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    La economía global se sume en la nueva Edad Media. Vedomosti

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    El nacionalismo económico y la desintegración podrían hacerse realidad a menos que los líderes mundiales acuerden un proyecto anticrisis común, por ejemplo, en la cumbre del G-20 prevista para el próximo mes de abril, escribe el diario ruso Vedomosti en su editorial de hoy.

    El periódico califica de "nueva Edad Media" la fragmentación de la economía global en varias economías regionales y señala que esta perspectiva dramática es más realista que nunca.

    El grado de coordinación internacional a nivel de política financiera tiende a disminuir, lo que conduce hacia "proteccionismo fragmentario" o "regionalismo financiero".

    Aumenta el proteccionismo en materia del comercio exterior: las investigaciones antidumping se han multiplicado en un 40% en cuestión de un año. Los Estados pertenecientes a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y los países no miembros restringen la importación y estimulan la exportación sin mirar unos a otros. El volumen del comercio global tiende a disminuir.

    La OMC constata el creciente proteccionismo pero no puede hacer nada con ello. Los economistas recuerdan a los Gobiernos que las medidas proteccionistas prolongaron la gran depresión económica de los años 30 en EEUU, reducen la eficiencia de los sectores protegidos y repercuten en los consumidores pero sus advertencias pasan desapercibidas. Además de prestar poco crédito a economistas, los Gobiernos desconfían unos de otros, lo mismo que los ciudadanos desconfían de las instituciones de la economía global.

    Hay una contradicción real entre lo global y lo nacional. Un Gobierno, a la hora de tomar ciertas decisiones anticrisis, piensa básicamente en el cómo serán acogidas por los electores. Curiosamente, la China comunista podría parecer estos días más liberal incluso que EEUU en plano económico, pues renuncia en público a la consigna "¡Comprad productos chinos!" A un régimen autoritario, quizás, le resulta más fácil asumir las nuevas reglas del juego internacionales y explicarlas a la población, o, para ser exactos, ni siquiera hacerlo.

     

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