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    Un vacío de poder en Georgia perjudica tanto a Europa como a Rusia. Kommersant

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    La agudización de la lucha política en Georgia obligatoriamente plantea la pregunta: ¿Cuál de los escenarios posibles le conviene más a Rusia? Algunos opinan que a Moscú le conviene la pronta caída del gobierno de Mijail Saakashvili. Sin embargo, esto es un error, escribe en su edición de hoy el periódico ruso Kommersant.

    En la historia de la Georgia independiente no ha habido precedente alguno que testimonie una transferencia del poder mediante las urnas. Gracias a la "Revolución de las rosas" Mijail Saakashvili fue aupado en el poder, sustituyendo a Eduard Shevardnadze quien a su vez tomó las riendas del país tras el derrocamiento de Zviad Gamsajurdia. Actualmente, la oposición georgiana que sacude al régimen de Saakashvili aspira a utilizar la misma forma para tomar el poder.

    A diferencia del 2003, cuando el Kremlin influyó en la destitución de Shevardnadze, Moscú ahora no puede influir en el proceso de cambio de gobierno en Georgia. En ese entonces el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Igor Ivanov, viajó al Tbilisi para convencer a Shevardnadze que debía ceder el trono presidencial al nuevo líder. Rusia no puede hacer esto con Saakashvili, por lo que tendrá que seguir de cerca lo que acontece en ese país asiático a ver quien gana: ¿la oposición o Saakashvili?

    El presidente ruso Dmitri Medvédev declaró a nivel mundial que no quiere tener ningún trato con Saakashvili, pero un político no se puede permitir decir "quiero, no quiero", siendo consciente de lo que puede acarrear esta postura en situaciones delicadas. Mientras Saakashvili se encuentre en el poder, el ingreso de Georgia en la OTAN no debe preocupar; el país pierde atractivo para los inversionistas extranjeros, sobre todo, cuando se trata de proyectos de construcción de oleoductos evitando el territorio de Rusia. Pero a ésta ni a Europa les conviene que se dé un vacío de poder con un elemento de inestabilidad en Transcaucasia, que puede surgir en Georgia si se intenta llevar a cabo una "Revolución de terciopelo".

    Sin embargo, afirmar que Occidente "entregó" a Saakashvili sería trivial. Después de la agresión georgiana contra Osetia del Sur, a Saakashvili pueden hacerle serios reclamos, considerarlo el "tonto del paseo" y no invitarlo a los clubes occidentales, no obstante, el antigua principio "sí es un bastardo, pero es el nuestro" no ha caído en desuso.

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