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    Netanyahu necesita que Moscú sirva de mediador

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    El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu decidió realizar su visita a Moscú a pesar del grave atentado ocurrido en el centro de Jerusalén, aunque dada la situación, la parte rusa mostró comprensión ante una posible cancelación.

    El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu decidió realizar su visita a Moscú a pesar del grave atentado ocurrido en el centro de Jerusalén, aunque dada la situación, la parte rusa mostró comprensión ante una posible cancelación.

    Las dos visitas consecutivas a Moscú del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas y de Netanyahu atestiguan un éxito de la diplomacia rusa.

    Posiblemente debido a la tensión en Oriente Próximo, El Kremlin dio a conocer sólo algunos detalles de la reunión que sostuvo el presidente ruso Dmitri Medvédev con Netanyahu.

    El principal resultado es que la visita se celebró. Parece evidente que los últimos acontecimientos en la región preocupan a Israel hasta el punto que su primer ministro no quiere postergar la posibilidad de reunirse con las autoridades rusas incluso en una  situación de amenaza terrorista.

    Algunos expertos hablan incluso de la “guerra fronteriza” entre Israel y dos enclaves palestinos - la orilla occidental del río Jordán y el sector de Gaza. Desde el territorio de Gaza se lanzan periódicamente misiles hacia las ciudades del sur de Israel, en la orilla occidental recientemente un grupo terrorista asesinó a una familia israelí de cinco personas.

    Israel siempre responde a los atentados terroristas siguiendo el principio de “ojo por ojo, diente por diente”. Y al prometer a los terroristas una respuesta “agresiva” antes de salir para Moscú Netanyahu dio a entender que este caso no será una excepción. Al mismo tiempo la actividad extremista de los grupos radicales en los enclaves palestinos no presentan una amenaza total para Israel, es decir, no amenazan la misma existencia del estado judío. En cambio, el programa nuclear de Irán sí la amenaza.

    Israel teme otra amenaza que se perfila en sus fronteras occidentales – la aparición de un Egipto hostil hacia el estado judío. Aunque esto sería posible sólo en el caso de que en Egipto lleguen a poder las fuerzas dispuestas a derogar el Tratado de Paz de 1979.
     La desconfianza que despiertan en los israelíes los cambios democráticos en el país vecino es comprensible. Siria, que no firmó el Tratado de Paz con Israel, o el pequeño Líbano, simplemente carecen de recursos para causar graves perjuicios al estado judío, pero Egipto con su potente Ejército que durante los últimos 30 años estuvo recibiendo ayuda financiera y técnica de EE.UU. es otra cosa.

    El establecimiento en Egipto de un gobierno militar (aunque provisional) fue acogido en Israel con alivio. Es poco probable que los militares egipcios domesticados por EEUU (sólo durante el año pasado percibieron 1.300 millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses) se decidan a dar pasos bruscos. Pero queda Irán que lleva muchos años manifestando una actitud hostil y conservando una retórica negativa hacia el “régimen sionista” (así llama el Teherán oficial a Israel).

    Siendo Moscú la única capital del mundo que recibe tanto a los políticos israelíes como a los líderes del Hamas y de Irán, Rusia resulta ser uno de los pocos intermediarios a través del cual los acérrimos enemigos pueden mantener un diálogo indirecto. Es curioso que el día de la visita de Netanyahu el portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Alexander Lukashévich, hizo una declaración en la que no descartó la llegada a la capital de Rusia de los líderes del Hamas.

    En cuanto a Irán, Netanyahu, durante su visita a Moscú, insistió en la importancia de luchar contra el programa nuclear iraní esperando asegurarse el apoyo del Kremlin en esta cuestión.

    Sin embargo, las imprudentes declaraciones de los gobernantes israelíes en ciertos casos afectan seriamente al proceso de regulación en Oriente Próximo. También en el curso de la visita a Rusia el primer ministro israelí sin pensarlo dos veces comparó al presidente iraní, Ahmadineyad, con Hitler.

    El titular de Asuntos Exteriores de Israel, Avigdor Libermán, de tanto en tanto hace declaraciones  que el mismo Netanyahu se ve obligado a reprobar.

    Al gobierno israelí muchas veces le fallan sus propios dogmas (por ejemplo que la democracia en los países del Oriente Próximo significa una catástrofe, o que todos los 350 millones de árabes sueñan con aniquilar Israel).

    Si el Kremlin ayuda a liberarse de estos dogmas al menos a sus antiguos ciudadanos que emigraron a Israel ya será una gran contribución en la pacificación en el Oriente Próximo.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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