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    Francia e Italia proponen cambiar la zona Schengen

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    El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, proponen modernizar la zona de Schengen de libre circulación.

    El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, proponen modernizar la zona de Schengen de libre circulación.

    Pretenden dotarla de una especie de mecanismos de cierre que bloquearán la entrada en la misma durante los períodos de “circunstancias especiales”.

    Tales circunstancias se dan justo ahora, a consecuencia de las “revoluciones árabes” y la afluencia de inmigración ilegal, particularmente desde Túnez.

    Roma teme que, tras el derrocamineto “humanitario” del régimen de Gadafi en Libia, los flujos migratorios no disminuirán, sino todo lo contrario. Desde Magreb a Europa ya llegaron 28 mil  inmigrantes ilegales. Los italianos pronostican que esa cifra muy pronto ascenderá a 50 mil.

    El “éxodo de Túnez”, es la punta del iceberg

    En realidad, no es mucho comparando con la cantidad de inmigrantes que llega a Europa a través del Mediterráneo, desde el Este, pasando por Turquía y Grecia.

    Provienen de los Balcanes el gran dolor de cabeza para las autoridades migratorias de la UE. Hubo tiempos cuando por allí ingresaban en la zona Schengen hasta 80 mil personas.

    Simplemente, el éxodo de Túnez resultó ser la punta visible de un gran iceberg formado por los problemas migratorios en el Viejo Mundo.

    Sarkozy y Berlusconi acordaron los detalles de su plan y formularon definitivamente sus propuestas durante la cumbre franco-italiana celebrada el 26 de abril en Roma.

    Resumiendo, los dos países instan a que la UE establezca  mecanismos que permitan el cierre temporal de las fronteras para impedir el flujo de indocumentados, y constituya un fondo especial de ayuda a los estados víctimas de estas “plagas egipcias”.

    En primer lugar, a los estados de la ribera sur del Mediterráneo, y de ellos, naturalmente, a Italia.

    Cabe adelantar que ni París ni Roma, sea juntos o por separado, pueden cambiar nada en el Acuerdo de Schengen de 1995. Para ello necesitan el consenso de todos los países de la UE.

    Las propuestas franco-italianas se enviarán a la UE y se debatirán el 12 de mayo durante un encuentro especial de Ministros del Interior que se reunirán con ese propósito.

    El mecanismo único de Schengen

    La zona Schengen de libre circulación no está amenazada por la desintegración en ningún caso. La integran 25 de los 27 países de la UE (excepto Gran Bretaña e Irlanda, que sí forman parte de los mecanismos de intercambio de información, datos personales, contactos fronterizos, etc.). Además, en ella participan Suiza, Noruega e Islandia.

    En la zona Schengen residen unos 400 millones de personas de los 500 que constituyen la población de la UE.

    Schengen es un mecanismo europeo demasiado importante y valioso para derrumbarlo por cualesquiera revoluciones periféricas. Lo máximo que se podría hacer es “tensarlo” como se tensa el encordado de una raqueta de tenis.

    Después de todo, costó un ojo de la cara ponerlo al punto, más de 4 mil millones de euros se invirtieron sólo en el acondicionamiento de las fronteras comunes. Y no es igual de fácil que abrir una puerta, es un complejo mecanismo de control con los pasos fronterizos modernizados en todas las entradas a Europa. Comprende, además, una amplia red de intercambio de información, bancos de datos, incluidos los de los servicios de migración, de policía y de inteligencia. Y, también, centros de formación de guardafronteras y funcionarios migratorios y estructuras flexibles de turismo y libre circulación de la mano de obra.

    Si Europa pierde Schengen se quedará “desnuda”, ya que el euro y la zona de libre circulación son los dos elementos más importantes de la integración europea cuyos partidarios más acérrimos siempre han sido Francia e Italia.

    Sin embargo, Sarkozy y Berlusconi, al igual que otros gobiernos europeos, ya estén en el norte, en el este o en el centro, no pueden dejar de ver lo que está sucediendo en el sur. Cuando la Gran Europa está a punto de rebosar, el euro por poco revienta y la “multiculturalidad” es una palabra sin sentido, es imposible ignorar los procesos malignos en las políticas europeas de inmigración.

    Además, los dos, Sarkozy y Berlusconi, se encuentran en una situación delicada. Sarkozy y su alianza gubernamental de centro-derecha retrocede ante el avance del Frente Nacional encabezado por Marine Le Pen. Y una de las promesas de Le Pen es renunciar al acuerdo de Schengen.
    Los índices de popularidad del actual presidente empezaron a caer en picado el año pasado, así que su única oportunidad de quedarse en el Palacio del Elíseo es luchar por una Francia para los franceses.

    Berlusconi, a su vez, consigue mantenerse en el Parlamento únicamente gracias al apoyo del partido xenófobo Liga del Norte, que amenaza con salir de la coalición e iniciar el proceso autonomista, o incluso independentista, en las provincias del norte de Italia, si Roma no detiene la afluencia de los inmigrantes ilegales.

    El problema, que aparentemente atañe sólo el sur de Europa, en realidad ya es casi general. En Alemania, Países Bajos, Bélgica, Austria los gobiernos centralistas y alianzas gubernamentales se ven obligados a tomar en cuenta el creciente descontento público suscitado por la inmigración ilegal.

    Incluso en Finlandia, que no tiene que enfrentarse a este problema, durante las elecciones parlamentarias de abril pasó al parlamento el partido con el significativo nombre de “Verdaderos Filandeses” convirtiéndose con sus 19% de escaños en la tercera fuerza política del país.

    Las medidas para controlar el flujo de los indocumentados contribuirían a fortalecer la zona de Schengen, aunque será más fácil que la UE se ponga de acuerdo con los países de orígen de los mismos. Esto requerirá gastos adicionales pero merece la pena.

    Las frustradas esperanzas de Rusia

    Todos estos procesos alejan la perspectiva de introducir el régimen sin visados entre Rusia y la Unión Europea. El objetivo tampoco estaba muy cerca pero tras las “revoluciones árabes” está más lejos que nunca.

    Los reportes optimistas, que anuncian que Rusia y la UE, por fin, acordaron la lista de medidas para dentro de un par de meses suprimir los visados, sólo demuestran el exceso de optimismo. De la lista de medidas al régimen sin visados hay una gran distancia. Y el documento que se dicutirá en la reunión del Consejo Permanente de Asociación UE-Rusia a mediados de mayo es sólo un documento técnico. Para llegar a suprimir los visados harán falta muchos documentos como éste y varios años de trabajo.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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