente fuertes para establecer que la legislación y jurisdicción republicanas tuvieran prioridad en comparación con las federales.

    Lo único que faltaba era hacer al líder menor igualmente poderoso que al mayor, y esa tarea fue conseguida con la adopción de la Ley que hizo al presidente de Rusia más legitimo que el de la URSS, porque el presidente ruso fue elegido por voto universal, como fue previsto por el documento.
    Gorbachov renunció a organizar comicios para legitimizar su cargo y por eso, quedó políticamente más vulnerable frente a Yeltsin.

    ¿Entendían los Diputados del pueblo qué conllevaría el fortalecimiento del líder de una república? Una parte de ellos no sólo lo entendía sino que apostó conscientemente a su único candidato, Yeltsin.

    Pero no sólo sus partidarios votaron a favor de la Ley. Fue hecho un buen trabajo para que ocurriera aquello.

    Primero, el Congreso de los Diputados del Pueblo de la RSFSR tomó la decisión de celebrar un plebiscito sobre la introducción del cargo del presidente en Rusia. Por una ironía de la historia, esta votación fue realizada junto con el referendo sobre la conservación  de la Unión Soviética.

    En ambos casos la mayoría votó “a favor”, pero, a diferencia del referendo nacional, fue cumplida sólo la voluntad de los electores expresada en el plebiscito de Rusia. Fue un nuevo paso hacia el desmoronamiento de la Unión.

    Digo “nuevo”  porque, en la práctica, el proceso había empezado incluso antes de la votación por la introducción del cargo del presidente de la RSFSR. Empezó el 12 de junio de 1990, cuando más de mil diputados aprobaron la Declaración sobre la soberanía estatal de la república más grande que servía de eslabón principal de todo el sistema.

    Es lógico que declarado por los legisladores estado soberano, la RSFSR no podía prescindir de su propio dirigente plenipotenciario y legítimo. Luego fueron convocadas las elecciones, empezó la campaña electoral (pues, esto es un tema aparte que merece un artículo especial).

    La ley aprobada por los diputados fue concisa y describió al presidente como a una figura de poderes muy limitados. No tenía derecho a disolver el congreso de diputados del pueblo y el Soviet Supremo que, al mismo tiempo, tenían derecho a destituirle por una mayoría de dos tercios de votos y mediante la resolución del Tribunal Constitucional. Al parecer, se trataba de un principio de división de poderes clásico que funciona incluso en una república presidencial tan fuerte como EEUU.

    Los autores de la Ley del presidente de la RSFRS fueron juristas competentes que intentaron establecer un eficaz y armonioso sistema de contrapesos entre diferentes ramas de poder. Pero en realidad, llenaron la legislación de escollos que se dieron a conocer más tarde minando la capa superior de las autoridades rusas.

    Para el candidato principal al presidente, Borís Yeltsin, para el cual fue redactada la Ley, los límites marcados por legisladores resultaron demasiado estrechos desde el principio.

    Primero estuvo luchando por reconocimiento de facultades más amplias para sí por parte de los diputados, y al fracasar, disolvió al Congreso. Ya en otoño de 1993, la Ley histórica fue relegada al pasado.

    Pero aquello eran las consecuencias de las cuales ni Yeltsin ni su equipo creciente no pensaban en abril de 1991. En la época de la cual estuve hablando estaban simplemente preparándose para triunfar en las primeras elecciones del líder del Estado ruso.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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