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    Las mujeres toman la palabra: La Era de la Distracción

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    ¿Estamos en camino de convertirnos en androides multitareas? Algunos de nosotros ya lo son.

    ¿Estamos en camino de convertirnos en androides multitareas? Algunos de nosotros ya lo son.

    Hace poco compartí una cena con una buena amiga mía a la que no había visto desde hace tiempo. Estábamos dos en el restaurante, pero parecía que éramos al menos cinco: mi amiga, su iPhone, su Blackberry, mi smartphone y yo. Nosotras dos podríamos sustituir una redacción: llamadas, cartas y mensajes llegaban sin cesar. Y aunque teníamos que responder algunos de ellos, logramos mantener la conversación.

    A lo largo de la noche recibimos actualizaciones sobre atascos y nevadas en Moscú, las últimas noticias y el pronóstico meteorológico para los próximos días. A ninguna de nosotras nos molestó la constante distracción, ambas estábamos felices de poder vernos personalmente en vez de la habitual charla por correo electrónico o en el Skype.

    Tengo un amigo, talentoso reportero de televisión cuya capacidad para discursos cortos a veces me parece inquietante, incluso tengo la sospecha de que un día los extraterrestres le insertaron un microchip multitarea en su cerebro mientras dormía. Cuando está mirando una película, con frecuencia en lengua extranjera, tiene encendidas dos de sus computadoras portátiles con numerosas ventanas abiertas. Mi amigo sin problema sigue el argumento del filme, responde a las cartas electrónicas, charla por Internet, envía mensajes en Twitter, busca el elenco de la película en imdb.com, renueva su estatuto en Facebook y observa la lista de novedades en otra computadora, y todo eso simultáneamente. Parece estar pendiente de todo.

    ¿De verdad lo estará? ¿O será que mi amigo es un típico representante de lo que ciertos expertos denominan la Generación de la Distracción, que es simplemente incapaz de concentrarse?

    En su nuevo libro, Cerebro Digital – Sobrevivir a la alteración tecnológica de la mente moderna (iBrain: Surviving the technological Alteration of the Modern Mind), el importante neurocientífico estadounidense Gary Small advierte que debido a la presencia de dispositivos digitales en nuestra vida las 24 horas al día los 7 días a la semana, nuestros hábitos de percepción y pensamiento cambian drásticamente.

    Aunque la navegación multitarea por Internet puede contribuir a la creatividad, entrenar la memoria, aumentar el procesamiento de la información y hábitos para decisiones rápidas, no obstante, afecta a nuestro pensamiento crítico, reduce la amplitud de la atención y nos hace socialmente superficiales en la vida real. Poco a poco, sin notarlo, corremos el riesgo de hacernos menos capaces para opiniones y juicios profundos ya que solemos conocer las noticias desde fuentes digitales en vez de periódicos a los que solíamos suscribirnos hace años.

    Las investigaciones revelan que cuanto más tiempo pasamos hablando ante la pantalla del ordenador, menos activos nos hacemos en la comunicación personal.

    Según un estudio de la Universidad de Stanford, cada hora en línea reduce a 30 minutos el tiempo que tenemos para salir y encontrarnos con las personas en vivo. Y cuando interaccionamos cara a cara, podemos fallar en captar y ver gestos o expresiones poco perceptibles, justo como androides superinteligentes que hablan bien un lenguaje impersonal, siempre hambrientos de información y mentalmente superficiales…

    Los neurocientíficos de Oxford afirman que la adicción a la búsqueda de atención y placer instantáneo, provocada por las redes sociales, “infantiliza el cerebro al nivel del niño pequeño”.

    Algo de eso me suena familiar. Aunque las mujeres somos multitareas de nacimiento (preparar la sopa, charlar por teléfono con una amiga, ponerse maquillaje y buscar un buen vídeo en YouTube, ¿Todo a la vez? ¡Con facilidad!), cuanto más indispensable se hace la computadora y otros dispositivos de alta tecnología en mi vida, tanto menos soy capaz de concentrarme.

    Tengo miedo de que pueda perder la habilidad de leer con meditación, no recuerdo la última vez que me senté en casa a leer un buen libro. Lo hago sólo cuando viajo, el avión sin acceso al celular es un ambiente ideal para perderme en un libro sin distraerme del proceso. Yo sé que no soy única.

    Yekaterina Ignatova, psicoterapeuta que ahora está trabajando en un libro, me confesó que cuando está escribiendo, cada 15 minutos abre su correo electrónico, Facebook y las cuentas de otras redes sociales. “Antes de abrir el Facebook varias veces me dirijo hacia la nevera o me tomo un cigarrillo”, dijo. “Es cierta dilación a la que todos nosotros somos propensos a veces. Pero cuando el Facebook se convierte en un sustituto de las relaciones reales o un modo de escapar de uno mismo, es un síntoma alarmante”.

    Es interesante que según ciertas investigaciones, los emoticones tipo caras con sonrisas y otras expresiones virtuales de amor y cariño estimulan las mismas áreas del cerebro que el contacto frente a frente. Tengo que reconocer que los uso con frecuencia mientras me comunico en línea, pero jamás cambiaría una cita real por la más agradable charla en el Skype.

    Todavía recuerdo la época cuando los chicos me llamaban a casa para hablar conmigo, no había otro modo de ponerse en contacto con las chicas. Fue hace muchos años y en aquel entonces yo vivía con mis padres así que los chicos tenían que presentarse y decir cuando volverían a llamar.

    Llámenme anticuada, pero aquellos tiempos los echo un poco de menos.

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    *Svetlana Kolchik es directora adjunta de la edición rusa de la revista Marie Claire. Se graduó de la Universidad Estatal de Moscú, facultad de Periodismo, y la Universidad de Columbia, Escuela de Estudios Avanzados de Periodismo, colaboró para el diario Argumenti I Fakti en Moscú y el USA Today en Washington, con RussiaProfile.org, ediciones rusas de Vogue, Forbes y otras.


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