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    Maniobras con portaaviones y otros ingredientes para una guerra en la Península de Corea

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    Mientras duren las maniobras navales de Estados y Unidos y Corea del Sur en el mar Amarillo, comenzadas el pasado domingo hasta el miércoles, en la Península de Corea puede estallar una guerra de consecuencias impredecibles.

    Mientras duren las maniobras navales de Estados y Unidos y Corea del Sur en el mar Amarillo, comenzadas el pasado domingo hasta el miércoles, en la Península de Corea puede estallar una guerra de consecuencias impredecibles.

    Por la parte estadounidense, en esas maniobras participa el portaaviones George Washington con 6.000 soldados y 75 aviones, y cuatro buques de apoyo.

    Y la Armada surcoreana dispone de una decena de buques entre destructores, fragatas y una flotilla de aviones antisubmarinos.

    Los ejercicios tienen lugar a 125 kilómetros al sur de la frontera marítima en disputa entre las dos Coreas, y a unos 40 kilómetros de la costa occidental coreana, frente a la ciudad norcoreana de Taean.

    Y no obstante la distancia,  el gobierno de Corea del Norte declaró que esas maniobras conducen la península de Corea al borde de la guerra y advirtió responder “sin clemencia” a cualquier amenaza contra su soberanía.

    Es decir, que en cualquier momento,  a causa de esas  maniobras, Corea del Norte puede emprender otro ataque de artillería como el que lanzó la semana pasada contra la isla surcoreana de Yeonpyeong.

    Entonces, Corea del Norte arrojó al menos 20 descargas de artillería contra la isla ocasionando la muerte de dos militares y dos civiles surcoreanos, además de daños a por lo menos medio centenar de edificaciones.

    Considerado el  incidente  armado más grave entre las dos Coreas en los últimos cincuenta años, ese ataque según Pyongyang, se produjo en respuesta a otras maniobras hechas por el Ejército surcoreano cerca a la frontera norcoreana.

    Por consiguiente, es de esperar que maniobras de mayor calibre con portaaviones produzcan en el gobierno norcoreano la suficiente irritación como para atacar más de una isla surcoreana con la apertura de hostilidades recíprocas en otros frentes.

    Fuentes oficiales estadounidenses afirman que las maniobras no tienen nada que ver con el incidente en Yeonpyeong ya que estaban planeadas desde hace mucho tiempo y que los ejercicios con prácticas de tiro real tienen un carácter defensivo y disuasivo de cara a Corea del Norte.

    Pero esos argumentos no tienen ninguna validez en Pyongyang, donde por lo visto, ya están muy nerviosos con tantas maniobras surcoreanas, y se preparan para lo peor ante la sospecha de que los ejercicios en el mar Amarillo pueden convertirse en un golpe de castigo por lo ocurrido en  Yeonpyeong.

    Sobre todo porque la mayor parte de la opinión pública surcoreana  exaltada al máximo, exige a sus autoridades militares vengar la muerte de sus compatriotas.

    La pompa y despliegue mediático de los funerales han caldeado peligrosamente los ánimos patrióticos surcoreanos y al Gobierno de Seúl no le queda otra opción que enarbolar la retórica bélica.

    Y comprometidas hasta el cuello, las autoridades de Corea del Norte no tienen otra salida que convocar a sus Fuerzas Armadas  y la población para defender la Patria.

    En circunstancias cuando la guerra es una perspectiva real, el inicio de las hostilidades depende de cualquier cosa,  una orden precipitada de los gobernantes, un error de interpretación de los militares o hasta una noticia falsa difundida por la prensa.

    Actualmente, Corea del Norte atraviesa un periodo complicado relacionado al probable traspaso de poder de Kim Jong-il a su hijo Kim Jong-un y esto multiplica las posibilidades de que Pyongyang emprenda decisiones irreflexivas.

    Y la reciente dimisión del ministro de Defensa surcoreano por falta de “coraje” tras la agresión norcoreana, puede impulsar a la élite castrense en Seúl a apostar por una guerra limitada ante  la perspectiva de una victoria fácil.

    Y aunque muchos expertos descartan una guerra total entre las dos Coreas, es muy elevada la posibilidad de que ocurran enfrentamientos armados de carácter local como el de Yeonpyeong.

    Los expertos afirman que esos enfrentamientos con muertos, heridos y daños materiales poco considerables apaciguarán los ánimos bélicos de las partes y con la mediación de intermediarios influyentes, permitirán la apertura  de  negociaciones para concertar la paz.

    Queda esperar el cumplimiento de esos pronósticos, menos graves que otros escenarios más sombríos, como la internacionalización del conflicto si se tiene en cuenta que EEUU es aliado de Seúl y China apoya al gobierno de Pyongyang.

    En circunstancias como estas, es un alivio pensar que a pesar de sus escarceos, Corea del Norte todavía no ha desarrollado en serio su arsenal nuclear porque entonces la situación en la península de Corea y el sudeste asiático sería mucho más sería que la que actualmente pintan.

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