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    "No existe ningún método rápido, barato o militar para llevar la paz a lugares como Afganistán, Yemen e Irak", asegura el profesor de la Universidad de Harvard, Stephen M. Walt, en Foreign Policy.

    "Llegó la hora de cambiar el enfoque y comenzar con nuestro país", escribe el experto en su artículo.

    El periodista alega que los sucesos de los últimos años decepcionaron hasta a los partidarios más acérrimos del idealismo político (ideología política liderada por Woodrow Wilson). Según el autor, los tres últimos inquilinos de la Casa blanca seguían los ideales de Wilson haciendo de la propagación de la democracia un elemento imprescindible de la política exterior estadounidense. Aunque Barack Obama ha sido menos ferviente del idealismo que sus predecesores, contaba con "un montón de internacionalistas liberales apasionados" y apoyó abiertamente la transición política en Egipto, Libia, Yemen y otros países.

    En varios artículos que saldrán a la luz pronto, se señala que los intentos de difundir la democracia no terminaron como se esperaba.

    "Las historias exitosas, como la reciente caída de la dictadura militar en Birmania pueden ser balanceados con el número de fracasos palpables en Libia, Yemen, Irak, y el obvio retroceso en Turquía, Hungría, Rusia, Polonia y otros lugares, así como también el deterioro de las democracias en la UE y EEUU".

    Aunque el autor asegura que "un número mayoritario de democracias en el mundo favorecería a la humanidad" porque "las democracias son menos propensas a pelear entre sí", sin embargo, cuestiona las probabilidades reales de alcanzar esta meta.

    Bandera de EEUU
    © REUTERS / Rick Wilking
    Stephen M. Walt destaca el uso del poder militar como una de las razones del fracaso para imponer la democracia. Aunque la idea estadounidense de invadir, de derrocar al "tirano" y a su séquito, de escribir una nueva constitución, de celebrar elecciones y de dar un paso hacia una democracia "estable" siempre parece insensata, muchas personas inteligentes se dejan influenciar por esta idea, a pesar de la cantidad de personas en contra.
    "Primero, el orden exitoso social depende no solo de la constitución escrita o de elecciones, sino también de otras cosas. Muchos elementos sociales necesitaron de mucho tiempo para llegar a donde están hoy para funcionar bien y perdurar. Las democracias eficaces occidentales tardaron siglos, a menudo enfrentando procesos polémicos, hasta violentos", afirma el experto.

    "Segundo, el uso de la fuerza casi siempre desemboca en la resistencia violenta. El nacionalismo y otras formas de identidad local todavía son rasgos que caracterizan al mundo contemporáneo, y a la mayoría de las personas no les gusta la idea de seguir las órdenes de invasores bien armados". Además, el privar a ciertos grupos de su poder durante las reformas democráticas, suele desembocar en que tomen las armas y se opongan.

    "Para colmo, los invasores extranjeros en raras ocasiones pueden elegir a una persona para designar a los altos cargos".

    El experto está seguro que incluso las buenas intenciones de ayudar al nuevo gobierno desembocan en un aumento de la corrupción y la perversión de los políticos locales de manera impredecible.

    "Crear democracias en el extranjero es un proyecto grande de ingeniería social y esperar que las potencias en el exterior lo hagan de manera efectiva, es lo mismo que construir una central nuclear en una zona de terremoto. En ambos casos hay estar preparado para una catástrofe inminente".
    El politólogo también propone dos enfoques para promover la democracia.

    El primero es la democracia y da los ejemplos de la "Revolución de terciopelo", como también los casos de Filipinas y Corea del Sur cuando se usaban formas sutiles para alentar la transición. Él también recalca que en los casos parecidos apostaban por los métodos no militares, pero persistentes y duraderos, construyendo la democracia paulatinamente, gozando del apoyo social. "Lo segundo que podemos hacer es dar el ejemplo. Los ideales democráticos serán un ejemplo si el mundo va a creer que EEUU es un país justo, próspero, dinámico y tolerante y no un país donde reina la desigualdad, xenofobia y que cuenta con el mayor número de reos en el mundo", afirma el analista.

    Entre las causas que perjudican la imagen de EEUU destaca a Guantánamo, homicidios intencionales, el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional y la renuencia a exigir la responsabilidad de las personas poderosas por sus fechorías.

    "En pocas palabras, EEUU tendrá más éxito promoviendo democracia en otros países al alcanzar sus ideales en casa", concluye el autor.

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    Etiquetas:
    democracia, Universidad de Harvard, Stephen M. Walt, EEUU
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