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    La hegemonía liberal de EEUU vulnera los intereses de Rusia. Nezavisimaya Gazeta

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    Las relaciones entre EEUU y Rusia avanzan a un callejón sin salida y las "reservas de concordia" en dicha materia están tocando fondo, básicamente, debido a la lucha por una posición óptima en el sector energético global, constata Alexei Bogatúrov, subdirector del Instituto ruso para problemas de seguridad internacional, en un artículo que se publica el martes en Nezavisimaya Gazeta.

     

    Las posiciones de Rusia en este ámbito se han afianzado  de forma apreciable, mientras que EEUU ha perdido el dominio de antaño y se empeña en recuperarlo ahora. A lo largo de los últimos 15 años, las empresas energéticas estadounidenses han ido cediendo el terreno a las compañías de otros países, entre ellos, Rusia.

    Cinco de las siete mayores transnacionales energéticas de la década del 70 eran estadounidenses. Actualmente, EEUU ni siquiera está representado en la lista que incluye a la saudí Aramco, la rusa Gazprom, la china CNPC, la iraní NIOC, la venezolana PDVSA, la brasileña Petrobras y la malaya Petronas.

    La Administración de EEUU trata de enmendar esta situación usando su potencial de organización y su fuerza. Una potencia que pasa por ser la número uno se siente vulnerable en plano energético y experimenta calambres de inseguridad. El resto del mundo también sufre por culpa de esta neurosis.

    Washington se da cuenta de que el Oriente Medio está impregnado de ánimos anti-americanos. Empiece o no la guerra contra Irán, la situación en esta antigua despensa petrolera mundial seguirá siendo desfavorable para EEUU. De aquí, su intención de asegurarse una despensa alternativa en la región del Caspio. Acceder a los recursos de esta zona, afianzarse allí y construir las rutas para el transporte de recursos energéticos al margen de Rusia es el objetivo más importante de la política estadounidense. De hecho, EEUU va implementando un conjunto de medidas para construir, si se nos permite usar en este caso un lenguaje militar, un sistema de defensa fuertemente escalonada para lo que sus políticos quieren aprovechar en el próximo medio siglo como reserva estratégica de hidrocarburos para las economías occidentales.

    Washington piensa que la apuesta es demasiado alta y que de ella depende la supervivencia de toda la economía estadounidense en tanto que organismo transnacional. Lo que está en juego en realidad es el futuro del liderazgo global de EEUU, un  asunto de por sí importante. Sea como fuere, EEUU ha vuelto a la estrategia de altos riesgos y, al parecer, cree que cualquier riesgo es aceptable en el mundo contemporáneo. Pero la impunidad corrompe en grado igual o mayor que la omnipotencia. Paradójicamente, la "hegemonía liberal" de EEUU a escala global estimula el autoritarismo y las tendencias antiliberales al nivel de la política de Estados sueltos.

    Para los rusos, la amenaza consiste en el hecho de que Washington va involucrando a su país en esta escalada de riesgos y lo coloca en el contexto de la estrategia nacional de seguridad energética global. EEUU colabora con Rusia pero no confía en ella lo suficientemente como para aceptar la idea de que aquélla puede influir de una u otra manera en el acceso de EEUU a la reserva estratégica mundial de recursos energéticos.

    De aquí, una estrategia doble con respecto a Rusia. Se intenta crear por un lado un sistema de oleoductos y gasoductos al margen de Rusia y, por otro, las infraestructuras que puedan proyectar el poderío bélico estadounidense a las tuberías que atraviesan la parte europea de Rusia, del Este al Oeste. Falta poco para que los senadores más susceptibles en Washington sientan la necesidad de proclamar esta parte de Rusia como zona de intereses vitales de EEUU. No es de extrañar por tanto que la consecución de acuerdos sobre temas de seguridad con Washington se esté volviendo una tarea prácticamente imposible.

    El bullicio de pasiones mediáticas en torno a Georgia y Ucrania desvía la atención de cosas más desagradables. La hegemonía liberal de EEUU es un régimen internacional que Washington procura extender a las regiones ricas en petróleo y gas, así como a las rutas del transporte de hidrocarburos. Este régimen vulnera los intereses de Rusia en plano económico y de seguridad. La moderación recíproca es lo único que ayudaría a evitar un deterioro de la situación pero, en realidad, presenciamos la escalada de acciones unilaterales en ambas partes. Washington hace cuanto se le antoja. Rusia se prepara para seguir su ejemplo. Ya fue así en el pasado, antes de que viniera Mijaíl Gorbachov.

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