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    Traslado de Karadzic a La Haya confirma que Rusia no debe extraditar a Lugovói. Izvestia

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    El traspaso del antiguo líder serbobosnio, Radovan Karadzic, al Tribunal de La Haya es un acto de humillación nacional para Serbia, señala hoy el diario moscovita Izvestia. Este caso, según el periódico, confirma que Rusia no debe de ninguna manera extraditar al ex oficial de seguridad y, actualmente, empresario y diputado Andrei Lugovói, a quien Londres cree implicado en la muerte de Alexandr Litvinenko.

     

    La entrega de Karadzic no se decretó porque la Justicia foránea tuviera un derecho incuestionable para juzgarlo, ni porque los jueces locales fuesen incapaces de discernir, si violó o no la Ley. Serbia lo extraditó a cambio de limosnas prometidas por Europa. Fue un trueque similar al que se practicaba en los antiguos mercados de esclavos, a pesar de que estamos ya en el siglo XXI.

    Lo ocurrido con Karadzic evoca a la mente la demanda británica de extradición en relación con Andrei Lugovói, por su presunta implicación en el asesinato del ex agente Alexandr Litvinenko. Lugovói, con su trayectoria resbaladiza, no inspira siquiera la mínima simpatía y su elección a Duma de Estado difícilmente honra a la asamblea legislativa de Rusia. Es probable que los rastros de polonio sean más convincentes que las declaraciones de los enemigos políticos de Karadzic. Y sin embargo, todas estas consideraciones son irrelevantes. Rusia no extradita a sus ciudadanos.

    No importa que  a Lugovói lo comparen con Ramón Mercader, el asesino de Trotsky. Lo importante aquí es su nacionalidad rusa. Y no es que el Estado deba cubrir a los criminales pero sí necesita juzgar por cuenta propia a sus ciudadanos. Cuando delega estas funciones, reconoce automáticamente su invalidez como Estado.

    Si renuncia a ejercer el poder judicial ¿por qué no cede también otros ramos? ¿Por qué no encarga la redacción de sus leyes a otras naciones? ¿Por qué no invita a ciudadanos extranjeros a que vengan para gobernar, como sucedió en el Báltico? ¿Por qué no contrata a oficiales de otros países para controlar el Ejército nacional, como hizo Georgia?

    Un Estado que actúa de esta manera, demuestra su incapacidad e inmadurez. Y queda relegado a una posición dependiente, de segunda categoría, para el futuro.

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