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    Las mujeres toman la palabra: acoso sexual o búsqueda de atención

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    La semana pasada, mientras las muchachas de la oficina moscovita de Marie Claire se arreglaban para la gran fiesta anual de la revista fijada para la noche, sus colegas hombres se deshacían en todo tipo de cumplidos.

    La semana pasada, mientras las muchachas de la oficina moscovita de Marie Claire se arreglaban para la gran fiesta anual de la revista fijada para la noche, sus colegas hombres se deshacían en todo tipo de cumplidos. Algunos de los comentarios eran de carácter bastante impúdico y abiertamente sexual. Una mujer ordinaria estadounidense quedaría boquiabierta y pensaría en hacer reclamaciones de acoso sexual, pero en la oficina nuestra a nadie le molestaba. Es más, nosotras, la chicas, disfrutábamos de tanta atención por parte de nuestros colegas y seguro que estaríamos afligidas si hubiéramos pasado desapercibidas.

    Mientras que Rusia lleva dos décadas tratando de integrar en el Occidente a múltiples niveles, hay una cuestión donde prevalece una disparidad extrema: las relaciones entre los sexos. Pasaron los tiempos cuando a principios de los 1990 los empleadores incluían los prerrequisitos “atractivo sexual” y “sin complejos” en la lista de los requisitos. No obstante, bromas ligeras de contenido sexual siguen como el componente esencial en el lugar de trabajo, especialmente en las compañías de personal predominantemente local. El término “acoso sexual” es bien conocido en Rusia, ante todo debido al infame escándalo Clinton-Lewinsky, pero no aspiramos a hacerlo parte de nuestro vocabulario cotidiano. De hecho, las recientes encuestas entre las mujeres de profesión rusas, de 18 a 35 años, reveló que lo que podría considerarse chovinista, sexista o simplemente inapropiable entre empleados en el Occidente (bromas sucias, miradas y hasta abierta coquetería sexual), es parte normal de relaciones laborales aquí. Y si las cosas pasan de la raya, los incidentes apenas adquieren publicidad.

    Pero no voy a examinar aquí los casos de acoso desenfrenado, sólo me interesa el por qué muchas veces la oficina de trabajo se convierte en el escenario de coqueteo o aun campo de batalla. A propósito, no es que esté en contra. Creo también que muchas veces somos las mujeres que iniciamos e inspiramos esas relaciones peligrosas en la oficina. Sería nuestra inconsciente rebelión contra el epítome de las relaciones entre los sexos de la época soviética, un obrero hercúleo tremendamente asexual y una koljosiana andando mano a mano con éste. O a lo mejor, es otro residuo de la Unión Soviética, el casi inexistido espacio entre la vida pública y la privada, por lo cual cruzar los límites en la oficina es perfectamente aceptable.

    “A las mujeres rusas nos encanta la atención y apreciamos la reacción de hombres. Eso nos hace sentir más atractivas y deseadas”, dijo Elena, de 34 años, mi colega editora de la revista Marie Claire, casada y con una hija de cinco años. “Pasamos tanto tiempo en el trabajo hasta que la oficina se convierte en nuestra segunda familia. ¿Por qué no podemos divertirnos un poco aquí?”, agregó.

    De verdad, ¿por qué no? Especialmente si los hombres siempre se sienten felices de favorecerlo. “Tienes que prestar atención a la mujer, siempre, incluso si es tu compañera de trabajo o jefa. Así me educaron mis padres”, anotó otro colega mío, Georgiy, editor principal de Marie Claire. Georgiy, de 36 años, es padre cariñoso de dos hijos, quien en la oficina se convierte en un galante Casa Nova, que a veces hace sonrojarse a las muchachas con sus comentarios afilados y algo insolentes. Y parece sentirse totalmente impasible de eso. “Todos saben que es sólo un juego, coqueteo inocente. Alza el espíritu y ayuda a pasar el día. ¿Le causará problemas a alguien?”

    De hecho, a nadie, incluso cuando el “coqueteo inocente” va más allá. La famosa película soviética titulada Romance de la oficina inmortalizó las relaciones amorosas en el trabajo (una versión renovada de este filme exitoso sale dentro de un mes). Según la película, un ordinario buró de estadísticas se convierte en un tocador cada mañana con las muchachas arreglándose meticulosamente para las posibles conquistas amorosas. Irónicamente, es el hombre quien se hace objeto de acoso sexual, y de pronto el funcionario tímido se casa con su jefa.

    Tres décadas después, las mujeres rusas no vemos nada malo en mezclar el trabajo con el placer. “¿Dónde puedes encontrar a un hombre elegible si no en el trabajo?”, reflexiona mi buena amiga Anya, de 34 años, gerente de una compañía estadounidense con un código de ética muy estricto. Dijo que en su empresa ni se puede hablar del galanteo abierto, no obstante, los colegas logran siempre estar juntos y cierto número de sus amigas ascendieron en la carrera tras salir con colegas hombres de mayor cargo. “La sexualidad es uno de los recursos que es frecuentemente usado por las mujeres rusas, junto con la educación, intelectiva y experiencia laboral, para ascender en el trabajo. Es simplemente parte de nuestra vida aquí”, dijo.

    Marina Zinovieva, socio gerente de la compañía jurídica internacional LegalLife, con sede en Moscú, se mostró de acuerdo. “Ciertas mujeres son bastante audaces para usar todo su atractivo con el fin de ascender. A la guerre comme a la guerre”. Zinovieva, jurista famosa con al menos 15 años de experiencia, dijo que mientras está a favor del coqueteo en la oficina, jamás se tolerará el proteccionismo descarado ni el flagrante acoso sexual. Y no pudo aducir ni un precedente cuando tales casos hayan llegado hasta el tribunal. “Incluso si el empleado se atreviera a ir al tribunal, cualquier jurista le diría que no hay chance de ganar”, dijo Zinovieva.

    Alexei Venediktov, jefe de la famosa emisora Eco de Moscú, bautizado como el Larry King ruso, dijo en una entrevista a la revista GQ Russia que apoya completamente el acoso sexual ya que “mejora la situación demográfica en el país”. “Nuestra oficina cuenta con 12 matrimonios, 16 niños y ocho divorcios. Y aquí siempre reina un ambiente jovial”, dijo.

    A mí eso me suena muy familiar. La vida es demasiado corta, pues ¿para qué nos contenemos? ¿O sólo en Rusia lo parece así?

     

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    *Svetlana Kolchik es directora adjunta de la edición rusa de la revista Marie Claire. Se graduó de la Universidad Estatal de Moscú, facultad de Periodismo, y la Universidad de Columbia, Escuela de Estudios Avanzados de Periodismo, colaboró para el diario Argumenti I Fakti en Moscú y el USA Today en Washington, con RussiaProfile.org, ediciones rusas de Vogue, Forbes y otras.

     

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