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    Ronald Reagan fue un presidente fuera de la serie

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    El pasado 6 de febrero el 40 presidente de Estados Unidos, Ronald Wilson Reagan, habría cumplido 100 años.

    El pasado 6 de febrero el 40 presidente de Estados Unidos, Ronald Wilson Reagan, habría cumplido 100 años.

    A Reagan se pudo adorar u odiar, y eso precisamente, más lo primero que lo segundo fue lo que hizo Estados Unidos, ya que Reagan no pudo dejar a indiferente.

    Porque EEUU nunca tuvo ni tendrá nadie parecido a su cuadragésimo presidente (desde 1981 hasta 1989).

    En comparación con él, sus sucesores del Partido Republicano, sobre todo los Bush padre e hijo, no parecen más sombras confusas.

    Milagros que nunca cumplió 

    En realidad, Ronald Reagan fue más que un presidente, fue un fenómeno aparte, un mito, una personalidad única, de éstas que aparecen una vez cada cien años. No tiene nada que ver con el concepto clásico de un Jefe de Estado: era el Gran Comunicador, el Mago de Oz.

    De manera milagrosa y sorprendente se las ingenió para pronunciar  un sinnúmero de promesas y no cumplir la mayoría de ellas, o conseguir el resultado completamente opuesto al anunciado.

    En torno a su figura hubo numerosos escándalos, como el caso del Irangate que, para cualquier otro político, habrían terminado en un voto de censura. Pero Reagan logró salir ileso de todos.

    Cuando Reagan fue elegido presidente a los 70 años, Europa se escandalizó por esta abierta provocación de sus lejanos parientes norteamericanos, a la vez que lo calificó como un insulto y un desafío: ¿cómo es posible que de todos los candidatos a la presidencia de Estados Unidos eligan un actor mediocre en potestad de tomar decisiones de repercusión global?

    Reagan fue un anticomunista convencido, que se dedicó a echar pestes de la URSS por doquier, vaticinando su inminente colapso, llamando al desarme y a la reducción de los arsenales nucleares junto con los gastos para la esfera militar; sin embargo, durante su gobierno la carrera armamentista alcanzó dimensiones nunca vistas. Ninguno de los presidentes anteriores en Estados Unidos pudo promover el gasto militar a semejante nivel.

    Prometió “meter en cintura” a los burócratas, reducir la plantilla de funcionarios, acortar el déficit del presupuesto federal y el gasto público, prestar ayuda a los más desprotegidos, prohibir los abortos e introducir las oraciones en los colegios.

    Al marcharse Reagan, los funcionarios públicos eran más que antes, el déficit presupuestario alcanzó unos niveles desmesurados, superando en porcentaje cualquier indicador posible. No prohibió el aborto ni introdujo las oraciones en las escuelas.

    Pero Reagan hizo lo que más le gusta a sus compatriotas: reducir los impuestos y llevó a cabo una reforma del sistema tributario. Por otra parte, su “reaganomics”, es decir, la completa desregulación de la economía, prepararon el terreno para la crisis financiera y económica de los años 2008-2009.

    “El bombardeo de la URSS empezará en 5 minutos”

    Reagan es considerado uno de los “coautores de la perestroika”, lo que no coincide para nada con la realidad y “sepulturero de la Guerra Fría”, lo que tiene más de verdad. Por otra parte, sin la ayuda de la primera ministra de Gran Bretaña, Margareth Thatcher, y del líder de la URSS, Mijail Gorbachov, ni siquiera Reagan podría haber conseguido nada.

    Reagan bendijo el inicio de la realización del programa de la “Guerra de las Galaxias”, aunque no le gustaba que se llamara de esta forma su Iniciativa de defensa estratégica. En el programa se gastaron cientos de miles de millones de dólares; no obstante, en 1991 se tuvo que suspender, dejando realizada sólo una reducida parte de éste. Pero la “Guerra de las Galaxias” hizo que la URSS emprendiera un esfuerzo demasiado grande, minando considerablemente su economía ya debilitada y propiciando su colapso.

    En 1987, Reagan y Gorbachov firmaron en Washington el Tratado sobre Misiles de medio (de 1.000 a 5.500 km) y corto alcance (de 500 a 1.000 km) que inicialmente se consideró un avance. Sin embargo, expertos rusos en temas militares consideraron que el Acuerdo ya estaba obsoleto, ya que Estados Unidos empezó el desarrollo de misiles de alcance medio, y que además que el sistema norteamericano de defensa antiaérea  perjudicaba el tratado  y, por lo tanto, Moscú debería rescindirlo.

    Fue Reagan quien en 1983 bautizó a la Unión Soviética como “el Imperio del mal”. En 1984, un micrófono encendido grabó casualmente esta broma suya: “Compatriotas míos, ciudadanos de los Estados Unidos, acabo de firmar la Ley sobre la aniquilación de Rusia para siempre, el bombardeo empezará en 5 minutos”. En 1987, pronunció enfrente del muro de Berlín sus famosas palabras “Señor Gorbachov, derrumbe este muro”. Y, sin embargo, fue él, un convencido anticomunista y adversario de la URSS, quien por primera vez llamó al líder soviético “amigo”.

    El país parecía estar a gusto

    El Gran Comunicador, el icono para los conservadores, actor de películas de segundo orden, comentarista de radio, sindicalista reaccionario y macartista, gobernador de California, un presidente profundamente devoto, cínico, mentiroso y embustero, sepulturero de la URSS, en cuyo honor fueron nombrados un portaaviones y un aeropuerto. Todo eso es aplicable a Ronald Wilson Reagan, el 40º presidente de Estados Unidos.

    Reagan siempre fue y nunca dejará de ser el “icono de los conservadores”, sin embargo nunca fue su ideólogo. Para ello debería haber tenido más conocimientos y capacidades. Suele ocurrir con la fe que su símbolo lleva una existencia bien distinta de la dogmática. Reagan llevaba una vida no demasiado apegada a las tendencias conservadoras y se quitaba y se ponía las ropas de conservador según el público o la necesidad política.

    Parece increíble, pero Reagan fue el único presidente estadounidense de nuestros tiempos cuya popularidad al marcharse superó con creces la que tuvo en el momento de las elecciones.

    Dos tercios de los ciudadanos de EEUU le pusieron un “sobresaliente”. Resultados de algunos sondeos de la opinión pública, los de 2005 o de 2009, por ejemplo, llevados a cabo tras la muerte de Reagan en 2004, a la venerable edad de 93 años, no dejan lugar a dudas: por su “magnitud” Reagan fue superado únicamente por Abraham Lincoln.

    Considerar a Reagan un gran político sería excesivo, pero sí que fue el más popular de la época más contemporánea. ¿Y cuál era el secreto? El secreto eran las cualidades personales de Ronald Wilson Reagan, nacido en la pequeña ciudad de Tampico del estado de Illinois, hijo de un modesto vendedor de zapatos de procedencia irlandesa.

    Es posible que en el cine Reagan siempre quedara en segundo plano, pero en la política nunca dejó de brillar como una  estrella de verdad.

    Interpretó su papel de presidente de una manera tan auténtica y entregada, irradiaba un optimismo y una fe en el “futuro feliz” tales, que no en vano recibió el sobrenombre del “cheerleader nacional” de Estados Unidos. Reagan se instaló en la Casa Blanca, cuando el país todavía estaba atravesando las penurias del “síndrome de Vietnam”, humillada además por la toma de su Embajada en Teherán: 63 diplomáticos y 3 ciudadanos norteamericanos fueron puestos en libertad tras 444 días en cautiverio, el 20 de enero de 1981, día, en que Reagan asumió el cargo del presidente. Era una maniobra brillante del equipo de Reagan, que persuadió a los iraníes a que esperaran con la liberación hasta que se marchara el anterior presidente Jimmy Carter.

    Era de verdad el Gran Comunicador: al intervenir en la televisión o en la radio no se percibía como presidente, sino como un señor mayor y bondadoso, uno del vecindario que siempre disponía de una sonrisa y de compasión y consuelo para quienes lo necesitaran.

    En nuestro siglo mediático Reagan fue el primero en darse cuenta de que el saber posicionarse, bromear y hablar con la gente de manera simple y clara eran las cualidades que le compensarían a un presidente todos aquellos rasgos de los que carecía. Una particularidad de su presidencia, por lo tanto, llegaron a ser sus discursos bien aprendidos- gracias a la impecable memoria del actor -y con la justa dosis de chistes y anécdotas. La suya fue una presidencia a través de la retórica. Tras haber vivido una buena parte de su vida en los rodajes, ante luces, micrófonos y cámaras, Reagan sabía a la perfección cómo cambiaban la imagen de uno, multiplicando o reduciendo a la nada sus defectos y sus lados fuertes.

    Es por ello por lo que, con suma ligereza, conseguía hacer lo que otros políticos tenían difícil. Sus opiniones eran patriarcales y primitivas a más no poder, pero que eran muy claras. Se le entendía de maravilla y su optimismo se contagiaba al instante. Y pudo hacer que su país creyera que estaba en el mejor de sus momentos.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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