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    Todavía sobran provocadores que incitar la intolerancia entre cristianos y musulmanes

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    La ola de protestas que estalló la semana pasada en Afganistán con la muerte de varias decenas de civiles entre ellos funcionarios de la ONU se perfila como el inicio de actos de repudio de envergadura tras la quema pública de un Corán por representantes de sectas cristianas de extrema derecha en Estados Unidos.

    La ola de protestas que estalló la semana pasada en Afganistán con la muerte de varias decenas de civiles entre ellos funcionarios de la ONU se perfila como el inicio de actos de repudio de envergadura tras la quema pública de un Corán por representantes de sectas cristianas de extrema derecha en Estados Unidos.

    Según informa la prensa, durante los últimos tres días se suceden manifestaciones en las ciudades de Jalalabad y Parwan, en el oriente, y con especial virulencia en Kandahar, en el sur de Afganistán.

    Considerado bastión de la guerrilla fundamentalista Al Qaeda, en Kandahar en los últimos dós días han muertos al menos doce personas en enfrentamientos entre policías y manifestantes que supuestamente conducidos por provocadores, intentan atacar comercios e incendiar vehículos.

    El domingo, 4 de marzo, la policía disparó con ametralladoras para intimidar una enardecida multitud de manifestantes que intentaron ocupar una sede de la ONU (UNAMA) en Jalalabad, y según varias fuentes, en el intento murieron más de 20 civiles y varias decenas resultaron heridas.

    Aunque el incidente de más repercusión ocurrió el pasado viernes en la ciudad de Mazari Sharif, en el norte del país, paradójicamente una de las ciudades más tranquilas de la convulsionada Afganistán, ocupada desde hace diez años por más de 150.000 soldados de países occidentales.

    La mayor parte de la población de Mazari Sharif son de la étnia uzbeca y en la zona no es tan notable la influencia del islamismo radical como en el oriente y el sur del país.

    Y no obstante, tras la oración del viernes una multitud indignada de musulmanes marcharon hacia una sede de la misión de la UNAMA, y ante la violencia manifestada por algunos de los manifestantes, los guardias de la ONU y la policía dispararon contra la multitud lo que desató la violencia.

    A consecuencia, en los enfrentamientos murieron siete funcionarios de la ONU de Nepal, Suecia, Noruega y Rumania y al menos cinco civiles afganos.

    Según la prensa moscovita, el responsable de la misión el diplomático ruso Pavel Ershov sobrevivió porque al hablarles en su idioma pudo convencer  a los atacantes que le perdonaran la vida, aunque sufrió heridas de consideración.

    De acuerdo a boletines de prensa, los manifestantes también atacan las posiciones de las tropas de ISAF que hasta el momento mantienen a raya a la multitud, que optó por desahogar su furia contra las entidades internacionales occidentales y los medios de prensa, la totalidad integrada por civiles.

    Las autoridades locales afganas también reportaron manifestaciones en las ciudades de Herat (occidente), Bamiyán (centro), Zanranj (sureste) y también en Kabul, la capital de Afganistán.

    El detonante fue la quema pública de un ejemplar del Corán el pasado 20 de marzo en la ciudad estadounidense de Gaineshville, en el norte de Florida por adeptos de una secta evangélica en cabezada por el pastor Terry Jones, que en septiembre del año pasado puso en jaque al gobierno de EEUU y el Pentágono.

    Jones propuso la quema pública del Corán en ocasión del aniversario de atentado terrorista del 11 de septiembre y también como respuesta a la propuesta de erigir un centro islamista cerca a las torres gemelas destruidas.

    Entonces, el pastor renunció a su idea debido a la fuerte presión de la prensa y del propio presidente estadounidense Barack Obama y el comandante de las tropas de EEUU en Afganistán, el general David Petraeus, quien advirtió que la propuesta de Jones suponía una amenaza grave para la seguridad de los soldados estadounidenses emplazados en el territorio afgano.

    Y no obstante, seis meses después, Jones cumplió su amenaza y el pasado 20 de marzo durante un sermón en su iglesia, ordenó a un ayudante rociar con gasolina un ejemplar del Corán y encenderlo sobre una parrilla de jardín para asar carne.

    El extravagante acto, precedido de un “juicio público” contra el Islam, pudo pasar desapercibido debido a que la quema se hizo ante un público muy reducido (medio centenar de adeptos) y la prensa internacional dio poca importancia al suceso.

    Pero Jones insertó en Internet un video sobre la quema que paulatinamente llegó hasta el mundo musulmán encendiendo la mecha del odio religioso el pasado viernes en Afganistán.

    La reacción internacional fue inmediata, el secretario de la ONU, Ban Ki-moon calificó el asesinato de funcionarios de la ONU como acto de escandaloso y cobarde, exigió a las autoridades afganas buscar y castigar a los responsables.

    El presidente de EEUU, Barack Obama condenó en términos duros el ataque y el asesinato de funcionarios de la ONU, pero también reprobó la quema del Corán que sirvió de detonante de esos desórdenes y lo mismo dijo Petraeus en declaraciones a la prensa.

    Y mientras los políticos sobrepasan el calado retórico de sus declaraciones, la intolerancia religiosa empezó a cobrar victimas con dos muertos en tres ataques de musulmanes a iglesias católicas en Pakistán.

    Según la prensa paquistaní dos cristianos murieron a tiros en la localidad de Hyderabad por musulmanes que atacaron con piedras una iglesia e intentaron incendiarla.

    Según el ministro del interior pakistaní, Rehman Malik, la situación en el país es tensa y la policía está en estado de alerta para evitar desordenes y enfrentamientos orquestados por las organizaciones extremistas.

    Por su parte, el Partido Islamista de Afganistán en un llamamiento a la juventud afgana propuso poner en marcha un proceso revolucionario como en Túnez, Egipto y Yemen para expulsar las tropas ocupantes y derrocar el gobierno proestadounidense en Kabul.

    En otras palabras, los planes de los extremistas religiosos tanto islamistas como cristianos empiezan a dar sus frutos, es decir, el empeoramiento de las relaciones entre las confesiones, la inestabilidad política, la violencia y el terrorismo.

    Lo más deplorable de todo es que los mismos provocadores no son concientes de la magnitud de sus actos, como en el caso del pastor Jones, que en ningún momento se considera responsable de la muerte de civiles en Afganistán.

    Tanto Jones y los islamistas radicales son peligrosos porque consideran legítima la muerte de inocentes en aras de consignas religiosas o posturas políticas.

    En un reciente comunicado, Jones afirmó que el Obama y Petraeus en calidad de funcionarios públicos no pueden condenar la profanación pública del libro sagrado de los musulmanes porque es un derecho de los estadounidenses consignado en la Constitución.

    El presiente y los funcionarios de EEUU “están obligados a defender nuestro derecho a quemar el Corán, porque estación se encuentra en nuestros derechos constitucionales”, subrayó la declaración del pastor.

    Añadió que en calidad de funcionarios del gobierno de EEUU ya sea presidente o general, Obama y Petraeus no pueden emitir opiniones, “si quieren condenar esa ación lo deben hacer en calidad de ciudadanos particulares y no como miembros del Gobierno”, subrayó el comunicado de Jones.

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