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    Divorcio a la sudanesa

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    Referéndum sobre la independencia de Sudán del Sur (26)
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    El sur de Sudán, el país más grande del continente africano, empezará en breve el proceso de separación de la parte norte del país, mediante la celebración de un referendo de secesión, entre el 9 y el 15 de enero de 2011.

    El sur de Sudán, el país más grande del continente africano, empezará en breve el proceso de separación de la parte norte del país, mediante la celebración de un referendo de  secesión,  entre el 9 y el 15 de enero de 2011.

    Todo parece indicar que la convivencia entre los habitantes de las regiones del norte, en su mayoría musulmanes, y sus vecinos del sur del país, principalmente cristianos, se ha hecho imposible hasta tal punto, que se da por seguro que los votantes se pronunciarán a favor de la escisión.

    Eso significa que a mediados de febrero, (se asignaron 30 días para el escrutinio), en el noreste de África aparecerá un nuevo Estado, que  figurará en la lista de la ONU con el número 193 y tendrá un territorio equivalente a Francia o dos veces el territorio del Reino Unido junto con Luxemburgo.
    El nuevo Estado contará con 8 millones de habitantes, el 90% de los cuales subsisten con 1 dólar al día. En el continente hay países más pobres, pero no son tan grandes y el interrogante que ahora se plantea es: ¿habrá estabilidad en este rincón de África?

    ¿Es posible un futuro brillante para el continente africano?

    Los egipcios llamaron a este país con el nombre de Nubia y los árabes le dieron su nombre actual, “bilad Al-Sudan”, que literalmente quiere decir, “la tierra de los negros”, y si todo sigue de acuerdo al guión previsto por el Acuerdo de paz de 2005, es decir, que al menos el 60% del electorado participe en la votación y que más del 50% de ellos vote “sí”, en la capital de Sudán del Sur, en la ciudad de Juba, habrá una celebración por todo lo alto.

    Ya se sabe que el presidente del nuevo país será Salva Kiir Mayardit de la etnia Dinka, la más numerosa de la región, y el vice-presidente, Riek Machar de la etnia Nuer. Durante la guerra civil los dos eran “generales” de sus propios ejércitos y a lo largo de los últimos 5 años de autonomía se dedicaron a repartir las riquezas de la región.

    El petróleo y el gas son las dos principales riquezas naturales de Sudán, tanto del Norte, como del Sur, y ese ingente capital supone su futuro y también su perdición.

    Rara vez en África los conflictos étnicos, tribales y religiosos han tenido un final feliz. Y sobre todo allí, donde sólo hay petróleo y ninguna otra riqueza para repartir y convertir en dinero.

    Teniendo en cuenta las cortas pausas y que la guerra civil en Sudán comenzó con la proclamación de la independencia en 1956, sería ingenuo suponer que una vez consumado el proceso de separación no volverán a avivarse las rencillas, las peleas y las masacres, que ahora seguramente se producirán en los nuevos territorios.

    Una guerra entre el Sudán del Sur y el Sudán  del Norte es poco probable, ya que ambas partes quedaron agotadas después del anterior período de derramamiento de sangre. Sin embargo, es muy probable nuevos “ajustes de cuentas” entre clanes y tribus en cada bando.

    La Guerra Fría por el “oro negro”

    De acuerdo con estimaciones de expertos, las reservas de petróleo en Sudán ascienden a unos 6.700 millones de barriles, y no se dispone de datos más exactos a causa de las ininterrumpidas guerras civiles que han devastado el país.
    Puede haber grandes reservas de “oro negro” en las zonas del noroeste y del este del país, así como en la plataforma continental del mar Rojo. Actualmente Sudán extrae cerca de 450.000 barriles anuales, cifra que con el uso de tecnologías modernas podría aumentar hasta los 700.000 ó 900.000 barriles al año.

    El último período de guerra que duró 22 años (1983-2005) se cobró la vida de casi 2 millones de personas y otros 2 millones se convirtieron en refugiados.

    Sudán fue el país que amplió el concepto de genocidio con “la masacre de Darfur”. Las organizaciones internacionales aseguran que en 2003 las tropas leales al régimen del presidente Omar al-Bashir exterminaron entre 200.000 y 300.000 personas; el mismo al-Bashir reconoce “tan sólo” de 20.000-30.000 muertos.

    En marzo de 2009, la Corte Penal Internacional declaró a Omar al-Bashir culpable del genocidio en Darfur y emitió una orden de arresto en su contra, apoyado por Estados Unidos, Reino Unido y Francia. La decisión no recibió el respaldo de Rusia, China, la India, la Liga de los Estados Árabes y algunos países más.

    Ya que el principio de que el “enemigo de mi enemigo es mi amigo” sigue en pie, no es difícil establecer cuales países serán considerados por Sudán del Sur como países amigos, y bienvenidos en las celebraciones con motivo de la independencia, y qué países  no tanto.

    Los chinos, siempre tan sabios, pudieron asegurarse un lugar especial también en Sudán. Pekín tiene relaciones excelentes con Jartum y con Juba de tal manera, que son bien recibidos por las dos partes del país.

    Sin prestar mucha atención a la guerra civil o a la falta de estabilidad, China invirtió  recursos colosales en la creación de infraestructuras, construyendo carreteras y tuberías, hospitales y colegios, guarderías, estadios y comercios en el territorio sudanés.
    En los últimos 15 años las inversiones chinas en Sudán ascendieron a unos 15.000 millones de dólares. Y los yacimientos abandonados por la petrolera estadounidense Chevron, que fue la primera en descubrir petróleo en el país, fueron ocupados inmediatamente por la Compañía Nacional del Petróleo de China (CNPC).

    Hace unos 12 años la presencia china en Sudán era insignificante y ahora el 50% de las exportaciones sudanesas van dirigidas a China. La participación de China en los cuatro consorcios petroleros que están realizando extracciones en el norte y sur del país oscila entre el 40%-47% y el 95%.

    Ya funcionan oleoductos que conectan los pozos de las regiones sureñas con el puerto petrolero Port Sudán desde donde se despacha para China entre el 65% y el 80% de la extracción diaria del petróleo. Así que China no permitirá a nadie ocupar el sitio que le pertenece en Sudán

    Rusia se lleva bien sólo con el Sudán del Norte

    Rusia mantiene buenas relaciones con Sudán del Norte y personalmente con su presidente al Bashir, que en 2009 le prometió a Moscú una estrecha amistad y la realización de un sinnúmero de proyectos en las esferas petrolera y energética. Sin embargo, la cosa no fue más allá de las meras declaraciones.

    Lo único en común que tenemos con Sudán del Norte son los jóvenes sudaneses que cursan estudios en Rusia y buscan quedarse en el país a cualquier precio.

    Rusia apenas podrá recibir acceso al petróleo sudanés, apartando a China, la India y Malasia (el segundo y el tercer país por los volúmenes de extracción). Y con la llegada al sur de Sudán de empresas estadounidenses, inglesas y francesas, para las petroleras rusas será muy difícil competir.
    EEUU ya anunció planes de importar para 2015 una cuarta parte del petróleo que necesita desde África, siendo Sudán una de las fuentes de estas importaciones.

    Por su parte, Rusia no se ha planteado seriamente introducirse en el sector petrolero sudanés, dado que las empresas rusas prefieren “petrodólares más rápidos y fáciles” y no tanto el “Dorado petrolero de Sudán”.
    China sí que necesita a Sudán para diversificar sus suministros de petróleo y garantizar su propia seguridad energética.

    El referéndum es esperado con cierta impaciencia por aquellas zonas del continente africano y del mundo árabe donde existe el más mínimo foco de separatismo que, dicho sea de paso, no deja de aparecer de vez en cuando en todos los continentes.
     A los árabes no les entusiasma la idea de la separación de un Estado en dos partes, una musulmana y otra cristiana, ni el hecho de que la primera con seguridad se sumergirá en lo más hondo del radicalismo islámico.

    El presidente Omar al Bashir ya declaró que en caso de la separación no tardará en fomentar el aspecto islámico del Estado y que implantará en su país la ley islámica de sharía. A nadie le gustaría tener al lado otro país islámico radical y, mucho menos, encabezado por un presidente que simpatiza abiertamente con “Al Qaeda”.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI.

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