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    Rusia se empeña en hundir el proyecto europeo Nabucco. Vedomosti / Kommersant

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    Rusia no escatima los esfuerzos para hundir el proyecto Nabucco y preservar su dominio en el mercado europeo del gas, escribe hoy la prensa local.

    A finales de la semana pasada, el grupo ruso Gazprom informó que el gasoducto South Stream, a construirse en el fondo del Mar Negro entre la costa rusa del Cáucaso y los Balcanes, con ramales hacia el sur y el centro de Europa, podrá transportar cada año 63 mil millones de metros cúbicos, el doble en relación con la capacidad prevista originalmente.

    Paralelamente, se anunció que Rusia y Turquía debatirán la construcción de un tercer ramal del gasoducto Blue Stream, para incrementar de 16 a 24 mil millones de metros cúbicos la capacidad de esta tubería que también atraviesa el Mar Negro.

    El ruso South Stream compite con el europeo Nabucco, otro proyecto para el transporte del gas centroasiático a Europa. Son dos rutas algo diferentes pero pretenden suministrar el mismo producto al mismo círculo de usuarios. Ambos proyectos llevan varios años en la fase de discusiones y pretenden granjearse la simpatía de los países socios. South Stream tiene la desventaja de ser un proyecto mucho más caro: incluso con la capacidad original, su coste se evaluaba en torno a 28 mil millones de dólares (incluida la construcción de un gasoducto en el Caspio que será indispensable para llenar esta tubería de exportación).

    Nabucco cuesta tres veces menos, aparte de que Europa ya revisó a la baja sus planes de importación del gas e insiste en diversificar sus fuentes. Hace tiempo que los europeos se empeñan en explicarle a Gazprom que no necesitan South Stream. Súmese a ello que el propio Gazprom carece de recursos para construir esta tubería, pues pierde ingresos a raíz de la crisis, y tampoco tiene fuentes fiables del gas para llenarla. Los contratos existentes le obligan a transportar a Europa, vía Ucrania, por lo menos 110.000 millones de metros cúbicos al año. Si se toman en cuenta los gasoductos existentes y el que Rusia planea construir en el fondo del Mar Báltico, Nord Stream, ya no queda materia prima para South Stream.

    Todo indica que Gazprom está dispuesto a invertir sumas astronómicas en un proyecto que nunca será rentable, únicamente para preservar su posición y su influencia política.

    Valeri Nésterov, de la inversora Troika Dialog, opina que los recientes anuncios tienen como objetivo "impresionar a Europa y minimizar la importancia del proyecto rival, Nabucco". Otro experto local, Mijaíl Korchemkin, de East European Gas Analysis, se ríe diciendo que "es hora de rebautizar Gazprom como Ministerio de Política Energética Exterior".

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