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    El retorno del “gas pródigo” de Turkmenistán a Rusia

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    Las relaciones entre Rusia y Turkmenistán los últimos años distaban mucho de ser perfectas y precisamente por eso, la reciente visita del presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, a Ashjabad fue seguida con mucho interés en ambos países y en las capitales de Asia Central.

    Las relaciones entre Rusia y Turkmenistán los últimos años distaban mucho de ser perfectas y precisamente por eso, la reciente visita del  presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, a Ashjabad fue seguida con mucho interés en ambos países y en las capitales de Asia Central.

    Y los resultados superaron las expectativas porque líder turcomano, Gurbanguly Berdymujamedov, manifestó la disposición de su país de aumentar las exportaciones de gas a Rusia.

    La intriga, sin embargo, consiste en que semejante declaración parece contradecir la política emprendida por Turkmenistán de diversificar al máximo las rutas para sus exportaciones de gas.

    Aquí vale recordar que en 2009, Turkmenistán, el cuarto país del mundo en reservas de gas natural, finalizó la construcción de un gasoducto a China, y al mismo tiempo aumentó sus  suministros de gas a Irán.

    Turkmenistán participa también activamente en proyectos europeos encaminados a crear vías de transporte de hidrocarburos desde Asia Central hacia el Viejo Continente sin la participación de Rusia.

    A primera vista, la promesa del presidente turcomano podría parecer inesperada, pero sus palabras más que todo ilustran la postura de los nuevos “clientes” de Ashjabad que han resultado todavía más inflexibles que los compradores antiguos.

    China, por ejemplo, no acepta ninguna negociación en cuestión de precios: según datos extraoficiales, en el primer trimestre del año en curso pagó por el gas turcomano entre 120 y 140 dólares por cada 1.000 m3, mientras que Rusia lo compraba a 195 dólares, mientras que el precio del mercado mundial rondaba por  los 240 dólares. Como resultado, Rusia sólo le comprará este año a Turkmenistán 10.000 millones de m3.

    Tampoco es casual la aceleración de las obras para la  construcción del gasoducto turcomano “Este-Oeste” que podría funcionar en ambas direcciones, es decir, transportar el gas de los yacimientos del interior de Turkmenistán a su plataforma continental para seguir luego la ruta a través de los gasoductos del Caspio o mediante buques cisterna para gas licuado. Y, al mismo tiempo, ese gasoducto se podría usar para transportar el gas de los yacimientos de la plataforma continental a las fronteras orientales del país para ser luego enviado a consumidores asiáticos.

    Una aceleración tan demostrativa de las obras sólo puede significar la intención de Ashjabad  de apresurar a los europeos a que concluyan el proyecto del gasoducto “Nabucco” o se inventen otra manera para transportar gas por la ruta del Caspio. Se sobreentiende que, de lo contrario, “el gas turcomano acabará en China”.

    Por otra parte, Pekín deberá sopesar los riesgos que supone su intransigencia en cuestión de precios, teniendo en cuenta que por el gasoducto “Este-Oeste” el gas se puede trasegar a compradores más solventes como la UE.
    El principal objetivo de Turkmenistán es obligar a Europa, dominada por la “diversificación energética” a comprometerse a fondo. Y que los europeos no den ningún pasó atrás incluso si la mencionada diversificación por algo no funciona.

    Porque todos proyectos europeos, en primer lugar, “Nabucco” sin el gas turcomano seguirán siendo solamente un proyecto en el papel, porque sólo se podrá contar con el gas proveniente de Azerbaiyán que no puede cubrir las necesidades de todos los compradores.

    En consecuencia, ninguno de los tres proyectos europeos anunciados (Nabucco; TAP, Turkmenistán, Afganistán, Pakistán; y ITGI, Interconector, Turquía, Grecia, Italia,) tiene garantías seguras de poder contar con el gas azerbaiyano para poder funcionar.

    Y el esquema es muy simple: si no hay garantías de que habrá gas, no habrá compradores, lo que significa que no habrá préstamos para la construcción y por lo tanto, tampoco habrá ningún gasoducto.

    La Unión Europea tiene casi lista otra vía de tránsito a Turkmenistán a través de Azerbaiyán, Georgia y Turquía, pero en medio está el Mar Caspio. Y es allí donde empiezan los problemas.

    La empresa italiana  ENI ha presentado un proyecto de transporte del gas turcomano comprimido en barcos por el mar. En el mundo nunca se ha llevado a cabo un proyecto semejante, por lo que no se puede establecer con precisión la viabilidad  financiera ni los detalles técnicos.

    Se considera también la posibilidad de trazar un gasoducto por el fondo del Caspio. Sin embargo, los países de la región no han conseguido arreglar el asunto de la delimitación de las  fronteras marítimas y, en las condiciones actuales, falta la base jurídica para construir un gasoducto en una zona todavía no demarcada.
    La tentación, sin embargo, es muy grande y por lo tanto se intenta encontrar cualquier vía que permita justificar la construcción de esa tubería.
     El pasado verano se rumoreó que la Comisión Europea había elaborado un proyecto del documento que serviría de base para la firma de un acuerdo entre Azerbaiyán y Turkmenistán para la construcción conjunta del gasoducto por el Caspio.

    Se suponía que el proyecto se llevaría a cabo incluso en condiciones de los actuales contenciosos territoriales sin solucionar, y además, con la participación de otros países.

    No obstante, todo parece indicar que se trataba de un intento para sondear la reacción de Rusia que, por supuesto, en ningún caso puede ser positiva.

    En la actualidad se intenta promover otra vía posible, entre el yacimiento Azeri-Chirag-Giuneshli en la costa azerbaiyana donde ya existe un gasoducto de 200 km; y su prolongación hasta Turkmenistán para lo que falta un poco más de 200 km.
    Europa está considerando en serio el inicio de esa obra sin previo consentimiento de Rusia. Obviamente, se trataría de una flagrante violación del derecho internacional.

    Turkmenistán se empeña en que los europeos muevan sus fichas de un modo claro. Por ejemplo, Ashjabad ha intentado –prácticamente en vísperas de la visita de Medvedev- que Europa acepte su propuesta de comprar el gas en la misma frontera, dejando a los europeos el problema de su transporte hasta los centros de consumo.

    Estas salidas de tono pueden tener cierta repercusión pero difícilmente la UE  irá a un choque frontal con Rusia. Y es que, por otro lado, esos proyectos no son más que cientos de pájaros volando.

    Mientras que el pájaro en la mano que supone China es bastante escuálido, paga mal y además exige la explotación por sí misma de los nuevos yacimientos.

    Resulta que, de momento, la única posibilidad de las autoridades turcomanas para aumentar sus ingresos con la venta de su gas pasa por la mesa de negociaciones con Rusia, y de momento, Medvedev reaccionó con cautela a las propuestas de Berdymujamedov.

    La pelota, está pues en terreno ruso y su decisión dependerá  hasta qué punto Moscú considere oportuno valerse de las circunstancias que juegan a su favor. En realidad, la economía rusa, no necesita más gas natural. Pero en el futuro sí podría ser necesario, sobre todo si los precios europeos –que ahora caen- vuelven a subir.

    Además, las empresas rusas podrían participar en la explotación del gas en la misma Turkmenistán, para luego venderlo en China: es una jugada en la que difícilmente se ganará mucho dinero, pero podría servir para desplazar otro competidor potencial en el mercado europeo.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

    * Konstantín Símonov es Director General de la Fundación para la seguridad energética nacional de la Federación Rusa

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