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    Fiodor Lukiánov

    Entre Libia y Singapur

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    Opinión & Análisis
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    Tras el auge revolucionario en el Oriente Próximo en el mapamundi sólo queda una región de líderes inamovible, la de Asia Central postsoviética (con la única excepción de Kirguizistán que sufrió desde el 2005 una serie de golpes de estado probablemente porque siempre fue el eslabón más débil en la cadena de regímenes autoritarios).

    Tras el auge revolucionario en el Oriente Próximo en el mapamundi sólo queda una región de líderes inamovible, la de Asia Central postsoviética  (con la única excepción de Kirguizistán que sufrió desde el 2005 una serie de golpes de estado probablemente porque siempre fue el eslabón más débil en la cadena de regímenes autoritarios).

    En Kazajstán, en vísperas de las elecciones presidenciales anticipadas, que serán celebradas a principios de abril, se desarrolla actualmente una campaña electoral, precedida por dos meses de peripecias políticas singulares.
    En el período desde finales de diciembre hasta mediados de febrero las autoridades varias veces cambiaron el escenario del futuro el país.

    Después de la corta exitosa campaña para el referendo para prorrogar el mandato del presidente vigente, Nursultan Nazarbaev hasta el 2020, el propio Presidente se pronunció en contra de la idea y hasta vetó la decisión correspondiente adoptada por el Parlamento.

    El Legislativo siguió insistiendo, y el presidente se sometió a la “voluntad del pueblo”. Sin embargo, dicha decisión fue cuestionada por el Consejo Constitutivo, y Nazarbaev admitiendo su razón, convocó elecciones presidenciales anticipadas, postulándose para la presidencia como miembro del partido oficial. Queda claro que será reelegido exitosamente.

    Este “triunfo de democracia” resulta aun más irónico, si tomamos en cuenta, que dichas maniobras empezaron justo después de concluir  la presidencia de Kazajstán en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa  (OSCE), una presidencia durante mucho tiempo ansiada por el país centroasiático para demostrar su madurez democrática.

    Es probable, que la decisión de Nazarbaev de descartar el referendo y optar por unas elecciones tradicionales se deba, en parte, a los acontecimientos en el Oriente Próximo. Sin embargo, parece estar seguro de que permanecerá  a salvo.

    En comparación con los demás países del espacio post soviético y, sobre todo, de Asia Central, Kazajstán está bastante bien. Además, gracias a una política externa acertada, mantiene buenas relaciones con todos los centros de política internacional influyentes: Moscú, Washington, Pekín y también las capitales Europeas.

    Así que la oposición a Nazarbaev no goza de apoyo desde fuera. Sin embargo, según lo que vemos, la situación política puede estallar sin presión externa, debido a factores de carácter puramente social.

    De todos los líderes que encabezaron a las ex repúblicas soviéticas, Nazarbaev fue el único, quien hubiera podido tener una carrera política más exitosa, si la URSS no se hubiera desintegrado. El Golpe de Agosto de 1991, que impidió la firma del nuevo Tratado de Unión, le impidió convertirse en primer ministro de la URSS y seguir su camino hasta la cima.

    De allí, el líder kazajo tuvo que satisfacer sus ambiciones políticas en un territorio mucho más reducido, pero con un resultado excelente. En 20 años Kazajstán se convirtió en un país de mayor importancia de la región y de calibre político distinto de los demás. Parece aún más sorprendente, si tomamos en cuenta, que Kazajstán como estado empezó con Nazarbaev.

    Nazarbaev maniobra entre el autoritarismo asiático y las apariencias occidentales. Pero, como cualquier sistema autoritario, basado en el poder de una persona, su modelo es vulnerable. Cada líder autoritario se enfrenta al mismo problema, el de transmitir el poder a sus sucesores sin disturbios sociales.

    En el espacio post soviético ese proceso tuvo éxito en Azerbaiyán por Gueidar Aliyev, pero la aproximación dinástica no es la de aplicación universal. Los disturbios sociales de Egipto, Libia y Yemen demuestran que la transición del poder a los hijos (y hasta la intención de hacerlo) provoca un descontento social sin precedentes.

     Si a los llamados padres-fundadores les ven como autoridades relativamente legítimas, a sus hijos les perciben como gorrones que quieren aprovecharse del poder sin razón ninguna.

    Un ejemplo positivo es el de Turkmenistán. Después de la repentina muerte de Saparmyrat Nyýazow muchos tenían miedo de que el régimen fuera a caer, pero no fue así. Sin embargo, se trata de una sociedad parecida a la de Corea del Norte - muy cerrada y muy controlada.

    En comparación con Turkmenistán, Kazajistán es el país más democrático, en el que una transición del poder oculta resulta peligrosa.

    El sueño de todos los líderes post soviéticos, desde Nazarbaev hasta Saakashvili, es Singapur, donde la falta de democracia liberal no impide el desarrollo económico pujante y la prosperidad. También es de gran interés la experiencia del fundador de esta ciudad-estado Lee Kuan Yew, quien presentó la dimisión desde el puesto de primer ministro hace más de 20 años, transmitiendo el poder a sucesor capacitado y reservando unas funciones de supervisión muy amplias.

    Ahora Singapur se encuentra bajo el mando del hijo de Lee Kuan Yew, quien llegó al poder en el año 2004, sustituyendo al sucesor de padre.  Lee Kuan Yew de 87 años de edad sigue siendo el mayor estabilizador del sistema y garantiza el desarrollo. Y aunque todavía es posible que después de su muerte el sistema empiece a fallar, el riesgo está minimizado lo máximo posible.

    Lo de Singapur puede parecer atractivo, pero lo único en común entre este país y el espacio post soviético es la falta de democracia liberal. Las ventajas de Singapur, como el principio meritocrático de estado, ausencia de corrupción, burocracia eficiente y culto de formación no tienen nada que ver con los sucesores de la URSS.

    Lee Kuan Yew está visto como uno de los mejores políticos del siglo XX precisamente por haber logrado un resultado sin precedentes. Así que, a pesar de todo el respeto hacia el sabio de Singapur, habrá que aprender la lección de Hosni Mubarak y Muammar al-Gaddafi.

    Aprender para no repetirla.

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    * Fiodor Lukiánov, es director de la revista “Rusia en la política global”, una prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la política exterior de Rusia y el desarrollo global. Es autor de comentarios sobre temas internacionales de actualidad y colabora con varios medios noticiosos de Estados Unidos, Europa y China. Es miembro del Consejo de Política Exterior y Defensa y del Consejo Presidencial de Derechos Humanos y Sociedad Civil de Rusia. Lukiánov se graduó en la Universidad Estatal de Moscú.

     

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