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    China planea lanzar su propia estación espacial

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    China planea en los próximos diez años poner en órbita una estación espacial que se llamará “Palacio Celestial”.

    China planea en los próximos diez años poner en órbita una estación espacial que se llamará “Palacio Celestial”.

    Más que palacio, por sus dimensiones recuerda una casa rural modesta: con peso total de 60 toneladas, estará integrada por un módulo central de 18 metros de largo y dos laboratorios, cada uno de 14 metros.
    El palacio alojará tres astronautas o, si se quiere, taikonautas, ya que así se llaman los astronautas chinos. Y serán sólo chinos porque el proyecto no contempla ninguna cooperación internacional. Será un laboratorio espacial chino.

    Estos planes a largo plazo divulgados recientemente en Pekín no produjeron ninguna reacción en la sociedad china que está acostumbrada a que su gobierno tenga numerosos planes y proyectos. Sin embargo, la noticia sí fue muy comentada en Gran Bretaña y otros países del Viejo Mundo, como por ejemplo  el diario “The Guardian”. La reacción de Europa a las noticias de Pekin es muy curiosa por ser negativa. ¿Por qué será?
     
    Carrera tecnológica

    No se trata de una revelación. No es que de repente China demuestra su superioridad tecnológica oculta hasta ahora. Se trata de que el progreso tecnológico chino está recuperando el tiempo perdido.
    El programa espacial de China arrancó en 1956, un año despúes del regreso al país de Qian Xuesen, un científico nacido al sur de Shanghai que vivió en Estados Unidos donde terminó la carrera en la Universidad Tecnológica de Massachusetts.

    Recibió el grado de Doctor en Aeronáutica en el Instituto de Tecnología de California y fue uno de los fundadores del laboratorio de la propulsión a reacción en este centro de investigación.

    No obstante, durante la “caza de brujas” de los años 50, el gobierno de Estados Unidos acusó a Qian de tener simpatías comunistas y le destituyó del trabajo en los proyectos espaciales. De esta manera, el científico decidió volver a su patria para convertirse en el padre del programa espacial chino.

    Los ingenieros chinos seguían los pasos de la Unión Soviética pisandole los talones: lanzaron satélites artificiales con ratones y perros a bordo, en 1970 pusieron el primer satélite en órbita y el mismo año iniciaron el programa de preparación para los vuelos tripulados (que en breve fue congelado). Y, por fin, en 2003 China envió a su primer astronauta al espacio.

    Ahora el país dispone de tres bases de lanzamientos de cohetes, y una más está en construcción. Avanza a pasos gigantes el desarrollo de grupos de satélites de telecomunicaciones, navegación y de monitoreo de la Tierra.

    China también comenzó la conquista del espacio interplanetario, al menos su  programa de exploración lunar “Chang'e” marcha satisfactoriamente.

    Al mismo tiempo China está llevando a cabo proyectos secretos para el Ministerio de Defensa. Son éstos los que molestan especialmente al Occidente. Cuando en 2007 los chinos realizaron una exitosa maniobra para destruir un satélite en desuso que estaba en órbita, según la prensa estadounidense, el Pentágono quedó muy molesto.

    Semejantes pruebas se efectuaron en los años 1980 por parte de la URSS y  EE.UU. (los soviéticos destruían satélites con metralla, los estadounidenses con interceptores suborbitales), pero esas pruebas fueron suspendidas ya que, entre otros, amenazaban el funcionamiento normal de las flotillas de satélites orbitales tanto militares como civiles.

    China, por lo visto, hace caso omiso de las preocupaciones de EEUU. El país desarrolla su propia política espacial de forma independiente, aunque admite que el uso del espacio ultraterrestre debe ser pacífico. Por lo menos, hasta ahora.

    Los expertos rusos no compartes la preocupación de EEUU. Los chinos no lograron hasta la fecha crear nada nuevo. El programa espacial chino repite, a grandes rasgos, el soviético. Esto significa que China tiene una brillante oportunidad de desarrollar la astronáutica sin cometer los errores de sus maestros soviéticos.

    La trenza china

    En resumidas cuentas, el asunto no es que China adelante a nadie tecnológicamente. La reacción del Occidente se explica desde la perspectiva ideológica: los occidentales están viviendo el fracaso del modelo racista basado en la supremacía de la raza blanca. Porque, aunque el colonialismo como sistema político se extinguió a mediados del siglo XX, la idea de la supremacía se sigue arraigada.
    Para algunos en Europa tiene que ser realmente molesto darse cuenta de que tan sólo hace ciento un año en China fue derrocado el último Emperador de un Imperio completamente podrido y retrasado unos doscientos años con respecto al Occidente.

    Hace tan sólo un siglo que los hombres chinos empezaron a cortar sus largas, hasta la cintura, trenzas que simbolizaban la sumisión al Emperador de la dinastía gobernante. Y para no morirse de hambre huyeron en masa a las colonias europeas donde hacían los trabajos más duros y peor pagados. Las fotografías de aquellos años ahora son muy populares, al igual que la trenza vuelve a estar de moda entre los grupos informales de la juventud china. Estas fotografías muestran lo que fue China hace años.

    Y ahora, pasados sólo cien años, los chinos van a lanzar sus naves espaciales hacia las estrellas. Es un golpe todavía peor que el vuelo de Yuri Gagarin ya que la URSS fue, de alguna manera, sucesora del Imperio Ruso clasificado, aunque con objeciones, como parte del “mundo civilizado”. Pero China y el Oriente en general... ¡Pero si allí ni conocen lo que es la democracia! ¿Dónde está entonces la supremacía de la raza blanca?

    El efecto psicológico

    Nadie mejor que los chinos comprende lo importante que es causar impresión. Por ejemplo para el uno de julio está planeada la primera salida al mar del primer portaaviones chino que en realidad es un portaaviones soviético modificado. Este tema suscitó una acalorada discusión en Internet chino  que pone de manifiesto que el significado simbólico de este acto es mucho más importante que el militar.

    En un artículo de opinión publicado por el “The Guardian” también habla del efecto psicológico que causará el lanzamiento de la estación espacial china, ya que contribuirá a elevar el prestigio nacional.

    Y es que el prestigio a veces protege a una nación mejor que el arsenal nuclear. Los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín sirvieron para demostrar al mundo entero una gran potencia próspera y fuerte en la que se convirtió China, fueran las que fueran las medallas ganadas por sus ciudadanos.

    Esto está claro, sólo que hay matices. Por ejemplo, antes estas “acciones promocionales” iban diridas al “consumidor” extranjero, ahora, en la mayoría de las veces, están destinadas al nacional.
    En este sentido China tiene un gran ejemplo ante sus narices - Malasia. En los años 70 del siglo pasado allí nació una loca idea de crear la propia producción automovilística. Y la idea se hizo realidad. Ahora el resultado de aquel experimento parece dudoso: la enriquecida clase media malaya prefiere al “Proton” las marcas extranjeras. Si el gobierno suprimiese las barreras aduaneras que protegen el proyecto automovilístico nacional lo más seguro es que para “Proton” llegarían tiempos difíciles. Pero no importa tanto ya que en el país, gracias al proyecto, se consolidó toda una cadena productiva del sector, se formaron ingenieros y otros profesionales.

    Y lo más importante es que la nació realizó que es capaz de hacer muchas cosas. El nivel del desarrollo que demuestra últimamente Malasia puede ser atribuido, entre otras cosas, al proyecto “Proton” que en su momento parecía una locura pero llegó a elevar el ánimo nacional.

    El sector espacial chino resultará beneficioso para la economía del país porque, en general, es un sector rentable. El hecho de lanzar la estación sin la cooperación de Rusia o Estados Unidos contribuirá a aumentar el prestigio de China.

    Así que sólo queda calcular los gastos por la puesta en órbita del “Palacio Celestial” y los beneficios, directos y especialmente indirectos, que supondrá la misma.
    También los beneficios derivados del aumento de prestigio internacional.  Cálculos que los economistas no saben hacer.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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