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    Bush y Putin no abrieron nuevos horizontes. Vedomosti.

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    La Declaración sobre el marco estratégico de las relaciones ruso-estadounidenses, adoptada en Sochi por Vladímir Putin y George W. Bush, constató que los principales problemas de la agenda bilateral - el despliegue del escudo antimisil de EEUU en Europa, la reducción de las armas estratégicas ofensivas y la ampliación de la OTAN - siguen sin resolver. En los ocho años de su labor conjunta, Bush y Putin no sobrepasaron el marco pero tampoco ofrecieron una perspectiva estratégica.

    En cierto sentido, lo anterior es perdonable en el caso de Bush. El 81% de la población estadounidense piensa que la situación en el país va empeorando constantemente, según indica un reciente sondeo realizado por The New York Times y CBS News. Otra encuesta, que el portal History News Network llevó a cabo entre historiadores profesionales, demuestra que el 98% califica como fracaso la presidencia de Bush. Pero a Rusia no le corresponde más que una parte de la política implementada por el actual mandatario de EEUU.

    Para los rusos, la rivalidad con EEUU es mucho más importante de lo que se ve a la inversa. Apenas el 2% de los estadounidenses interpreta a Rusia como amenaza, según Gallup. Notablemente más peligrosos les parecen Irán (25%), Iraq (21%), China (14%), Corea del Norte (9%), el propio EEUU (3%) y Afganistán (3%). Para los rusos, EEUU es el enemigo número uno.  El 24% de la población rusa, según se desprende de un estudio del Centro VTsIOM, cree que en los próximos 10 ó 15 años puede haber una relación de hostilidad con EEUU. Georgia es la segunda nación que se menciona en este contexto (19%) y está seguida por Gran Bretaña, Ucrania y los países del Báltico (cada cual, 7%).

    El vector de los comentarios dentro del país será positivo para Putin: la culpa, por supuesto, la tienen los enemigos que no han tomado en cuenta nuestros intereses ni han apreciado nuestras iniciativas. Pero ¿no sería más conveniente acaso, a la hora de perfilar la política propia, asumir que los enemigos van a prescindir de nuestros intereses y elaborar en función de ellos las propuestas?

    Claro que no podemos interpretar las reuniones entre los líderes de EEUU y Rusia exclusivamente en el plano de la conveniencia. En grado considerable, aquellas constituyen una tradición, un rito, una obra de teatro. Esta tradición se remonta a los tiempos de Gorbachov y Reagan y se desarrolló plenamente en la época de Yeltsin y Clinton. En esta obra, Bush y Putin jugaron los respectivos papeles de forma profesional pero no abrieron nuevos horizontes.

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