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    Los secretos que puede revelar Víctor Bout a la justicia de EEUU

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    La reciente extradición del empresario ruso Víctor Bout de Tailandia a Estados Unidos tras más de dos años de pleitos con los tribunales tailandeses, cayó como un balde de agua fría en buena parte de la opinión pública rusa, solidaria con su compatriota en desgracia ante la justicia de Estados Unidos.

    La reciente extradición del empresario ruso Víctor Bout de Tailandia a Estados Unidos tras más de dos años de pleitos con los tribunales tailandeses, cayó como un balde de agua fría en buena parte de la opinión pública rusa, solidaria con su compatriota en desgracia ante la justicia de Estados Unidos.

    Según las autoridades estadounidenses, Bout es un peligroso traficante ilegal de armas, que confabuló para asesinar ciudadanos y funcionarios estadounidenses, y se manifestó dispuesto a vender misiles tierra-aire a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, organización guerillera considerada por EEUU como entidad terrorista.

    A juzgar por la prensa occidental, la gente decente del planeta debe estar muy contenta porque la implacable justicia estadoundiense tras una cacería de más de seis años, logró sentar en el banquillo al Señor de la Guerra o el Traficante de la Muerte, como identifica Bout la prensa.

    Antiguo oficial de la fuerza aéra soviética y como aseguran muchos expertos, agente  del GRU o servicio de inteligencia militar, Bout es más malo que Caín porque vendió toneladas de armas de la extinta URSS para encender conflictos en Angola, Congo Liberia, Ruanda, Sierra Leona y Sudán.

    Después de crear una flotilla de aviones de carga con sede en Liberia y oficinas de representación en Bélica, Bout trafico con armas en incluso estuvo implicado en el caso de un avión hasta rebozar de armas capturado por el entonces gobierno Talibán en la provincia Kandahar para las llamadas tropas del norte en el territorio de Afganistán.

    El astuto espía también  transportó carga de la ONU a paises africanos y fue contratado para transportar equipo logistico para el Pentágono y el ejército británico a Iraq y Afganistán.

    Expertos en el comercio ilegal de armas establecieron Bout en Líbano entregó al movimiento fundamentalista Hezbollah armas compradas por Irán para atacar Israel, y que en 2005 visitó Teherán, y 2006 en Líbano para conversaciones sobre la venta de armas a grupos terroristas inclusive a la temible red Al Qaeda.

    La peligrosidad de Bout sobrepasó todos los límites posibles porque aún estando entre rejas en una prisión de Bangkok, resultó de cierta forma implicado en el arresto de un avión Il-76 con 40 toneladas de armamento arrestado en el aeropuerto Don Muang cerca a Bangkok, el 11 de noviembre de 2009.

    Esas armas procedentes de Corea del Norte, supuestamente estaban destinadas para el movimiento “camisas rojas”, del Frente Unido para la Democracia Contra la Dictadura (UDD) principal fuerza de oposición en Tailandia que tiene en jaque al gobierno del primer ministro tailandés, Abhisit Vejjajjiva.

    Según la prensa tailandesa, el diputado del oficialista Partido Democrático Sirichoke Sopha durante una visita a la cárcel le propuso a Bout testificar en contra del depuesto presidente tailandés Thaksin Shinawatra, líder de la UDD y comprometerlo con el armamento incautado.

    Pero Bout rehusó cooperar argumentado que no tenia la menor idea sobre el cagamento de armas transportado por pilotos ciudadanos de Kazajstán, desaprovechado posiblemente, una de sus mejores oportunidades para evitar la extradicion a EEUU.

    Los que pasa es que el arresto de Bout por agentes de la Agencia Antidroga de EEUU (DEA) en un hotel de Bangkok, que se hicieron pasar como miembros de la FARC, le costó muchos problemas legales al gobierno tailandés.

    Durante los 24 meses de estudiar el caso, el gobierno tailandés enfangado en asuntos sobre la violación de los derechos humanos comprendió que la extradición del ruso tiene más que todo un trasfondo político, que penal o criminal.

    Tal vez por eso, el gobierno tailandés intentó sacar provecho político con Bout y con su ayuda, reforzar las acusaciones de que las “camisas rojas” preparan  una rebelión armada, y justificar los civiles muertos y heridos durante la dispersión de manifestantes y desalojo de las barricadas levantadas durante meses en Bangkok.

    Y como Bout no quiso participar en ese juego, el consejo de ministros tailandés aprobó la entrega de Bout a EEUU a pesar de la escasa solidez de las acusaciones expuestas por la parte estadounidense y el hecho de que la FARC no figura como organización terrorista en la legislación tailandesa.

    Para la tele audiencia mundial las medidas extremas de seguridad y la cobertura mediática que acompaño la extradición de Bout desde la cárcel a una base militar y su llegada a EEUU resultó tan o más emocionante que la película Lord of War, interpretada por el famoso Nicolas Cage.

    Como se supo posteriormente, durante el vuelo hacia EEUU funcionarios estadounidenses explicaron a Bout que el chaleco antibalas y el casco de militar que le pusieron durante el viaje fue para salvarle le vida porque para ciertas fuerzas en Rusia, él  ya es un hombre muerto.

    Citando declaraciones de Bout, los funcionarios le aconsejaron reconocer algunas de las acusaciones presentadas a cambio de beneficios sobre todo ante la perspectiva de que puede ser condenado a cadena perpetua.

    En EEUU predomina la opinión de que el proceso de Bout además de sus delitos revelará otros tantos crímenes horrendos perpetrados presuntamente por los servicios secretos rusos, incluso altos funcionarios del gobierno como el actual viceprimer ministro Igor Sechin, que de paso, es muy amigo del primer ministro ruso, Vladimir Putin.

    Según expertos citados por la prensa extranjera, la complicidad de Sechin con Bout quedó demostrada porque ambos estudiaron en el Instituto Militar de Idiomas Extranjeros de Moscú aunque esos expertos no precisan si ambos coincidieron en la misma facultad o si fueron o no compañeros de graduación.

    Y mientras que occidente crece la histeria de versiones sobre los largos tentáculos del Kremlin en todo lo malo que ocurre en el planeta, entre la misma proporción, en la opinión pública rusa aumenta la solidaridad hacia Bout y el desconcierto ante la negra desconfianza que inspira Rusia al otro lado del Atlántico.

    Los blogs y foros de rusos en Internet comentan con sarcasmo el supuesto riesgo de muerte de Bout, porque en Rusia hasta los escolares de segundaria saben que ningún ruso que sepa secretos de estado y mucho menos información que pueda comprometer a políticos influyentes, puede andar por el mundo sin ningún control de las “autoridades competentes” vendiendo escopetas.

    Muchos suponen que el plan contra Bout fue una operación encubierta de los servicios secretos estadounidenses para presentar al ruso vendiendo armas a la FARC, organización que goza de la simpatía del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que a su vez, le compró a Rusia armamento por varios miles de millones de dólares.

    Pero Bout nunca ha visitado Colombia, no ha cometido ningún delito en ese país  y los únicos emisarios de la FARC que conoce son los agentes de la DEA con los que conversó en el hotel de Bangkok donde lo capturaron.

    Y tampoco ha cometido ningún delito contra ciudadanos estadounidenses o su propiedad privada, asunto que para la legislación de EEUU vale tanto o más que la integridad de la población.

    La indignación de los rusos raya con la impotencia al no comprender por qué si Bout cometió delitos en países africanos, es  procesado por un juez estadounidense y no un magistrado africano o el menos, un tribunal  ruso ya que es ciudadano de Rusia, o cómo puede EEUU extender su jurisdicción a un país tan apartado como Tailandia únicamente con cartas y telegramas de cancillería.

    Para los rusos solidarios con Bout es un aliento sus propias declaraciones de que podrá demostrar su inocencia ante cualquier tribunal estadounidense que respete los procedimientos legales consignados en la legislación.

    El problema es que Bout pierda el optimismo, siga el consejo que le dieron los funcionarios y decida contar como suyos las confidencias que le proporcionen los fiscales.

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