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    Rusia vetó resolución de la ONU sobre Zimbabwe porque interfiere en asuntos internos del país africano

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    Rusia y China impidieron aprobar sanciones contra Zimbabwe propuesta en el Consejo de Seguridad de la ONU porque la resolución supone una interferencia en los asuntos internos del país africano, escribió hoy el periódico ruso Kommersant.

    Rusia y China impidieron aprobar sanciones contra Zimbabwe propuesta en el Consejo de Seguridad de la ONU porque la resolución supone una interferencia en los asuntos internos del país africano, escribió hoy el periódico ruso Kommersant.

     

    El proyecto proponía sanciones por persecución a la oposición durante las recientes elecciones presidenciales que ganó en medio de escándalos de fraude el actual presidente Robert Mugabe.

     

    La resolución del Consejo de Seguridad que vetó Rusia, "constituye una injerencia en los asuntos internos de un Estado, lo que contradice la Carta de la ONU", afirmo Vitali Churkin, embajador de Rusia ante la ONU.

     

    El veto impuesto por Moscú y Pekín desató un escándalo sin precedentes: EEUU y Gran Bretaña acusaron a Rusia de no respetar los acuerdos de la cumbre del Jefes de Estado  del G-8 celebrada en Hokkaido.

     

    Churkin calificó de infundadas las acusaciones de que Moscú incumplió lo acordado en Hokkaido e interpretó a su manera la declaración sobre Zimbabwe aprobada en la reunión del G-8.

     

    Redactada por un grupo de países con EEUU a la cabeza, la resolución propuso rigurosas sanciones contra Zimbabwe, incluida la prohibición de suministrarle armas, la congelación de las cuentas bancarias de Mugabe y de otros 13 altos dirigentes del país y el negado de visados para sus viajes al exterior.

     

     El documento alegaba el Artículo VII de la Carta de la ONU, que autoriza emplear fuerza para cumplir una resolución del Consejo de Seguridad.

    Conscientes de que la aprobación de la resolución la podían vetar sólo los miembros del CS de mucho peso, tales como Moscú y Pekín, EEUU y sus aliados desarrollaron enérgicos esfuerzos para llegar a un acuerdo con los primeros.

     

     El primer ministro británico Gordon Brown hasta manifestó, al regresar de Hokkaido el pasado jueves, que Moscú había aceptado apoyar las sanciones.

    No obstante, la parte rusa el jueves mismo notificó que no respaldaría la resolución.

     

     Los miembros del Consejo de Seguridad, si no logran eliminar las divergencias que surgen entre ellos, someten a votación el respectivo documento. Lo de recurrir al veto significa que las posiciones de las partes divergen en tal grado que ellas prefieren hacerlas del dominio público.

     

    Y un veto doble es un caso que se da rara vez. Moscú y Pekín lo hicieron en tercera ocasión solamente en toda la historia de la ONU. Anteriormente, procedieron así en 2007, al votarse una resolución para Myanmar y en 1972, otra para Oriente Próximo.

     

    Tras fracasar la aprobación de la resolución sobre Zimbabwe, en el Consejo de Seguridad estalló un ruidoso escándalo. A pesar de que se trató de un doble veto, las principales acusaciones llovieron sobre Moscú.

     

    Se afirmó que Rusia, junto con otros miembros del G-8, en Hokkaido firmó la declaración que contiene la promesa de adoptar medidas de carácter financiero contra el régimen de Mugabe.

     

     Según Gran Bretaña, fue precisamente Rusia la que torpedeó la aprobación de la resolución: si no fuera por el veto de Moscú, Pekín no se habría atrevido a decir un "No" en solitario, para no complicar las relaciones con la comunidad mundial en vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín (agosto).

     

     Al argumentar la postura de su país, Churkin, dijo que la declaración no dice nada del proceder del Consejo de Seguridad en tal contexto. "Rusia se basó precisamente en la declaración  aprobada por el G-8", subrayó.

     

    El rotativo, citando a otro experto de la ONU, indicó que Moscú simplemente no quería permitir la realización de una idea de EEUU, que quería sentar un precedente, basándose en el cual se podría amenazar con sanciones a nivel de la ONU a los países en que los resultados de las elecciones no le gusten a EEUU.

     

    Otra fuente cercana a Kommersant dijo que el precedente de Zimbabwe podía utilizarse para legalizar las "revoluciones de colores" con la ayuda del Consejo de Seguridad de la ONU.

     

     

     

     

     

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