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    Rusia estará presente en Lisboa para aclarar las cosas con la OTAN

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    Cumbre Rusia-OTAN en Lisboa (23)
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    El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev anunció recientemente que asistirá a la sesión del Consejo Rusia-OTAN el próximo 20 de noviembre en Lisboa, un día después de la clausura de la 22 Cumbre del bloque militar atlántico, que se perfila como crucial para la propia entidad y los 28 países miembros.

    El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, anunció recientemente que asistirá a la sesión del Consejo Rusia-OTAN el próximo 20 de noviembre en Lisboa, un día después de  la clausura de la 22 Cumbre del bloque militar atlántico, que se perfila como crucial para la propia entidad y los 28 países miembros.

    El anunció de Medvédev tuvo especial resonancia en Rusia porque la mayoría de los expertos pronosticaron que en vista de que Occidente no prestó interés a las propuestas de seguridad expuestas por el Kremlin, no valía la pena asistir a una cita sólo para confirmar que el Consejo Rusia-OTAN es un formato sin utilidad en absoluto.

    En noviembre de 2009, Medvédev anunció el proyecto de un nuevo tratado sobre la Seguridad en Europa destinado a consignar en la estructura del derecho internacional el principio de la indivisibilidad de la seguridad global.

    Es decir, establecer el principio jurídico universal de que ningún estado u organización internacional puede fortalecer su seguridad a costa de la seguridad de otros países u organizaciones.

    Pero la propuesta no despertó mucho entusiasmo en Estados Unidos, y esa disposición contagió al resto de sus aliados en la OTAN que optaron por ignorar de plano la idea formulada por el Kremlin.

    Porque si se atiende a la propuesta de Medvédev, la OTAN debe renunciar a sus planes de ampliación a costa de Georgia.
     Ucrania, otro candidato que estaba casi fijo, el pasado mes de febrero tuvo que ser borrado de la lista porque el nuevo y actual presidente ucraniano, Víctor Yanukóvich prefirió desmarcarse de los planes sobre el ingreso de su país al bloque atlántico para no deteriorar sus relaciones con Rusia.

    En general, la OTAN considera que la oferta de seguridad en Europa propuesta por Medvédev puede ser buena pero no vale la pena apoyarla sencillamente porque favorece más a Rusia que al resto de países europeos por separado y en conjunto.
       
    La opinión que prevalece en el Viejo Continente es que la seguridad de los 28 países debe correr por cuenta de la OTAN y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) a pesar de sus defectos.

    Incluso cuando cada vez es mayor el número de europeos que comprenden que la OTAN y la OSCE resultaron impotentes para evitar los callejones sin salida como los que quedaron  en los Balcanes con Kosovo, y en el Cáucaso tras  la guerra entre Rusia y Georgia, en agosto de 2008.

    Evidentemente las estructuras de seguridad europeas no contaron con los mecanismos suficientes para canalizar por las vías políticas las tendencias separatistas en Abjasia y Osetia del Sur que amenazaban la integridad territorial de Georgia.

    Y la OTAN como entidad militar, tampoco pudo defender la seguridad de la población suroseta cuando el ejército georgiano entró disparando con sus tanques y artillería para recuperar el control en la región separatista.
    Y lo mismo se puede decir de Kosovo, inicialmente con la población albanesa y después con las minorías serbias.

    Tal vez por eso, la cumbre la OTAN de Lisboa destinada a aprobar su nueva concepción estratégica sea tan importante para Europa porque en esa reunión deben aparecer los nuevos mecanismos para evitar otros “osetias del sur” o más “kosovos”.

    Y precisamente esa perspectiva fue la que animó al presidente Medvédev  a aceptar la invitación a Lisboa para hablar con una OTAN renovada sobre los asuntos afines y también sobre las diferencias donde ninguna de las partes está dispuesta a ceder.

    Por lo visto, Moscú mantendrá inamovible el reconocimiento de Osetia del Sur y Abjasia como nuevos estados independientes en la zona del Cáucaso cuya defensa asumió tras establecer relaciones diplomáticas y firmar acuerdos de seguridad.

    Al defender la integridad territorial de Georgia, OTAN excluirá cualquier alusión al reconocimiento de esas regiones y apoyará todas las propuestas de autonomía inaceptables para las nuevas repúblicas y Moscú.

    Pero esas divergencias de fondo al parecer tan importantes, no pueden entorpecer el dialogó entre la OTAN y Rusia sobre otros asuntos de aplicación práctica no menos urgentes y lo más importante, muy costosos.

    Como la situación en Afganistán, el principal dolor de cabeza para la OTAN  sobre todo después de EEUU decidiera que ya no es necesario continuar hasta la victoria final la guerra que emprendió hace nueve años contra la guerrilla Talibán.

    Si la cumbre de la OTAN celebrada el año pasado marcó el compromiso del bloque con la campaña en Afganistán, con debates sobre el envió de más tropas, la cumbre de Lisboa debe marcar el calendario sobre la retirada de las tropas atlánticas del país asiático.

    Y esa es la ocasión para hablar con Rusia sobre la posibilidad de utilizar su territorio, en especial su red ferroviaria para la evacuación de equipos e infraestructura bélica que en ningún caso se puede dejar en el territorio afgano.

    Otro asunto importante es el programa nuclear iraní en cuyo desenlace la participación de Rusia es clave, como confirmó el veto impuesto por el Kremlin a la venta de sistemas de defensa antiaérea  S-300, que reforzó las sanciones del Consejo de Seguridad contra Teherán.

    Otro asunto destacable será la propuesta de que Rusia participe en la creación del escudo europeo de defensa antimisiles, oferta que ha despertado muchos interrogantes en la sociedad rusa.

    Porque la mayoría de los rusos no pueden ni imaginarse desde qué país serán disparados los misiles que aniquilará el futuro paraguas de cohetes interceptores ruso-europeos.

    La opinión que prevalece en Rusia es que si Irán y Corea del Norte desatan una guerra, antes que los europeos los enemigos potenciales serán EEUU, y en el caso de Teherán EEUU e Israel.

    Y si de todas maneras comienzan las hostilidades, lanzar cohetes que pasen por París para que caigan a Washington y Tel Aviv sería un derroche injustificado.

    Algunos listos en la prensa rusa insinúan que el escudo antimisiles europeo es un cuento chino de los estrategas de la OTAN similar al que se inventó George W.Bush sobre las “armas de destrucción masiva de Sadam Hussein” para invadir Iraq.

    Porque si la cumbre de Lisboa proclama a Rusia "socio estratégico" de la OTAN,  el bloque militar que este año cumple 61 años se queda sin enemigo, y entonces, ya no tiene sentido la existencia de esa alianza.

     

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