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    Pablo Blanco

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    Rusia y la Unión Soviética. Hay algunos que dicen "qué pena que desapareció la Unión Soviética" pero según mi humilde opinión, la autentica pena es que alguna vez existiera. La Unión Soviética no fue sino otro sueño de imperio megalomaniático, similar al Tercer Reich. Este sueño consistía, al igual que el anterior, en anexionar como fuera el mayor número de territorios, bajo una misma ideología y un gobierno fuertemente centralizado. La consecuencia de la creación de este artificio fue por una parte que el centro del imperio, es decir Rusia, que ya era suficientemente grande, dependiese fuertemente de los Estados títeres periféricos y que al controlarse éstos casi por completo desde un punto alejado, se gobernaran de forma impopular, con poca inteligencia y en ocasiones teniendo que usarse el ejército, que también estaba tensionado por la diversidad de sus integrantes asimilados forzosamente.

    Hay que recordar a algunas personas cosas como la construcción del muro de Berlín, la cantidad de personas que fueron asesinadas cuando intentaban huir de la parte Soviética, la intervención militar en Polonia, el gobierno de Ciauciescu en Rumania, el fuerte militarismo...

    También pueden recordarse las desastrosas políticas Soviéticas en cuanto a agricultura, colectivización, la falta de inversión en consumo... Hay que recordar, además, el desabastecimiento, las tiendas con larguísimas colas y con las estanterías vacías, los pactos de Stalin con Hitler, cómo se produjo la anexión de Polonia y otros Estados y cómo quedaron las antiguas repúblicas que durante el comunismo se mantenían en un estado de subsistencia. Por otra parte se pasó de la época Zarista, en donde no se habían efectuado la reformas sociales que si se habían hecho en el resto de Europa, al estado Soviético y eso significó que el poder siguiera ejercitándose de una forma basada en la fuerza y sin que los ciudadanos tuvieran ningún mecanismo real de influir en la política del Estado.

    La era Soviética dejó a Rusia debilita, e impidió que se afrontaran reformas que seguramente la hubieran convertido en un país similar a la Alemania de hoy, aunque mucho más potente, seguramente los Estados Unidos serían poca cosa frente a lo que hubiera podido ser Rusia sin la era Soviética.

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