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    Rusia sigue inflando gastos militares a costa de su clase media. Nezavisimaya Gazeta

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    El Gobierno ruso proclama la hegemonía de la clase media y la necesidad de protegerla contra los efectos de la crisis pero al mismo tiempo la somete a fuerte presión fiscal con tal de favorecer a los receptores más privilegiados de recursos presupuestarios, escribe hoy Nezavisimaya Gazeta.

    El primer ministro de Rusia, Vladímir Putin, en el reciente programa televisivo de respuestas en directo a las preguntas de sus conciudadanos, reconoció abiertamente que "hasta cierto grado es la política del Estado".

    Lo que se recauda de "personas de ingresos elevados o medianos, aquellas que pueden permitirse un coche y pagar la gasolina", ayuda muy poco a "desempleados, minusválidos, jubilados y militares" - contrariamente a lo que afirma el primer ministro - y favorece en primer término a bancos públicos y grupos industriales financieros que se consideran pilares del sistema.

    Todo ello, a pesar de que los ingresos del Estado ruso superaron sus gastos en un 50% en el período de enero-septiembre de 2008, y el superávit presupuestario excedió la cifra de 2,5 billones de rublos, o aproximadamente US$89.285 millones al tipo de cambio actual.

    El Gobierno ruso aumenta las asignaciones de ayuda a los pobres pero gasta aún más en cuerpos de seguridad. Para Defensa se reservan 1,27 de los nueve billones de rublos en el presupuesto de 2009. La mayor parte de este volumen irá destinada a la modernización del Ejército. Súmese a ello la subvención de 1,085 billones de rublos para Seguridad Nacional. Ambos renglones son líderes en cuanto al incremento del gasto: un 23,1% y un 30,1% por encima del año pasado, respectivamente.

    Derrochar en el ámbito de defensa las sumas que son equiparables a las de un período de preguerra es una decisión cuestionable, subraya el periódico, especialmente, en medio de una crisis y a falta de amenazas bélicas directas para Rusia. Máxime cuando el Estado lo hace a costa de amplios estratos de la población que poseen un coche. Sólo caben dos explicaciones posibles: o Rusia se prepara para una guerra que podría estallar en los próximos años, o sus funcionarios, preocupados exclusivamente por la prosperidad de la industria militar, simplemente se resisten a tomar en consideración los intereses de grandes mayorías populares.

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