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    Armenia, una primavera intranquila

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    A pesar de los apresurados pronósticos de algunos analistas, el nuevo enfrentamiento en la vida política de Armenia fue arreglado por vía negociada.

    A pesar de los apresurados pronósticos de algunos analistas, el nuevo enfrentamiento en la vida política de Armenia fue arreglado por vía negociada.
    La manifestación organizada por representantes de varias fuerzas políticas el pasado 17 de marzo y liderada por el partido Congreso Nacional Armenio de Levón Ter-Petrosián, terminó en un mitin en la plaza de la Libertad, en pleno centro de la capital armenia. Precisamente con este lugar están relacionados numerosos acontecimientos que se han revelado cruciales para el destino de esta república caucásica.

    Entre ellos están el inicio de la revuelta del Alto Karabaj en 1988, o los violentos disturbios promovidos por quienes estaban en contra de los resultados de las elecciones presidenciales de marzo de 2008. Entonces no se pudo evitar el derramamiento de sangre: diez personas perdieron la vida y varias decenas resultaron heridas. Este episodio le ha ocasionado al pueblo armenio un severo trauma psicológico e interminables disputas internas.

    Después de aquellos sucesos, la Plaza de la Libertad estaba vedada para los mítines y las manifestaciones organizadas por la oposición, que recurrió a otros lugares para celebrar sus reuniones. Por este motivo, el hecho de que las autoridades del país hayan cedido a las fuerzas de la oposición, aunque sea para un período breve, es todo un símbolo de que las cosas pueden estar cambiando en Armenia, de que el poder oficial ya no está en condiciones de controlar el centro de Ereván, o lo que es lo mismo, la vida política del país.

    Algunos manifestantes subrayaron la poco habitual conducta de los policías, que se comportaban de una manera extrañamente pacífica e intentaban prestar atención a las palabras del ex-presidente del país, Levón Ter-Petrosián. Esto hizo que los partidarios del político se sintieran más tranquilos y se convencieran de la eficacia de las presiones ejercidas sobre las autoridades del país.

    Levón Ter-Petrosián ha puesto como principal condición para el inicio de las negociaciones con el Gobierno la puesta en libertad de todos los presos políticos. Pero, al mismo tiempo, tampoco se puede excluir que, de comenzar el diálogo, la oposición no endurezca sus exigencias. Por ambas partes hay intereses de que eso ocurra, sea por razones de coyuntura política, por motivos personales o por la influencia de factores externos.

    Los observadores han hecho hincapié en la amplia cobertura que dieron al último mitin los medios de comunicación extranjeros. La redacción armenia de Radio “Libertad” había organizado una retransmisión en directo del mismo. Todo parece indicar que, sin haber recibido las correspondientes instrucciones de las autoridades, esto no habría ocurrido. Este hecho, junto con las actividades de la embajadora de Estados Unidos en Armenia, Mary Iovanovich, y la creciente popularidad de ciertos políticos armenios en la red social Facebook, podría llevar a las fuerzas de la oposición a sacar unas conclusiones precipitadas con consecuencias impredecibles.

    La intromisión, directa o indirecta, de Estados Unidos, a pesar de las afirmaciones de que los países de su círculo de influencia acaban nadando en la abundancia, rara vez suele resultar muy rentable. La situación que vive en estos momentos Armenia, al igual que otros Estados independientes del espacio postsoviético, es el resultado de temerarios experimentos geopolíticos.

    Armenia y las repúblicas vecinas se están convirtiendo en una especie de “Gran Oriente Medio”, sumidas en una interminable espiral de revoluciones y disturbios. Los trágicos acontecimientos de marzo de 2008 coincidieron con el inicio de enfrentamientos armados en el distrito de Mardakert del Alto Karabaj. Y en estos momentos, con el malestar político en Ereván y la dispersión de la acción de protesta organizada por las fuerzas de la oposición en la capital de Azerbaiyán como telón de fondo, empezaron a circular rumores sobre el reinicio del conflicto entre los dos países, interpretados como siempre en clave antirrusa.

    La próxima acción de protesta de la oposición armenia está prevista para el próximo 8 de abril y coincidirá sospechosamente con la sesión primaveral de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), donde, entre otras cosas, se analizará el cumplimiento de los documentos aprobados por esta organización en relación con Armenia.

    Por otro lado, el que se vaya a discutir el emplazamiento de una base militar rusa en la ciudad de Giumri durante el transcurso de la visita del primer ministro armenio a Bruselas, podría ser una señal de las presiones que está sufriendo Ereván. Para aflojar la presión externa, es importante como nunca mantener un diálogo abierto sobre temas de política interna, puesto que el conflicto de las autoridades armenias con la oposición todavía no ha llegado a su punto de inflexión.

    Levón Ter-Petrosián anunció el deseo de “iniciar un diálogo civilizado entre las autoridades y la sociedad civil, basado, en primer lugar, en un claro entendimiento de los intereses estatales y de la solidaridad nacional”. El presidente de Armenia, Serzh Sargsyán, por su parte, había hecho con anterioridad una serie de declaraciones interpretadas como muestras de su disposición al diálogo: “en muchos sentidos… en ambos bandos existen personas con experiencia que conocen bien la importancia de mantener una estabilidad por el bien de Armenia y son capaces de ver el límite entre los anhelos políticos y las necesidades de la nación. Creo que ninguno de nosotros debería poner sus ambiciones  políticas por encima de todo”.

    Los representantes del partido en el poder, es decir, del Partido Republicano, han empezado a hablar de que “el restablecimiento de la justicia social es primordial para el país. Un diálogo directo y sincero con la sociedad es básico para mantener la necesaria estabilidad interna”.

    Se puede criticar a las autoridades de Armenia por su incapacidad para relanzar la economía e impulsar el desarrollo del país. Sin embargo, hay que tener presente que los   monopolios en la economía, la inflación, el aumento de los precios para todo tipo de productos y la galopante corrupción, obstaculizan seriamente toda gestión de mejora. Muchas propuestas de la oposición son más que discutibles, sobre todo las relativas a la atribución de nuevos contenidos a las instituciones públicas existentes.

    Tanto para el poder oficial armenio, como para la oposición, resulta evidente que su país se encuentra en una región complicada y que el ambiente geopolítico convulso no puede por menos que afectar a sus posturas. Por lo tanto, para las dos partes es muy importante guiarse por las reglas y los plazos refrendados por la Constitución para la celebración de elecciones presidenciales y parlamentarias y no caer en la tentación de romperla, así como abstenerse de involucrar en los enfrentamientos internos al Ejército y a las fuerzas del orden público.

    *Andrei Areshev es experto del Centro de estudios de Asia Central y Cáucaso, dependiente del Instituto de Orientalismo (Academia de Ciencias de Rusia)

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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